PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Volver

Navarro Ventura II, David (D.Novo)

¿De verdad no te acuerdas?



¿De verdad no te acuerdas?

– ¿De verdad no te acuerdas? – me concede.

– Si quedo con alguien aparezco... por eso no suelo hacerlo, acaba siendo muy obligado, je.

Sandra sonríe a su pesar. Saca un paquete de tabaco del bolsillo de la chaqueta, ahí dejada sobre una silla vecina, hace saltar fuera unos cigarrillos y elige uno (se le ve contento con su suerte, a punto de entrar en ella convertido en humo). Acerco una llama que flota sobre mi puño, un mechero rosa fuerte que no sabía que tenía. Ella aspira un gracias que ni llega a tomar cuerpo.

– la verdad es que me avisaste... pero yo que sé, pensaba que no hablabas en serio... – tira el humo despacio hasta no dejar nada dentro, la abertura justa entre los labios, me mira como viendo a través.

– [ ... ] – nada qué decir, la miro para que continúe.

– ibas bastante pedo, sí que es verdad... pero ¿en serio que lo olvidas todo?...   ¿siempre? – acerca el cigarro de nuevo, amaga primero como a punto de añadir algo, pero renuncia y aspira otra. Retiene el humo, lo deja ir. Desvía la cara para tirarlo a un lado, una sonrisa encogida en sus labios sólo espera el momento oportuno para dejarse ir.

– Namala.– dice.

– Nunca he estado en ese sitio.

– Anoche. Me dijiste que era la primera vez que ibas.

– Anoche estuve en casa fumando y bebiendo cerveza, poco más.

– Me lo contaste... y que luego no podías aburrirte más y decidiste salir un rato y acabaste yendo al Namala, porque nunca habías estado, pa ver qué era...  estabas apoyado en la barra bebiendo solo y te vi. Tú también me habrías visto porque me pareció que me mirabas, eso sí, rato disimulao tú... pero fijo que me habías visto.

Entonces me acerco, me apetece jugar. Voy y te suelto si me sigues o qué. Eso te descoloca de parte a parte. Lo noto por como apartas la mirada. Intentas que piense que no le das importancia, pero yo insisto 'si vas a ser mi sombra al menos podrías invitar a beber', 'no te sigo’ me dices, ‘me aburría en casa y ahora me aburro aquí. ¿qué bebes?'. Lo mal que finges desinterés me anima a seguir, 'whiskey con red bull' digo rápido. Te das la vuelta 'otra cerveza y un whiskey con red bull'. Billete de 20. Te pones a estirarlo encima de la barra, tu espalda toda pa mi. 'Gana tiempo' pienso. Me da por no dejarte, te tiro de la camisa...

– nunca llevo camisas. – corrijo.

– Te tiro de la ca-mi-se-ta, ¿así mejor?, te digo 'eh, no me des la espalda, las bebidas vienen solas'. Te giras, pero sin perder la barra. Me divierte verte tan fuera, mando yo. Sigo. '¿Sueles venir por aquí? nunca te había visto',  y tú 'es la primera vez que vengo, pero no sé si me había perdido mucho...', 'a mi' te digo. Te ries, pegas trago – al decirlo imita mi supuesto gesto ridículamente varonil –  'yo vengo todos los sábados’ te suelto, ‘a C no le gusta salir, pero no le importa que yo lo haga, así que aquí me vengo' ; '¿vienes sola?' me dices;  y yo, 'siempre conozco a éste o al de más allá y si no, pues conozco a alguien nuevo y arreglao' ;  y entonces vas y dices 'y yo, ¿sería alguien conocido o por conocer?', te vas soltando, los tragos ya muy seguidos, la botella por debajo de la mitad en nada. 'Conocido por conocer'  te digo así como intrigante, y tú, 'me llamo D, no sé si te lo había dicho' ;  'yo soy Sandra, encantada' te digo poniendo carita y me abalanzo con dos besos sobre tus mejillas, pero pasando cerca de los labios, me gusta pinchar y ver la reacción jaja. Me pareció que llevabas rato esperándolo y que lo de decirme tu nombre, sabiendo que yo ya lo sabía, fue en plan excusa total, que tío, ja.

Luego estuvimos hablando de un montón de cosas más, tonterías sobre todo, de la pinta de la gente, de algún penas ligando y chorradas del estilo. A todo esto venga a beber los dos, pagabas tú, yo siempre voy más que pelá jajajaja pero no estaba contigo por eso, eh, igual me las hubiera arreglao, siempre lo hago. No sé, me caíste simpático, estabas gracioso, menudos desvaríos, nos reímos mogollón. Te reías fuerte por cualquier tontería, más fuerte y más seguido a cada birra. Mucha cerveza, aunque tampoco se te notaba tanto. Te dije qué bebías mucho y me contestaste que no querías acordarte de nada al día siguiente, '¿tan malo?' te pregunto bastante mosqueada, pensando pa mi 'que borde el tío este, a ver por dónde me sale ara'. 'No por malo, no. Olvidarlo por bueno...' me sueltas, 'ara sí que no te entiendo' te digo; 'cambia bueno por tentador' aclaras ; me reí, 'ah, ya' y te miré como seductoramente, pero en broma, exagerando. Te pregunto si te asusta C; 'más bien me doy miedo yo mismo’ me dices, ‘no por C, ni le conozco... para mi es menos que un nombre... pero es que está R' ; y yo '¿R?' ; y tú 'mi novia' ; y yo 'vaya, vaya... ¿y dónde está R ahora?' ; y tú 'de fiesta con sus amigas'...

– de viaje. – interrumpo de nuevo.

– ¿qué?

– R... viaje de trabajo. – y le doy pie con un leve gesto del rostro a que siga.

– pues eso, 'de viaje de trabajo' me dices. No interrumpas, si no no acabo nunca. Sigo. 'Estaba de broma, creído' te suelto, 'no me gusta engañar a C, tengo mis tentaciones, no te digo que no, pero trato de llevarlas lo mejor que puedo' . Añado una mueca pa quitar hierro. Te hace gracia, te ríes... un poco pa dentro, pero te ríes lo mismo. Digo '¿qué? ¿qué tú no tienes o qué?... a ver a qué has venido, tu chica fuera currando y tú de borrachera, hablando con desconocidas' ; ahí te pillo porque despistas 'eres una lianta' me dices, pero me da que te callas otra cosa, es que me pareció que dudabas, que yo me fijo mucho en eso, en la cara de la gente cuando dice algo, cambia tó. Bueno, sigo. 'Si me llamas lianta y te quedas es que te estás dejando liar' te digo y cruzo los brazos con cara de ir ganando, los mofletes hinchaos, así, – y efectivamente me parece la perfecta expresión del ir ganando – pa que no pienses que estoy tonta jaja. 'Bien visto, debería irme entonces' contestas, ahí escapándote ; y yo 'que nooooo, que era broma' , es que me lo estaba pasando en grande viéndote tan liao, qué quieres que te diga jajaja. Pero ná. No hay manera de convencerte. Entonces te digo si vas para Burriana, tú que 'sí' – imita mi voz grave, nunca me ha hecho demasiada gracia esto, pero no se lo tengo en cuenta, es parte de la historia, le da realismo supongo – y yo que si me llevas, que vivimos supercerca, tú 'vale' – ahora pura maraña ronca su imitación – más serio aún.

Salimos sin decirnos nada, – continua Sandra mientras se concentra en apagar bien su cigarrillo contra la base del cenicero hasta no dejar ni una brasa, ni el mínimo hilo de humo, arrugando la cara cuando éste, en un agónico intento de venganza, casi consigue llegar hasta su nariz – tú vas delante, caminas rápido. Yo voy mirando a la gente tres pasos por detrás. Un chico me mira y le sonrío, seguro que piensa que mi 'novio', osea tú jaja, es un jilipollas desconsiderado. Eso me hace gracia, te alcanzo y me cojo de tu brazo. Te sueltas seco. Ya no te ríes nada.

Subimos en tu coche, enseguida pones la música a tope y ni una palabra hasta casa, ni una mirada de reojo ni ná de ná. Sólo la música y mirar fijo la carretera, como si te la fueran a quitar de delante al menor despiste. Entrando en el Escorredor me dices '¿dónde te dejo?' , y yo ‘en la esquina de la ferretería me va bien’, tú 'ok' , qué tonto ahí tan serio por nada, '¿estás enfadado?' te digo, y tú 'no' ; y yo 'puff' ; y tú 'que nooo' ; ‘¿y por qué te has quedado tan callado entonces?’ te tiro en cara ‘primero todo divertido y de repente zuuum ya no estás más' ; 'me pasa cuando bebo mucho, pero no estoy enfadado... en serio'  me dices, te esfuerzas, por poco una risa.

Llegamos y paras el coche, me miras, pero de compromiso, como esperando que baje y acabe todo. '¿Qué haces mañana?' te pregunto... no quería terminar así mal, raro... 'dormir' me sueltas, pa qué mentir, ya me esperaba algo del estilo, '¿y después?' yo ahí cabezona, jeje  y tú 'no sé ¿por?' ; y yo 'es que antes te he mentido. La verdad es que no salgo casi nunca, a C no le gusta demasiado. Lo que pasa es que se ha ido fuera todo el fin de semana, de fiesta, menudo pendón... la despedida de un amigo, pa verles... en fin, el caso es que no me apetecía quedarme sola en casa y por eso he salido y como mañana tampoco va a apetecerme... no sé, vaaaa ¿qué haces mañana?'  ; 'nada' me sueltas; y yo 'mentira, mañana te vienes conmigo a desayunar cerveza' ; y ahí es cuando me lo avisaste 'mañana cuando me despierte’ me dijiste ‘muy muy tarde, no voy a recordar nada de esto, así que no te esfuerces' ; y ya harta te digo muy seco 'bueno, vale haz lo que quieras... ya me las apañaré... desde luegooo....  pos mira, yo en cuanto me despierte, de aquí a un rato, me iré a alguna terraza de esas del final del Morro, que ahí siempre se está bien... mejor que solo en la cama' . Tú ni mu, ni bien ni mal. Luego 'adiós' ; 'adiós', portazo, arrancas. Fin. Ya ves, no pensaba que vendrías, como ibas a olvidarlo todo...

Espío en sus ojos hasta que punto cree lo que está diciendo, pero no saco nada en claro, Sandra sabe esconderse tras esa mirada tan directa, tan natural. Ojos grandes que te abarcan, cada cosa que averiguo de ella me deja un poco más lejos de lo que creí adivinar en un principio.

Entonces le digo por dejarlo claro.

– Ya te he dicho que no sé de qué me hablas. Anoche estuve solo en casa. Me quedé dormido en el sofá, me desperté frío y frío me fui a la cama. Fin. En cuanto a lo de venir aquí esta mañana no tengo muy claro el porqué, la verdad es que no suelo venir solo, pero ha sido del todo casual, eso seguro – es evidente que no puedo confesar que al cruzarse su coche conmigo en la avenida hace un rato, he dado media vuelta y me he pusto a seguirla, aunque después de todo puede que ella ya lo sepa.

– ¿Y prefieres esa verdad tan sosa a mi historia? – me dice con expresión ofendida.

– Lo siento, pensaba que hablabas en serio. Tu invención era por momentos tan real que hasta me hizo dudar.

– ¿Real? ¿pero qué dices? si me la estaba inventando sobre la marcha, según la cara que ponías tiraba por un sitio o por otro.

– ¿La cara que ponía?

– Sí, bueno, más o menos. A ver, si mirabas a la pareja aquella es que no iba bien y tanteaba hasta que volvías a mis ojos. Una vez ahí el objetivo era hacerte huir hasta mis manos o mis hombros, entonces sabía que estaba dando en el blanco y seguía apretando. Tampoco es tan difícil, basta con fijarse bien... los gestos siempre nos acaban delatando... hasta la manera en que estás sentado.

No puedo evitar retreparme inquieto en la silla, como si pensara así dejarla sin pistas o confundirla, ella sonríe sabiéndose con la sartén por el mango.

– Pero hay datos que no has podido adivinar sólo observando, por ejemplo que mi novia se llame R – digo por ver si saco algo en claro.

– Chico, no seas ingenuo, este pueblo es pequeño. Siempre se puede averiguar algo de alguien sin casi proponérselo. – argumenta ella con descaro.

– Ya veo, sin proponértelo, eh.

– Por así decir, además he dicho ‘casi’.

Lo cierto es que yo también había estado haciendo mis indagaciones sobre ella desde que su perra me asaltara hace unas semanas en la playa. Yo suelo ir a correr por allí, un día un perro se me abalanzó patas al pecho y detrás y entre carcajadas sin disimulo apareció ella. ‘Lo siento’, me dijo, ‘es que es joven y muy impulsiva’ y yo plan arisco ‘¿has probado a llevar la correa bien cogida?’ y ella ‘no sirve, ya lo he probado. Por cierto me llamo Sandra ¿y tú?’.

No es que averiguara gran cosa. Casualmente vivía cerca de casa, coincidimos varias veces en la verdulería y en el estanco. Otra vez en la ferretería de la esquina. Pero nunca cruzábamos más que las frases justas y más porque ella me sonsacava que porque yo le diera pie. A pesar de ello terminé por apreciar su descaro y hasta me alegraba un poco cuando me esperaba con la puerta del estanco sujeta y me cedía el paso, ‘deberías dejar de fumar’ me decía con sorna y yo ‘cuando tú lo consigas me dices cómo’ y entonces ella reía y decía ‘no te pases que te suelto a la perra’ y yo me quedaba sin nada que decir con media risa boba colgando de los labios fruto de su persistencia.

También supe que vivía con un tal C, que resultó ser amigo de un amigo, aunque yo no le había visto nunca y que trabajaba en una tienda de ropa y efectivamente tenía fama de historiera, algo mentirosa y descarada, pero nadie dijo tampoco nada muy malo sobre ella.

Por supuesto no le conté a R nada de lo sucedido y cuando salía con ella a dar una vuelta por Burriana siempre iba atento y en tensión, temiendo un posible encuentro. Ignoraba de qué podía ser capaz, ante todo Sandra me parecía una chica imprevisible y siendo bastante atractiva como era, seguro que R hubiera sacado conclusiones equivocadas. O quizá no tanto. Ni yo sabía muy bien en qué consistía esa relación. Puede que prefiriera no verlo.

Tampoco Sandra parecía saber a qué estaba jugando, pero no parecía preocuparle lo más mínimo. Sería que ella sólo jugaba y por eso no le daba ninguna importancia. El caso es que yo sí andaba algo confundido y cuando esta mañana al verla me he puesto a seguirla hasta esta terraza y le he dejado enredarme con su absurda historia, disfrutando secretamente cada una de sus imágenes como si de verdad hubieran ocurrido, deseando que hubieran sucedido tal cual ella me las descubría, me he dado cuenta de que había dejado de mirar la puerta entornada y había cruzado al otro lado sin saber dónde estaba entrando o siquiera si era allí donde quería estar, pero estando lo mismo.

Entonces una duda me asalta y de alguna manera creo saber que ahí está la clave de todo el asunto y que en función de su respuesta las cosas pueden quedarse como estaban o tomar un curso bien distinto, y antes de decidir si debo tratar de saber o mejor seguir ignorante demorando así mi futuro inmediato por ganar tiempo ante tanta incertidumbre repentina, me oigo pronunciar la pregunta y hasta puedo verla escrita en el aire, en supenso entre ambos, en medio de toda esta luz blanquecina de mediodía mediterráneo:

– ¿De verdad se te escapó el perro o lo soltaste a propósito?

De viaje



DE VIAJE

C en su habitación, parada frente a la cama. Mira las dos bolsas que ha preparado para el viaje. Repasa mentalmente su contenido, primero asegurándose de que los objetos que en otras ocasiones olvidara están, luego asociando cada actividad posible una vez allí con lo necesario para llevarla a cabo. Un poco como hacer un diario previo de su futuro más inmediato.

"Llego con lo puesto, damos una vuelta por la ciudad, de primera impresión, igual tomamos algo o directamente comemos, según la hora y las ganas, claro. Luego apartamento, puede que siesta (en bragas y camiseta, lo puesto aún). Allá a media tarde hacerse el ánimo, ducha (llevo mi champú, gel y toalla supongo que habrá allí, pasta y cepillo de dientes, tengo, desodorante también, las chancletas, sí;  cremas, mascarillas y demás da igual por dos días, la colonia está y también la plancha del pelo. Igual ni la utilizo, pero por si acaso, ocupa poco.

Ahí me pongo los vaqueros negros, los nuevos, con el cinturón blanco, el suéter verde de cuello y las converse que seguro que acabamos pateando más de la cuenta. El abrigo el mismo del viaje. Las bragas, sujetador y calcetines los grises mismo que le van bien al negro.

El plan en principio es merodear un poco, no sé si de tiendas, de cervezas o si preguntaremos en recepción si hay algo interesante para ver que no quede muy fuera de mano, la verdad es que, yo por lo menos, de Andorra sé bien poco, no sé estos, pero creo que tampoco tenían mucha idea.

Supongo que más tarde volveremos a arreglarnos, no sé si habrá mucha fiesta allí un viernes noche, pero es viaje de diversión, hay que salir, ya lo averiguaremos. Llevo el estuchito del maquillaje, no sé si me cambiaré o qué, depende de lo que hagan estos o del frío, del plan, no sé, ya veremos. Por si acaso he cogido la blusa blanca, el abrigo largo de piel negro y las botas marrones que no tienen mucho tacón. Los pantalones los mismos me sirven.

El sábado por la mañana no hemos pensado nada, dependerá de lo tarde o mal que termine el viernes, si nos levantamos a hacer lo que sea o si lo dejamos para la comida. Para el caso es lo mismo. Los vaqueros azules, la camiseta roja con la sudadera negra encima y las converse. Las bragas y el sujetador fucsia y los calcetines negros mismo. No sé quién dijo de ir a un Spa a tomar baños y relajarnos, he cogido el bañador verde pistacho por si acaso nos decidimos. Aunque no sé que se me haya podido a mi perder en un sitio de esos. Creo que no van conmigo. Pero bueno, si todos quieren, al fin y al cabo el viaje es más suyo que mío.

Para el sábado por la noche llevo la mini negra ceñida que ya son ganas de lucir con el frío que hará, pero me apetece que me miren. Llevo las medias gruesas, algo harán. Encima la camiseta negra con la espalda abierta, ya tenía ganas de estrenarla, el collar de bolas rojas con la pulsera a juego y la rebequita corta gris oscuro que no abriga mucho, pero me ciñe bien las tetas, ja.  Ropa interior negra aunque no creo que nadie vaya a verla, que pena.

El domingo ya sólo será el regreso, así que me apañaré combinando lo de otros días. Las bragas y el suje blancos y ya está, creo que no olvido nada. Ahora esperar a que llamen”.

Ha quedado que pasarán a recogerla sobre las 10 de la mañana, le harán una llamada perdida al móvil para que baje. A su amigo le tocó el viaje en un concurso radiofónico, no tenía con quien ir y se lo había propuesto a ella. Eran amigos desde hacía años y, por ejemplo, a ella era a la única persona a la que él le había confesado que le gustaban los hombres. Formaban una pareja extraña, muchos de sus amigos creían que entre ellos había algo más, C sabía que les unían secretos compartidos y cierta actitud descreída frente a la vida. A ella no es que le apeteciera gran cosa, ¿qué podía esperar de Andorra? ¿qué podría encontrar allí? De hecho primero rechazó la oferta para apuntarse a ultimísima hora. Anoche mismo. Necesitaba tomar distancia respecto a los últimos acontecimientos de su vida, darse unos día para desconectar y pensarlo bien o dejar de pensar en ello, pero desde lejos y Andorra eso sí lo tenía, estaba a una distancia suficiente. Luego se enteró que también iban una amiga y su novio que sí les apetecía el viaje, mejor así, más gente.

Miró el mail por hacer algo de tiempo y enseguida se arrepintió de haberlo hecho. Le había enviado un mensaje. Dudó si abrirlo o dejarlo para la vuelta o si borrarlo sin más, pero para eso necesitaba aclararse primero. Y demonios, ¿quién no lo hubiera leído? Decía:

“Por más que me esfuerce no consigo lamentar lo sucedido ni arrepentirme de nada. Si al final ocurrió, no puedo decir que no fuera de puro buscarlo, no tengo reproches al respecto, yo solo me lo busqué. Sólo espero que seas consciente de lo que hablamos, no quiero perder a N, no me hagas eso, por favor. Sé que no hice bien y que pedirte que olvides sin más es mucho egoísmo de mi parte, pero los dos lo supimos todo el tiempo o deberíamos al menos. Fue una vía muerta desde el mismo principio. Ya no va a suceder más, trataré de olvidarte y confío en que sepas ver tú también que es lo mejor para todos. Ese día te quise de verdad, pero el resto quiero a N, no tengo ninguna duda al respecto. Espero que puedas perdonarme, no seas dura conmigo, no te enfades. Un beso.” Y luego su inicial a modo de firma y fin, J.

Y eso era todo. Ya lo esperaba, no podía mentirse al respecto, pero aún así era duro pensarlo. Se había acostumbrado a pasar muchos ratos juntos, hablando de cualquier cosa. Ella trabajaba de camarera en un bar del puerto y él, que estaba viviendo alquilado dos puertas más arriba en la misma avenida, solía ir a tomar una cerveza después del trabajo, a veces también bajaba a comprar tabaco después de cenar y le hacía compañía hasta el cierre. Luego cuando el último cliente se iba o si veía que ya no iba a venir nadie, en invierno no había mucha gente por la zona, era más bien lugar de veraneo, bajaba la persiana, se liaban un porro y lo fumaban sin prisas, mientras hacía caja, recogía y limpiaba vasos o rellenaba cámaras.

J nunca le ocultó que tenía novia. Estaba en Burriana sólo temporalmente, mientras encontraba un trabajo más cerca de Barcelona, que era donde había vivido siempre, donde se había quedado su N. Además siempre hablaba de lo mucho que la quería y que la echaba de menos y eran constantes los N esto N aquello. Las cosas estaban como estaban y uno tenía que hacer lo que fuera para ganar dinero, es lo que le decía él cuando C le echaba en cara ‘cómo puede alguien vivir tan lejos de la persona que quiere, no estarás escapando sin saberlo’.

J no era muy hablador, pero a su manera era divertido, tenía esa mirada tan intrigante que nunca se sabía cierto qué andaba pensando. C en cambio no sabía estarse callada y disfrutaba pinchando a la gente, jugar con ellos y buscar la manera de provocar esa mirada se convirtió en toda una afición para ella. Pasaba siempre que le apretaba las tuercas. Le encantaba.

Y hace dos días sucedió ‘lo sucedido’.

Habían bajado la persiana de hacía rato y seguían hablando como si nada. Bueno, ella hablaba, él respondía y miraba, los dos reían. J liaba los porros y C corría a cargo de las cervezas. A las 3 de la madrugada J dijo que era tarde, C que si al día siguiente era fiesta y no trabajaban, qué más daba, si tenía sueño o qué. J que no, que no era sueño lo que le ‘entraba’ y entonces la mirada, más intrigante que nunca. Y C sin pensar, a veces hay que darle al cuerpo lo que pide, no se vive del aire y J que si me estás tirando los trastos o es que voy muy borracho y C, por dejarlo claro y zanjado, ¿quieres que esta noche duerma contigo?. Dormir después de… arrastra bajito y entre dientes. J la mira, sonríe y dice ‘vamos’.

Al día siguiente una sensación extraña flotando en el aire. La habitación regada de rectángulos de luz de persiana a medio cerrar. A ella le apetecía abrazarle y recomenzar a besos, se sentía tan cercana a él, le conocía y le gustaba y ahora era más consciente que nunca. Pero le notaba como ausente y al poco salió la evidencia a la superficie. Empezaron los largos monólogos, él que nunca abría la boca más de lo necesario. ‘Esto ha sido un error’ dijo y luego se dedicó a repetirlo de mil maneras distintas, enfocando el asunto desde otros tantos puntos de vista, pero la idea no variaba lo más mínimo, ‘esto había sido un gran error’. Y quizá fuera esto lo que más dolió, que lo lamentara tanto y tan al instante, como si hubiera sido algo horrible, fatídico. No que va, lo que más dolía era perderle justo cuando iba a empezar a tenerlo. Pero tenía razón J en eso, ya lo sabía desde el principio, sí, claro, esas cosas siempre se saben, pero también siempre se olvidan.

Y por olvidar que J ya debía su amor a otra persona y que nunca la dejaría por ella ahora tenía que olvidar algo más complicado. A J entero. Y para eso Andorra, para eso el frío y la distancia. Para eso cualquier cosa lejos de aquí, ya vería qué hacía al regreso.

Suena el móvil y la saca de sus cavilaciones. Baja de nuevo a tierra y luego baja a la calle, cargada con las bolsas y una risa puesta un poco de cualquier manera. El maletero abierto la espera, deja allí los bultos y sube al asiento del copiloto, aún tienen que ir a recoger a los tortolitos.

El viaje dura unas seis horas, paran un par de veces a mear y tomar algo, a estirar las piernas, y C trata todo el tiempo de mantener viva la conversación. El silencio trae a su mente imágenes de la otra noche, la del descalabro, la anhelada, la maldita… J se pasea desnudo y con descaro por cada rincón de su cráneo, se sienta como si nada sobre una ceja escarbando con la punta de su pie descalzo la maraña de sus pestañas. Hace como que va a darle un beso en la frente, pero sonríe, da media vuelta diciendo ‘no cometeré de nuevo el mismo error, ni lo sueñes’. Y entonces ella dice por ejemplo ‘¿visteis anoche el capítulo de Perdidos?’ y entonces flop y no más J y un poco de paz y olvido hasta el siguiente silencio.

Gerardo, su amigo, le dirá en un punto ‘se te ve animada, me alegro, anoche cuando hablamos parecías un poco de vuelta de todo’ y Antonio, el novio de su amiga, dirá por caer simpático ‘seguro que habrán sido tantas fiestas seguidas, el cuerpo tiene derecho a quejarse también’. C les dejará en el aire una elegante risa desganada con un gesto de ahorcarse con el cinturón de seguridad, que primero les deja en silencio para luego estallar en carcajadas. A C se le dan bien las muecas incluso cuando no tiene ganas para ellas. ‘Qué payasa’ concluirá Sandra y al rato están llegando a su destino.

La estancia responde al guión mental que C hiciera previo a la partida. Llegan después de comer, sobre las 4 de la tarde, toman unas cervezas en una Plaza del centro y buscan los apartamentos. Han alquilado 2, uno para la parejita, el otro lo compartirán los desparejados. Siesta, ducha, un rato de deambuleo, cena, copas y pronto a casa. Andorra no parece que tenga mucho que ofrecer en este sentido y están cansados del viaje.

El sábado se levantan a media mañana y se van a ver la ciudad, Antonio quiere ir a tiendas de electrodomésticos que aquí van tirados de precio. Se compra una cámara digital y varios aparatos más, todos seguramente igual de innecesarios porque Sandra no para de decirle ‘y eso para qué si tú nunca…’. Luego comen en un bar cualquiera, nadie está para derroches, bocadillos y cerveza. Y sí, al final sí quieren ir a tomar baños. C un poco de mala gana, pero tampoco puede ser tan malo ‘sí, llevo el bañador en la bolsa’ y allá que se van.

Los baños le producen una sensación desasosegante porque siempre que consigue relajarse siente que cae a un hondísimo abismo a una velocidad de vértigo y tiene que abrir los ojos para cerciorarse que flota entre barro o si un imperceptible movimiento de su brazo remueve el agua caliente cree que la acaricia J suavemente y le vuelve el sobresalto y da un respingo y Gerardo la está mirando riéndose y le suelta ‘te has quedado frita, ¿eh? No querías venir y eres la que más lo está disfrutando, sabía que te gustaría’.

Pero como todo acaba los baños terminan pasando y al rato están secos y vestidos en el bar del hotel, cenando otra vez cualquier cosa y decidiendo quedarse en el apartamento. A ninguno le apetece salir demasiado, no habrá mini pues ni espalda al aire y Antonio ha traído un poco de marihuana y mejor echarse unas risas que pasar frío, ¿no?.

Se hacen con unas latas de cerveza y suben para arriba. La cosa empieza bien y al rato ya están todos pasadísimos de rosca, diciendo estupideces, grabándose con el móvil, tirándose cosas, contando historias sobre conocidos y cosas así.

Gerardo es el primero en caer. Se queda dormido en uno de los extremos del sofá largo, la cabeza doblada de mala manera, Antonio le acerca la lengua a la oreja y pone cara de deseo, C le recrimina, ‘no seas imbécil, anda’. Y Antonio ‘ya le gustaría a él’. Y C ‘no creo que sea tu problema’. Y Antonio ‘no, para nada, lo prefiero, así tengo a las dos chicas para mi’ y se ríe fuerte, algo nervioso. Mira a Sandra. C también. Sandra ríe colocada ‘ya te gustaría, ¿eh?’ y Antonio ‘claro, ¿y a quién no?’ y Sandra a C ‘¿a ti también te gustaría?’ y C que no contesta, no sabe qué decir, pero deja media risa boba que parece querer decir ‘sí’. Y entonces Sandra ‘pues a mi me gustaría probarlo, mi hermana lo hizo una vez y me lo ha contado un millón, dice que se lo pasó genial’ y dicho esto se desata el sujetador y lo saca sin quitarse el sueter ‘que empiece la fiesta, mariquita el último en desnudarse’. Antonio se ríe más excitado aún que antes y cuando ve que C anda enredada con la sudadera en la cabeza y que Sandra ya tiene los pantalones a media pierna, empieza él mismo a quitarse la ropa a toda prisa. Se hace un pequeño lío con la camisa y el cinturón, pero entonces Sandra, que ya se ha deshecho de toda su ropa le sujeta de la hebilla y tira de él mirándole a los ojos y luego buscando con la mirada a C le acerca su presente y les dice ‘besaros vosotros primero’.

Antonio duda, pero es su propia novia quien empuja su cabeza y C es guapa y así de cerca y medio desnuda más aún, así que termina de recorrer la distancia, se pega a sus labios, las lenguas aparecen, C le sujeta por la nuca y le besa más fuerte aún, con toda la pasión de dos días antes, reviviéndolo, pasa a su cuello y con las manos busca, encuentra y deshace el enredo en la ropa de Antonio, se abre paso hacia su sexo y lo saca afuera agarrándolo fijamente, moviendo rítmicamente la mano arriba y abajo. Antonio en pleno éxtasis y cuando C empieza a descender del cuello al pecho y de ahí al ombligo Sandra la empuja ‘¡basta!’ grita, ‘¡joder, dejadlo ya! No tiene gracia’  y entonces Antonio desconcertado y frustrado en su deseo ‘pero si eras tú quién quería!’ y Sandra ‘¡pues ya no, esto es una mierda!’ y cuando Antonio alarga el brazo para detenerla en su huída ella se suelta bruscamente y deja en el aire un desafiante ‘¡no me toques, asqueroso!’. Y deja la habitación de un portazo. Antonio recoge la ropa del suelo y sale detrás sin mirar a C que se ha quedado observando el vacío, la cara absorta, la mano sujetando el aire tontamente.

Gerardo despierta con todo el alboroto ‘¿dónde están estos?’ entredentea entre sueños. ‘Se han ido a dormir, estaban cansados’ dice C, ‘yo también voy a acostarme, ¿te vienes conmigo a la cama, mi amor?’. Gerardo sonríe socarronamente adormilado y musita ‘que hija de puta eres’.

– No lo sabes tú bien, mi amor, no lo sabes tú bien.

Ya en la cama dormida, el cerebro frito de tanto humo, sueña a J llegando a Barcelona por vacaciones. Deja la maleta en el suelo para abrazar a N que ha ido a recogerle a la estación de trenes. ‘Que ganas tenía de verte’ dirán al unísono y reirán contentos la coincidencia, se fundirán en ese abrazo tan exclusivo, que la deja a ella fuera del todo, y se besarán con ansia de semanas y N le dirá ‘¿qué tal por Burriana? ¿cómo es aquello? ¿has conocido a mucha gente? ¿me echas de menos? ¿has buscado trabajo más cerca? ¿cuándo volverás?’ y J ‘es un pueblo pequeño, a 2 kilómetros del Mediterráneo, de clima agradable, muy tranquilo, demasiado tranquilo, no está mal, pero me faltas tú allí, no hay trabajo en ningún lado, volveré en cuanto pueda. Y no, no he conocido a nadie, me paso los días solo, leyendo o viendo la tele.’. N reirá satisfecha, pobre ignorante, y apretando el cuerpo de J bien adentro del suyo dirá ‘todo pasará tarde o temprano, ya verás, pronto volveremos a estar juntos, las cosas van a ir arreglándose poco a poco.’

Y entonces J ‘¿vamos?’ y al segundo estarán juntos en una cama que C desconoce, pero imagina lo mismo, J desnudo de nuevo, desnudando a N, que tampoco conoce, pero también visualiza y cuando la cosa esté por arder, C imaginará que es ella y no N quien yace bajo J y entonces ‘¡no me toques, asqueroso!’ y portazo y despierta en mitad de la mañana sentada en la cama de un apartamento andorrano, Gerardo hundido a su lado, la boca babeante, farfullando en sueños, mucho más apacibles que los de ella a juzgar por su expresión bobuna, y entonces lo ve claro, J tenía razón, aquello había sido un gran error, una vía muerta desde el mismo principio. FIN.

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de