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Carranza, Ricardo (Pata Negra)

Cerdo Ibérico



Cerdo Ibérico.

Por: Pata Negra

... a veces desearía ser un cerdo ibérico

para pastar libre en una dehesa verde esperanza.



[uno]

¡Comanda!

De primero dos ensaladas de carabinero.

De segundo un solomillo de buey poco hecho y un atún vuelta y vuelta.

De postre sorbete de limón y tiramisú.

¡Oído cocina!

¡Marchando esos primeros!

Necesito los segundos de la mesa cuatro, plancha.

¡Oído!

¡Comanda!

Dos menú ejecutivo.

Uno de los pistos sin huevo.

La tarta helada de limón la quieren sin nata. El señor es alérgico.

¡Oído!

¡Marchando esos menú!

Salen las dos ensaladas de la mesa siete.

Esa plancha está muy fría, estás cociendo el solomillo.

¿Qué pasa con el arroz caldoso de mariscos de la mesa uno?

Por favor, el arroz de la mesa uno. El señor se muere de hambre. Si en tres minutos no sale se va.

Necesito aperitivos, para tres, para dos y para seis.

¡Marchando!

¡Comanda! Mesa de diez.

Paella mixta para cinco.

Cuatro solomillos de cerdo con salsa de vino dulce, troceados.

Sale todo junto es para compartir.

¡Oído!

Los segundos de la cinco, por favor

¡Oído!

...

A veces, en medio del trasiego de la cocina del restaurante que me tiene secuestrado siete días a la semana, me imagino como un cerdo.

Pero no como uno cualquiera. Un cerdo ibérico de pata negra.

Paseando, tranquilo, en una inmensa dehesa.

Comiendo bellotas. Hierba fresca.

Recibiendo cuidados a todas horas. Trato digno de un rey.

Feliz, bien alimentado, sin hacer nada más que relajarme.

Tumbarme en los prados, contemplar el atardecer, percibir los aromas del campo...

Tener todo el tiempo disponible para la contemplación.

La meditación sería mi ejercicio diario, escuchando el silencio interrumpido por el cantar de los pájaros, por el vaivén de las hojas tocadas por el viento...



¿Qué pasa con esa paella? Llevan esperando treinta minutos.

¡Cocina, despierten!

Necesito los segundos de la mesa de la entrada.

¡Comanda!

¡Cuidado! Esas verduras se queman.

¡No! Esa es sal no azúcar...

¡El solomillo está crudo! Lo pidieron en su punto.

Necesito tres cremas de zanahoria ¡ya!

No hay más crema. ¡Cuidado! Baja la temperatura de la freidora.

¿Qué se quema en el horno? ...



Al terminar no hay fuerza para nada.

Sin embargo, resta limpiar la cocina, hacer los pedidos, organizar las comandas, planear el día siguiente.

Una cerveza en la barra del restaurante; luego a dormir.

Mañana lo mismo.

Todos las noches a Dios le pido que me ayude. Que me libere de este trabajo.

No creo que en sus planes esté el que yo pase mi vida como un esclavo ¿O sí?

Alguien me dijo "No te fíes, contempla la posibilidad de no caerle bien a Dios".

¿Será? Me quejaré demasiado.

No dejo de pensar. Doy vueltas a mi cabeza sin la armonía lúdica de un tiovivo; sí con su monotonía.

Mi conclusión: Todo es un gran plan maestro.



Somos imagen y semejanza de Él. Esa es la clave de todo.

Se trata de sufrimiento, de abnegación, de sacrificio...

Jesucristo murió clavado en una cruz, sufriendo, resignado al destino inminente. Sangraba, se quejaba, suplicaba... escuálido, desaliñado, con la barba crecida, a pesar del silencio recibió oídos sordos a sus reclamos.



¿Y si fuera un cerdo ibérico? Tendría que cambiar de religión. Ser católico no iría con mi estilo de vida.

Siempre he creído que los cerdos ibéricos de pata negra son budistas.

Se les nota al andar. Lo llevan a flor de piel.

[dos]

Ahora soy libre.

Un cerdo ibérico de pata negra.

Un día sí y el otro también, me alimento de bellotas, hierba fresca, agua limpia.

Me cuidan, me dan mimos, me quieren, les intereso, llevo vida propia de un humano siendo un cerdo.

He cambiado de clase social. De cocinero mileurista a miembro de la alta burguesía porcina.

Mi estilo de vida lo refleja. Un jardín de cientos de hectáreas para mi y unos cuantos compañeros más. Alimentación, digna de un gastrónomo sibarita. Aspecto pulcro, sano, rebosante...

Me visto diferente. He pasado de calzar suecos de cocina a mocasines de charol negro bien lustrados.

El estrés ha desaparecido al mismo tiempo que los cayos de mis manos.

Ya no duermo cinco horas al día. Ahora son ocho por la noche y dos en la siesta.

Una vida apropiada.

Me siento feliz, amado, apreciado, valorado.



Mis creencias religiosas ahora son otras.

Deje de rezar todas las noches al hombre moribundo de la cruz para seguir las enseñanzas de un nuevo hombre. Un santo.

Incluso en apariencia somos más parecidos. Sonrientes, gorditos, ecuánimes, tranquilos, contemplativos, reflexivos, limpios...

Sí, ahora Buda es dueño de mi devoción.

He dejado atrás una vida miserable, un trabajo repugnante, una religión patética.

Hoy practico una vida digna sin otra labor que la de contemplar, reflexionar, meditar; en las filas de un credo apacible. Prometedor.

Soy un cerdo ibérico de pata negra. Un sueño conseguido con dos brazos menos pero con dos patas más.

¿Para qué los brazos si no debo trabajar?

Un par de piernas extras para pasear.



[tres]

Pacer en este inmenso prado arbolado es, ahora, mi vida. Por el día camino entre pinos, encinas, hayas y alcornoques, buscando mi alimento entre la hierba.

Se respira libertad. Sólo llevo habitando estos prados cuatro meses, pero los siento mi hogar.

Estoy feliz, más fuerte, más sano... más gordo confesando la verdad.

Pero sólo es reflejo de mi estado de ánimo.

Soy imagen y símil de mi guía, mi maestro. No de ningún Dios.

Pastando a diario, dedico unos momentos a la contemplación de mi alrededor y a su correspondiente meditación.

En mi dehesa verde esperanza recreo la vida del Buda.

Libre en la naturaleza poco a poco despierto. Me alejo del sufrimiento para acercarme en tranquilidad a la felicidad.

Me he alejado de los problemas y sufrimientos de la humanidad.

No deseo nada más que estar aquí. No odio a nadie, no estoy atado a nada.

Con el cielo por techo he despertado.

Soy un Buda, soy un cerdo ibérico de pata negra, soy un ser feliz.

He dejado la esclavitud de la restauración, del catolicismo, de la sociedad...

He contemplado la posibilidad de caerle mal a Dios. Lo he abandonado.

En mi dehesa todos los días sale el sol. Me da calor, observándolo, descubro que no necesito de nadie para alcanzar la iluminación.

Soy un Buda sedente, un cerdo ibérico echado en la hierba, a los pies de un pino, contemplando.

Soy un Buda reclinado, un cerdo ibérico tumbado a la luz del día, meditando.

Soy un Buda gordo y sonriente, un cerdo ibérico de pata negra, tal como en mis sueños frente a los infernales fogones.

Desprecio lo que la sociedad valora. Valoro lo que desprecia la sociedad.

He despertado, estoy alcanzando la iluminación. Mi mente me dice que soy un Buda, pero si se fijan bien, mi físico también.

[cuatro]

Llega enero y cumplo medio año habitando el paraíso.

"A veces desearía ser un cerdo ibérico para pastar libre en una dehesa verde esperanza", antes deseo ahora realidad.



Mientras contemplo el horizonte, la tranquilidad de la dehesa se interrumpe.

Un par de cerdos que pastaban frente a mi corren despavoridos lo más lejos posible.

Alguien viene a mi encuentro. Apacible, aguardo.

No me inquieto en lo absoluto. Es un humano y viene a mi encuentro.

Supongo que debo alcanzar otro nivel hacia la iluminación. Me sacarán del edén para descubrir, como el Buda lo hizo, el mundo exterior.

La paz y la felicidad son mis compañeras pero no exclusivas; no me pertenecen.

Debo salir y descubrir el dolor, la vejez, la enfermedad ¿la muerte?

Yo venía huyendo de todo eso. Ya nada me cuadra, la luz del sol ya no me calienta, ahora me deslumbra.

La cabeza me da vueltas sin la armonía lúdica de un tiovivo, a doscientas revoluciones por minuto. Una música estridente, circense, se repite como disco rallado. Luces en barrido, ráfagas fluorescentes me desconciertan.

El humano me coge camino fuera de la dehesa. Me rasuran el poco bello que tengo.

Recreo la imagen de Buda cuando se echó al mundo con la cabeza rasurada vistiendo harapos.

No lo creo, a mi me llevan a otro sitio.

Intento varias técnicas de meditación para abstraerme. No lo consigo, me están haciendo daño. He olvidado el dolor y ahora lo siento.

Recreo la etapa en que Buda se doblegó al mundo sensorial y se sometió a la austeridad extrema que casi le ocasiona la muerte.

Me encierran en un cuarto oscuro.

Las lágrimas escurren de mis ojos como pronto la sangre lo hará de mis venas.

Recreo a Buda sentado bajo la sombra de una higuera mientras buscaba la iluminación y la verdad en su interior.

Aquí no hay ninguna higuera. Fuera hay encinas, pinos, alcornoques... Me podrían servir pero ahora estoy encerrado.

Intento calmarme. Abandonado en esta oscuridad me da tiempo para meditar.

Descubro todo.

Recreo a Buda tomando conciencia de su liberación, trascendiendo más allá de la vida y la muerte, del espacio y el tiempo. Disfrutando de la dicha de la liberación, de la renunciación.

Descubro todo. En el hacinamiento de un restaurante o en la libertad de una dehesa siempre habrá alguien dispuesto a privarme de ser feliz.



¡Cocina despierten!

Mi sueño se ha terminado.



[cinco]

En unos minutos me sacrificarán. No voy a sufrir porque el trabajo de meses se estropearía. Pero al fin y al cabo, debidamente, seré sacrificado.

He sido expulsado de mi dehesa verde esperanza por la mano del hombre.

¿Debo considerar que le caigo mal a Dios?

Llegó la hora, no sufro.

Mi destino cruel. Salarán mis jamones y paletas. Ahí permaneceré dos meses. Luego abandonarán mis extremidades en un secadero.

Perdí mis dos brazos, no pude defenderme.

He perdido mis piernas, no me servían de nada, no me pertenecían.

No soy un cocinero, no soy un cerdo ibérico de pata negra.

Soy jamón ibérico de bellota. Envejecí en una bodega.

¿Era peor envejecer en una cocina?

La mano del hombre ha asesinado mis sueños, mis aspiraciones.

Me han convertido en un producto de lujo; en vida, siendo hombre, nunca conocí ni disfrute de boato alguno.

Ironías de la crónica de un sombrío subsistir.

Alimento para gastrónomos y sibaritas. Destacarán mi aroma, sabor, textura, olor...

¡No importa! Tengo claro en lo que me convertí. En lo que me convirtieron.

¿El animal más peligroso para el hombre es el hombre?

El cerdo ibérico de pata negra es víctima de otro cerdo.

Un cerdo vil, sucio, salvaje, abusivo, alevoso… Un cerdo que se alimenta de bazofia, de los desperdicios de la cocina.

¿Qué son esos desperdicios? O se pregunta ¿Quién?

Un cerdo que se revuelca en lodazales para eliminar, como higiene, parásitos de su piel.

¿Cuáles son esos parásitos? O se pregunta ¿Quiénes?

Hasta en los cerdos hay clases sociales. Pero al contrario de los humanos, los de más alto estrato son más nobles que los de las clases inferiores.

A veces desearía ser un cerdo, pero no uno cualquiera…

¡Por favor, no uno cualquiera!
















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