Estoy ciego. Por buscarme en google. He puesto mi nombre y, en menos de un segundo, mil referencias que incorporan mi nombre, que provienen del mundo entero. Entonces, he dejado de ver, de repente. Acabamos de cerrar la edición. Hoy es uno de esos días tranquilos en los que hay que disimular. No hay mucho trabajo, pero conviene que no se note, que no nos pagan para pasar el rato con naderías. Y menos buscándonos en google. Mejor preparar reportajes de nevera, reseñar libros, actualizar bases de datos, agendas y previsiones. Pero... maldita mierda, no veo nada, joder. Espero que nadie me pregunte nada, aunque de un momento a otro va a pasar. Alguien me hablará, me mirará, me observará. Me llegan las voces como en estéreo... claro, es que por lo visto eso es obligatorio siempre... son 20 terrazas, diez y diez... no, no, no, ahí cada uno ha puesto lo que le ha salido del pito, que si marrón, que si... ¿sabes lo que te digo? Como no lo he visto por aquí... ¿De qué coño está hablando este tío? Nunca he sabido a qué se dedican exactamente estos tres tipos de atrás, suelen hablar de fútbol y de política, a veces de música. Luego cogen grandes pliegos de papel satinado que salen de una máquina llamada plóter. Los cortan en trozos de tamaños diversos y los miran. Los miran por arriba, los miran por abajo, los miran por la izquierda, etc. Plóter es una palabra que da asco. La sílaba plo es vomitiva, si la repites mucho puedes llegar a vomitar. Plo. Plo. Plo. Plo. Plo. El rubito de pasado excesivo... apuesto a que vomitaría con gusto un día sobre el plóter. Y luego el tipo de Toledo lo recogería, recogería el vómito dándose palmaditas en la espalda. El tipo de Toledo siempre inspira confianza y bondad. Pero tiene ataques de migraña de vez en cuando. No se puede ser tan bueno. El tipo de Carabanchel sigue hablando y el rubito cortando los pliegos satinados. ¿Son satinados o qué coño son? El sonido del corte me entra por el oído izquierdo como una espada de samurái. Y me sale por la otra oreja. Oigo unos pasos rápidos. Juraría que ha sido el moderno homosexual que no habla con nadie. El moderno homosexual que no habla con nadie tiene un flequillo largo y nunca levanta la vista del suelo. Le han debido zurrar lo suyo. Sus pasos son los de uno que huye siempre. Silenciosos y rápidos. No como los del tipo de Carabanchel, también imperceptibles, pero caídos con relajo sobre la superficie... con la página 193... cientonoventaytres... consultas... era la cientochentay... Parece que ha venido el fotógrafo realmente principesco, juraría que oigo su voz. Siempre llega mirando al frente, embutido en trajes de elegancia contrastada, corbata solemne y arrastrando maleta. El fotógrafo realmente principesco iempre está de viaje y de vez en cuando aparece, enciende su ordenador, un mac que hace pom al ponerse en marcha con un ruido ensordecedor. Curioso que no lo haya oído. Buenos días. Nunca viaja a su gusto, sino al gusto de las monarquías que retrata. Hola. Ese es el rubito de pasado excesivo. Me suele hablar. Me suele preguntar qué tal. ¿Qué debo parecer con la cabeza inmóvil y un sucedáneo de mirada clavada en la pantalla del ordenador? ... ¿Va bien el calentador entonces? ... Acaba de pasar el tipo que lo hace todo sin sentarse. Reparte el correo, arregla los aparatos que no son ordenadores, porque para los ordenadores hay otros tipos, uno bajito y pálido que huele raro y habla poco; otro al que llaman, cariñosamente, insecto palo, que nunca te mira realmente, sino que te traspasa. Creo que todo el mundo es un fantasma para el insecto palo, cariñosamente. Y luego hay otro tipo que arregla ordenadores que tiene la voz apagada y la risa llena de ironía. El tipo de Carabanchel se ha puesto detrás de mí con el tipo del polo azul marino... estoy utilizando Nero ahora, pero sigue sin funcionar... ya he utilizado siete u ocho... La voz se apaga. Los pasos del tipo del polo azul marino (siempre lleva un polo azul marino o uno negro, con vaqueros y un tres cuartos de cuero negro), muy pesados y espaciados, viajan de la mano de un taconeo muy particular. La tipa con hombros de bailarina y el tipo del polo azul marino siempre bajan juntos a fumar. ¿Esto es tuyo? Lo oigo muy muy cerca. Quizás me hablen a mí. Muevo ligeramente la cabeza. ¿Me dices a mí? Lo digo entrecortado y con ligera desconfianza, ligera inquietud, ligero malestar, ligero miedo. Sí, yo creo que sí. Mierda, ¿habla conmigo o con LA MIRADA? LA MIRADA es un vértice del cuadrado en el que trabajo. Hay cuatro vértices, como en cualquier cuadrado. Sí, definitivamente, el tipo que lo hace todo sin sentarse habla con LA MIRADA, menos mal. Quizás nadie me ha escuchado decir ¿me dices a mí? Además, probablemente, mi malestar y mi miedo se han ahogado en la risotada del rubito de pasado excesivo... ¿Es nacido para ser estrella o nacidos para ser estrellas? ¿Singular o plural? ...estoy pendiende de que me confirmen una casa, pero si no es una casa, es otra. Es nacidos para ser estrellas, en plural, respondo. Porque ésa si era una pregunta para mí del tercer vértice habitado, el que ocupa mi redactora jefe. Es fácil, sólo podía preguntarme eso a mí. No hace falta ni que levante la cara del teclado. ¿Mostrarán mis ojos algún signo de esta repentina invidencia? ¿Habrá alguna señal en las pupilas? Un teléfono. Siempre suenan teléfonos por todas partes. Algunos suenan igual, pero casi he aprendido a distinguirlos. Aunque suenen igual, sé cuándo suena el de LA MIRADA y cuándo suena el del tipo de Carabanchel. Aunque LA MIRADA suele atender muchos teléfonos. De hecho, ahora mismo la oigo allá enfrente... exacto, después te metes en un follón de tal... pues nada, cuando tengas tiempo, me haces una perdida y te llamo, hasta ahora. Ha vuelto a su sitio, al vértice que hay frente a mí, pero en diagonal. Trabajamos no en mesas, sino en vértices. LA MIRADA suele ir y venir mucho. Habla muy bajito y muchas veces no entiendo lo que dice. Realmente no sé si lo que dice se lo dice a alguien. Habla mucho consigo misma. Eso cuando no se lo dice a alguien por teléfono. Por teléfono se le entiende mucho mejor, qué contradicción. A veces va y se sienta en una mesa allá enfrente, donde estaba hace un momento hablando. Es la mesa de una tipa rubia llena de pájaros que viene de vez en cuando acompañada de otra tipa morena llena de jaulas. Todo es metafórico, ojo, nadie se piense que de repente esto es un puesto de las ramblas barcelonesas, lleno de pájaros. LA MIRADA tiene unos ojos tremendos que para sí quisieran la de los pájaros y la de las jaulas, a las que, creo, debe obediencia laboral. Alguien está arrancando hojas de un cuaderno. Creo que es LA MIRADA a juzgar por la dirección desde la que llega el sonido, claro que también podría tratarse de la tipa que no habla de sus hijos, que está sentada justo detrás de LA MIRADA y justo enfrente de la tipa que sólo habla de su hija. Por cierto, llevo toda la mañana sin escuchar a la tipa que sólo habla de su hija. Es curioso. Debe tener un mal día. A veces solloza, a veces grita, a veces ríe con estruendo, a veces indica con pormenorizada pulcritud a su mucama por teléfono cómo tiene que prepararle la comida a su hija. Cada día un menú. Tengo que ir a mear, joder. Llevo un buen rato aguantando, pero no puedo más. Siempre se piensa que los movimientos rutinarios se pueden hacer hasta con los ojos cerrados. ¿No dicen eso? Podría hacerlo con los ojos cerrados. Retórica. A ver qué gilipollas se pone a hacer movimientos rutinarios con los ojos cerrados. Y yo tengo ahora que enfrentarme al movimiento rutinario de levantarme, al de bordear mi mesa, perdón, mi vértice, al de avanzar unos cinco o seis pasos, driblar la mesa de la tipa rubia llena de pájaros, un paso a la izquierda y otros dos o tres al frente. La puerta del baño y esperemos que no haya nadie. Hoy que estoy ciego por buscar mi nombre en google, todos los pasos me parecen iguales, no soy capaz de distinguirlos, me cago en la puta, no sé quién es hombre o mujer, porque hoy no oigo tantos tacones. Suele haber tacones que pasan apisonando el suelo como un tiranosaurio, es una tipa que suele llevar faldas cortas. Tiene unas bonitas piernas, supongo que las cuida para enseñarlas. Alguien está abriendo los armarios que hay a mi izquierda. Debe ser LA MIRADA, porque mi redactora jefe no parece haberse movido de su mesa, perdón, de su vértice. Más pasos inidentificables, copón. Y tengo que ir a mear. Quizás el aseo de tíos esté lleno de tíos. Se forma por momentos una algarabía de voces a mis espaldas. Oigo al tipo del polo azul marino. Oigo a su compañero, el tipo alto-calvo-delgado-amante de la música negra. Oigo a los otros tipos que hacen esa revista de ordenadores. A todos los ficharía David Lynch para llenar esquinas de planos secuencia. Hay un tipo... es LA VOZ, la de ultratumba, la famosa voz de ultratumba del tópico. Aplomo, seguridad, atención, pero ultratumba al fin y al cabo. LA VOZ habla poco, pero, carajo, ¿quién puede negar que lo escucha? Me voy a mear encima, cagoendiós. Unos tacones, se acercan unos tacones. No puedo saber de quién son... iban a ir 80 más cuatro en un principio... hay que aprovechar, tanto como eso... ¿tenéis mucho lío? Además, cerráis hoy, ¿no? ... Nos vamos a tener que quedar a dormir a este paso, mira todo lo que queda... Otros tacones. Estos creo que son los de la tipa que sólo habla de su hija. Sí, creo que los tacones anteriores... oigo su voz... es una tipa que no escucha por un oído. Es curioso, pero ahora me siento cerca de ella. Me gustaría ver por un ojo al menos. Pero no veo por ninguno de los dos y debo ir a mear. Quizás en el aseo de los tíos estén los que siempre están, el tipo que se lava los dientes más de 10 veces al día o el tipo que se tuesta a base de rayos uva y se mira atento al espejo buscándose puntos negros. Porque se buscará puntos negros, supongo, ¿qué otra cosa se puede buscar un tipo que se tuesta a base de rayos uva con la cara pegada al espejo? Entiendo que le guste cuidarse, ojo. Y le guste estar guapo. Que lo haga, él que puede. Pero yo tengo que ir a mear, y si están ahí los dos, ¿cómo haré para pasar entre ellos y llegar hasta algún váter, teniendo cuidado de no tropezar con el escalón que hay antes de acceder a los tres excusados? ¿Y si llego al último y está cerrado? Tendré que andar con los brazos por delante como un sonámbulo. Los tres tipos de atrás ya están hablando de fútbol... tú como público le puedes decir al árbitro lo que te salga de las narices. Se oyen las impresoras a lo lejos talando árboles sin parar... a ver, a ver, de qué coño es este equipo, ¡esto no puede ser de fútbol! LA MIRADA está hablando con alguien... es la americana, ésa es inconfundible. Todos los americanos son inconfundibles, se lo deben a su cine y a su televisión y a su religión y a su política, todo uno... ahora resulta que es un gran jugador, el Raúl ese, menudo prenda. El tipo de Carabanchel es del Atleti, claro. Son tres, uno del Madrid, uno del Atleti y otro del Barça. Nadie lo podría haber diseñado mejor. Un leve taconeo pasa a mi lado. Apostaría mi cuello a que es la tipa bajita que vive entre los secundarios de David Lynch. Ella no es una buena secundaria de David Lynch. Es una tipa bajita que suele estar muy seria, pero de vez en cuando estalla en risas jocosas y, entonces, se convierte también en secundario de David Lynch... 120 kilos pesa en esa foto, dice el tipo de Toledo. Claro que jugamos con uno menos, porque no puede moverse, el cabrón. Voy a mear, con dos cojones (esto no es un chiste). Levantarme y ponerme en marcha no es difícil. Debo hacerlo sin vacilación. Así lo hago. Voy camino de la puerta del baño. Sé que hay un obstáculo. Espero que no venga nadie. Hostia, unos pasos, hay que hacerlo rápido. Alguien me ha dicho hola mientras me dirigía a las impresoras, que quedan al lado del baño. Hago como que busco unas páginas que nunca envié. Vale, parece que todo se ha tranquilizado. Llegan voces desde el aseo de las tías, siempre lleno de tías. No distingo el contenido de sus frases, pero nunca hay silencio en un aseo de tías lleno de tías. Bien. He pensado en decir hola al abrir la puerta del aseo de los tíos. Si me responden, sabré que hay alguien y haré como que me ha entrado una mota de polvo en los ojos y he perdido la visión un momento. Claro que así puede que, si realmente hay alguien, se preocupe por mí y la jodamos. No quiero que nadie sepa que estoy ciego, porque perderé el trabajo. Será un despido procedente y no tendré indemnización. Y luego tendré que plantearme trabajar en uno de esos cubículos vendiendo cupones. Y tendré que aprender a leer braille. ¡Qué tal vas hoy, Alonso! Hoy me gano la pole. Los símiles de por aquí. Acaban de pasar por detrás de mí los tacones que apisonan el suelo como un tiranosaurio. Bueno, es el momento de entrar. Diré hola y avanzaré hacia los excusados. Pero... ¿y si estuviera el actor frustrado de pelo cano? Es histriónico y habla mucho, y siempre que me ve quiere hablar conmigo, que no me importa, pero estando ciego no podré atenderle como dios manda, copón. Además, se dará cuenta de todo. Noto una presencia a mi lado, ha llegado casi flotando a las impresoras. Es una chica, a juzgar por el olor... no sé si habrán salido las mías. ¿Las tuyas? Pregunto. Sí, las de las chicas guapas. ¿Y qué hacéis con tanta chica guapa? Intento disimular sin apartar mis ojos de lo que creo que es la impresora, porque quién sabe si estoy mirando para otro lado. No sé, supongo que queremos ser como ellas y nos morimos de envidia. ¿Envidia? ¿En serio? No sé con quien estoy hablando. Intuyo que es una chica de aquella revista femenina del fondo que está llena de chicas y que un día es una otro día es otra... parece que siempre hay una nueva... o que deben tener mil colaboradoras... hay una, la número 10... ¿estaré hablando con la número 10? El nombre se lo puso el tipo argentino, acordándose de Maradona. Todos los argentinos se acuerdan de Maradona mínimo una vez al día. Hasta luego. Adiós. Me he vuelto a quedar solo. Ahora o nunca. Allá voy. Hola... silencio, creo que no hay nadie en el baño de los tíos. Bien. Corre. Avanzo hasta la última puerta con los brazos alzados, en plan Frankenstein. Está abierta. Cierro y me apoyo resoplando sobre la puerta. Parece que la ventana está abierta. La verdad es que rara vez está cerrada. Incluso con el frío polar de estos días atrás, la puta ventana estaba siempre abierta y entrar al baño era como entrar donde las pizzas congeladas del caprabo. Lo peor es que estoy echando de menos esa horrible vista de polígono industrial con cutre-skyline al fondo desdibujado por la bruma (bruma es demasiado literario... por la mierda). Por fin estoy meando. Ser invidente no te impide bajar la cremallera, sacártela y mear. Para eso no hacen falta los ojos. Para ser animal no hace falta ver. Sólo sentir. Ahora tengo que salir. Parece que nadie ha entrado en el baño. Hay que hacerlo rápido. Y rápido lo hago. Y rápido lo consigo. Estoy fuera. Otra vez toda esa sinfonía. Los tacones. Las impresoras... el día 1 es el día del trabajador y luego depende de cómo cae San Isidro. Me acabo de estampar con el perchero. ¡Estás tonto! Supongo que me dicen a mí. Sonrío. La gente debe estar mirándome extrañada. Exageraré, como suelo hacer a veces. A veces hago el yonki. A veces el cojo. A veces el bailarín de claqué. Haciendo el payaso puedo pasar desapercibido. ¡Mierda, mi teléfono! Palpando el aire llego a mi mesa y, tras clavarme una esquina en el muslo, acierto a coger el auricular. ¿Oiga? Sí. Mire, que es que he leído su artículo sobre el teatro y la Ilustración, primera parte, y no estoy nada contenta. ¿Cómo dice? Hombre, es que no se puede hablar de la ilustración y el teatro y olvidarse así de Diderot. Perdone, yo no me he olvidado de Diderot. Hombre, no pretenderá hacerme creer que Diderot, lo único que hizo, fue la Enciclopedia. No, señora, discúlpeme, pero... es que dices que Voltaire fue azote del absolutismo cuando Diderot era un férreo adversario del absolutismo. Ya lo sé, señora, pero... y no puedes dejar a Diderot reducido a la Enciclopedia, porque el teatro le debe mucho a Diderot. Lo sé, lo sé, pero mire, como ve, es la primera parte. Hay una segunda parte dedicada toda ella a Diderot y a sus aportaciones al teatro. Ah, en ese caso... Claro, y no se tome esto tan a la tremenda, oiga, que esto no es más que un articulito de divulgación con apenas unas pinceladas sobre un tema. Esto no es un libro de Historia, compréndalo, es una humilde y modesta revista. Bueno, bueno, me quedo más tranquila. Ya el mes que viene leeré la segunda parte y le llamaré. Quedo conforme, querida lectora. Muchas gracias por llamar. Hasta pronto. Pero... ¿qué cojones he escrito yo sobre Diderot? El mes que viene esta tipa me examinará y puede que se presente aquí a echarme en cara mi ignorancia supina. Por cierto, eso de supina, ¿qué es? ¿Qué significa? ¿Está bien empleada esta palabra? Un momento, voy a mirar en la RAE. La música de fondo... la tipa que sólo habla de su hija... hay una sopita de naranja. Luego hay pavo... los tacones de la tipa rubia modosita-morbosita con gafas y gran sonrisa... Entonces, el pavo está en filetes, le metes queso y la empanizas y le das el pavo... ¿la empanizas? ¿Ha dicho eso? Y bueno, patatas fritas, si quieres, lo más fácil que se te haga, ¿sí? ¿Dónde estáis? ¡Dónde estáis! Supino: nécio, estólido. ¡Coño, puedo leer! ¡Puedo ver! ¡¡Veo!! Digo a gritos, mientras todos me miran. Lo siento, lo siento, compañeros. Pensé que se había hecho realidad aquella amenaza de la infancia, cuando los curas decían que si te tocabas mucho, podías quedarte ciego. Yo he tenido un episodio de ceguera severa después de buscarme en google. Estólido, absolutamente estólido.