PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Volver

Palacios Pozuelo, Pau (Julio Musgo)

7.38



7:38


(por Julio Musgo)

Anda, no sabía que teníamos un nuevo vecino.

- ¿Bajas? Entra, entra. Buenos días.

¿Por qué irá tan abrigado? Aunque puede que yo haya exagerado y vaya un poco ligera.

¡Pero es que ya tengo tantas ganas de primavera y hoy pinta que hará un día tan bonito!

¡Que se acabe marzo ya, por favor! A lo mejor es porque en su tierra hace más calor que

aquí y no se ha acostumbrado al cambio de clima, que aquí es más frío. ¿De dónde será?

¿Marroquí, argelino…? Me encantaría visitar Marruecos. Debe de ser tan exótico.

Tengo que ir pensando en las vacaciones de Semana Santa.

-Adiós, buenos días.

Uy, mejor acelero que llego tarde a la mercería.

La cervecita de la mañana me deja girado. Y tengo que empezar la ronda ya o no

acabaré a tiempo las entregas.

- Adiós chavales, nos vemos luego. Pagad vosotros que esta tarde ya pagaré yo.

Vamos, que hoy no hace frío. ¡Qué coño…!

- ¡Eh, pringao! ¡A ver si miras por dónde vas!

Puto moro de mierda.

- ¡Sí, corre, sí, antes de que te pille y te dé de hostias!

Mierda, mierda que es tardísimo. Que le den por culo. Ya lo pillaré otro día. Y si no ya

pillaré a alguno de sus primos, que son todos iguales. No te preocupes Mohamed que

antes o después tu raza de mierda me la paga.

Ya está ahí otra vez el Chema. A punto de montar un numerito de nuevo. Y lo peor es

que seguro que hoy tiene reparto y saliendo del bar se va a buscar la furgoneta. No son

ni las ocho y ya se habrá bebido una cerveza. ¿Y yo qué tengo que hacer? ¿Lo sigo y le

advierto o espero a que empiece a circular y lo paro, le hago soplar y le pongo la multa?

Leches, da igual. Si no se ha estampado hasta ahora seguro que no va a hacerlo hoy. ¿Y

con el morito con el que ha chocado y que no he visto nunca antes por el barrio, qué

hago? ¿Le paro y le pido los papeles como quiere el capitán? Estadísticas, hay que parar

por lo menos 10 moros a la semana y llevar a comisaría al menos 5, que paréis a todo

extranjero que no hayáis visto antes por el barrio… Leches, ¿qué hago? Menuda pereza,

da igual. Va hacia la estación de cercanías, se va de Alcalá. Si lo veo esta tarde que

vuelve ya le pararé y si no mejor, que será problema de otro.

- El tíquet no se mete así, va al revés. Eso. Así.

Seguro que éste acaba de llegar y ya está yendo a la obra o algo así. No sabe ni cómo

funciona con los tíquets del tren. Menuda pinta de desesperado, pobre chaval. Y vete a

saber tu patrón cómo te trata y lo que te paga. No sabes lo que te espera en este país,

chico, no lo sabes. Como yo, aquí, de pseudopolicía, sufriendo mientras me toca echar

broncas a la gente que se cuela o arma bulla. Vaya mierda. Qué raro que no vaya con

otro que le oriente en sus primeros días. Será por eso que se le ve tan nervioso. Bueno, y

yo que sé si este acaba de llegar o no. O si está nervioso o…

- ¿Disculpe? No, señora, allí, para los tíquets, en la máquina.

Qué pañuelo más chulo. Ése es de esos palestinos, ¿no? ¿Quién tenía uno? ¿El Yasser?

Qué bueno que está el Yasser. Le daría yo un buen bocado. Oye, pero si me lo ligo, ¿me

dirá que me tengo que tapar la cara o algo así? No creo, no tiene pinta de ser uno de

esos obsesionados. Si además, él ha nacido ya aquí. Seguro que hasta bebe cerveza. Y a

ése no me lo imagino yo arrodillado en el suelo rezando o algo así. Muy chulo, el

pañuelo, sí. Pero no entiendo lo de la mochila, qué fea. Si parece de niño, con dibujos

animados. Y mira cómo la coge, como si fuese un tesoro. Qué desgraciado. Anda, la

Yoli al final del andén. Mejor me voy con ella y así me cuento lo del Chechu. ¿Cuándo

era su cumpleaños? ¿Mañana o pasado amañana? ¿el 12 o el 13? Qué memoria...

Buf, por los pelos. Creí que lo iba a perder. Suerte que siempre se puede confiar en un

par de minutos de retraso. Viva Renfe. ¿Y éste? Qué olor. No digo que huela mal, pero

para mí es tan raro. Será porque está sudando mucho. Si es que va muy abrigado. O a lo

mejor está enfermo. Estar enfermo y tener que ir a trabajar igualmente. Seguro que está

asustado por la posibilidad de perder el trabajo. ¿Oleré yo extraño para ellos? Como con

los negros, que huelen de esa manera fuerte. Pues a lo mejor yo para ellos también

huelo raro. Bueno, nosotros, los blancos. ¿Será por lo que comemos? No eso es sólo los

paquis que se inflan de curry. Eso es otra cosa. Ahí llega el tren.

Oh, Dios, no. No, no, por favor, que no se siente a mi lado. Qué asco. No lo puedo

soportar. Me da miedo. Qué horror, se ha sentado. ¿Y ahora qué hago? Aún me faltan

unas cuantas paradas, no lo aguantaré. ¿Qué hago? No lo puedo soportar, tengo que

levantarme ahora mismo. Pero, ¿y qué pensará la gente? Me da igual. Yo me levanto y

me voy al otro lado. Los moros me dan miedo. Y éste tan sudado que parece untado en

mantequilla. Qué asco, por Dios. Me levanto. Me voy. Mejor así. No miro hacia atrás.

Me voy al otro lado del vagón. Me da igual lo que piensen, lo que es justo es justo. Casi

tengo ganas de vomitar.

Mira ésta. Qué imbécil. Se le ve en la cara que le da asco el chaval. Hay gente

horrorosa. Pobre chico. Primero se agarra al bolso como si se lo fueran a robar y luego

se levanta y se va. Menuda vergüenza. Y nadie ocupa el sitio. Es escandaloso. Mira la

viejecita que no se tiene en pie y que aún así no se va a sentar junto al chaval porque es

magrebí. Le da igual el vaivén del tren y el peligro de romperse la cadera. Prefiere pasar

lo que le queda de vida en una silla de ruedas antes que sentarse al lado del inmigrante.

Y seguro que ella misma o alguien de su familia emigró a Alemania en los sesenta y

sabe lo que es sentirse discriminado. ¿Y ese señor? ¡Pero si él mismo es inmigrante y

también lo mira mal! A lo mejor cree que ser suramericano es mejor que ser magrebí.

Hasta en eso hay clases. Pues yo me siento a su lado, aunque me baje aquí en Coslada.

Le sonrío y me siento treinta segundos.

Perfecto, sitio libre al lado del marroquí. No falla. Cada mañana hay algún sitio libre

cerca de un morito o de un peruano. Pues a los que les dan asco los inmigrantes lo

llevan fatal porque con lo llenos que van de moros y panchitos estos trenes dentro de

poco no podrán ni entrar. Mira, entre moros, pakis, chinos y sudacas hay por lo menos

quince en este vagón. La gente no ha entendido nada, no hay que asustarse, hay que

actuar.

- Me siento a tu lado, Osama. Para que veas que en España no somos todos racistas.

Ni se inmuta. No ha pillado la broma. Si es que no tienen sentido del humor, son

demasiado raros. Pero seguro que si le pido un porrito me saca uno y nos ponemos a

fumar. Es lo único bueno que tienen estos asquerosos, los porros. Me pongo la música,

algo cañero, a ver si le gusta al desgraciado. La voy a poner fuerte, a ver si el moro la

oye y se pone a bailar.

- ¡TE GUSTA, EH! ¡BUENA MÚSICA! ¡MÚSICA DE AQUÍ, CHAVAL!

Pringao. Cómo me miras como un corderito. Tranquilo, hombre, que no te hago nada.

Ya te lo hará el revisor, que seguro que no llevas billete ni nada.

¿Qué habremos hecho mal como sociedad para que existan chicos como éste? ¿Estará

su racismo fundado en experiencias personales o será fruto de un malestar más general

que le lleva a proyectar su rabia contra los más débiles? ¿Si el chaval ahí sentado en

lugar de magrebí fuese ruso, el chico lo agrediría igual? ¿Si en lugar de magrebí o ruso,

fuese gordo, pobre y oliese mal su odio se expresaría igual? ¿Qué hace que elijamos un

determinado tipo de víctimas y no otras para expresar nuestra frustración? ¿Cómo se

construyen las bases de lo odiable? ¿Es sólo por los medios de comunicación? ¿Si los

medios de comunicación focalizasen su atención en crímenes realizados por hombres

gordos y destacasen el malestar social que genera su gordura, por desidia o por maldad,

aumentarían las agresiones a hombres gordos? ¿Influyen en el odio factores sociales,

económicos e históricos? ¿Por qué el chico se la toma con este magrebí que parece

enfermo y nervioso y no con los otros tres o cuatro del vagón que parecen estar en

buena forma y tienen miradas más desafiantes? ¿Es cobardía? ¿Es comodidad? No sé,

no sé... Mi parada.

Me juego lo que quieras a que éste no tiene billete. Bueno, aunque en realidad hay más

jovenzuelos de aquí que viajen sin billete que extranjeros, pero claro, si pillo a un moro

siempre da más gusto. ¡Qué morro que tienen! Mira que venir a robarnos el trabajo y

encima no pagar ni el tren. Gentuza.

- Billete.

Anda, pues sí que lo lleva. Y está bien validado. Entonces, ¿por qué sudas tanto y vas

tan nervioso, chaval?

- Toma.

Qué tipo raro. Bueno, ya pillaré a otro, que el día es largo.

Qué suerte tengo de que no se note que no soy de acá. Se salta a todos los pasajeros y se

va directo al marroquí. Vaya boludo el revisor. Y el chavo con la música a todo

volumen, que imbécil. También se prepara para bajar. Este país está lleno de racistas.

Por fortuna que mi aspecto no es evidente porque sino empiezan con lo de sudaca y

acabamos todos igual. Aunque no me puedo quejar que los argentinos no estamos tan

mal vistos, hasta que abrimos la boca y nos identifican. Entonces sí que no nos

soportan. Y las cosas van a seguir igual, gane quien gane el domingo las elecciones. Eso

no cambia. En fin, Santa Eugenia, bajo.

- Venga Manuelito sube que llegaremos tarde al colegio. Así, muy bien. Siéntate ahí.

Ay, qué mal se le ve a este mozo. Es lo mismo que cuando estuve en Suiza. A trabajar

aunque estuviese enfermo. Nos querían sólo para eso, para trabajar y ya está. Y ni eso lo

podíamos hacer en condiciones decentes, siempre demasiadas horas y a menudo malas

caras. Y lo solos que nos sentíamos. Pero pude ahorrar y ahora tengo mi jubilación y mi

casita, pero a éstos ¿qué les va a quedar? Estoy contento de no estar aquí para verlo,

pero sufro por ti Manuelito. Los niños, qué dulzura. No albergan ni un mal sentimiento

hacia nadie y les da igual el color de la piel, hasta que la cultura dominante los deforma.

Sí, seguro que a este paso en el futuro ni los españoles tendrán seguros ni jubilaciones ni

nada. Tú lo tendrás difícil, Manuelito, sí, pero imagínate los trabajadores llegados de

fuera. Pura mano de obra aceptada sólo porque viene a trabajar, como a nosotros en

Suiza, nos aceptaban como trabajadores, pero no les interesábamos como personas. Si

ibas a trabajar bien, pero si no, fuera. Sois mano de obra, no sois personas. Qué

desgracia. Bueno, ya llegamos a El Pozo, una más y bajamos.

Como mola la mochila. Con el dibujo de Goku transformado en superguerrero de nivel

tres. Qué envidia, como me gustaría tener una igual. Pero mi mamá no me la comprará

nunca, que dice que son muy caras y que Goku es violento. Casi no me deja ni ver los

dibujos. Pero a mí Son Goku me gusta y a los otros niños del parvulario se lo dejan ver

en casa. ¿Y por qué a mí no? Que luego en el recreo no sé cómo se hacen los

movimientos del rayo kameame y tengo que imitar a los otros, que como saben que no

me dejan ver los dibujos se ríen de mí y dicen que lo hago mal. Ahivá, el señor de ahí

enfrente se ha dejado la bolsa de deporte. ¿Qué hago, se lo digo al abuelo? Él siempre

me dice que hay que ayudar a las personas. Pues se lo digo, que nadie se ha dado

cuenta.

- Abuelo, alguien se ha .

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de