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Parra Ortiz, Victoria (Attempta)

Cristales sobre la almohada



Despierta casi asfixiada. Aire viciado y caliente. Las paredes de su garganta casi pegadas por completo. A duras penas respira y se incorpora. Está confundida. Ella nunca había sentido nada igual; nada era igual a su alrededor. No puede respirar. No sabe dónde está.

Pero Ada no es como las demás. Su aureola de luz sigue brillando y le ayuda a ver. Se ha levantado de una cama extraña e incómoda. Pero su luz es tenue. Debe buscar con las manos por dónde dirigir sus pasos. Después de un tiempo, sus manos consiguen percibir. Minúscula habitación. Sin ventanas, sin interruptores. Nada que ilumine sus pensamientos. Ninguna puerta.

Entonces, cuerpo apoyado en la pared; aliento agonizante; ojos que se cierran; lágrimas ardientes en sus mejillas, llegan saladas a su boca; mente en blanco; luz que desfallece; rodillas que flaquean; todo se derrumba: Ada-títere, sin titiritero, en el suelo.

De pronto, al caer, sus manos dan con algo. Pequeño espacio vacío en el muro. Su mente se despierta. Halo de aire y esperanza. Gastando sus últimas fuerzas, tantea el hueco y se da cuenta de que su cuerpo puede caber y al fin escapar. Sólo es cuestión de organización: manos y brazos que se anclen al otro lado y arrastren el resto del cuerpo.

Comienza la Operación Salida: manos temblorosas conducidas por dedos dubitativos, pero suficientemente fuertes para cargar con la responsabilidad de arrastrar también dos brazos enclenques; su cabeza, antes somnolienta, como drogada, empieza a bostezar y a despejarse; su pecho, antes oprimido, ahora abierto de nuevo a la vida y a las sensaciones… Así, poco a poco, Ada sale de su inexplicable encierro y por unos instantes, se queda tendida en el suelo al otro lado. Suelo frío y mojado, que empapa su corazón.

Entonces, rozando su barbilla contra el suelo adoquinado, levanta la cabeza, mirando en derredor. Está en un callejón desconocido, pero ya puede respirar y eso de alguna forma le tranquiliza. Además, ha recuperado su brillo natural, aura lumínico heredado de sus ancestros hace miles y miles de años. De pronto, siente que le falta algo, pero todavía no sabe qué… Sólo que ha perdido ligereza, esa vitalidad que siempre tuvo… Hasta que, por primera vez, comienza a hacer caso a una sensación en su espalda: un hormigueo. ¡No puede ser! ¡Se había olvidado de sus alas! Sus preciosas alas de cristal se habían quedado también sin vida dentro de aquel cuchitril, del que por fin había escapado, y ahora hacían un esfuerzo por recuperarse. Eso le hace sonreír por unos momentos y olvidarse del terrible frío en su cuerpo. Pero su mente sigue llena de dudas e interrogantes. No sabe qué o quién le ha llevado hasta ese extraño e inhóspito lugar. Aun así, decide que lo primero es levantarse y andar, pues por algo debe empezar.

Al hacerlo, descubre que alguien, a propósito o no, ha dejado en el suelo, cerca de donde ella está, una gabardina de color rojo, algo ajada. Al principio se extraña de que algo, aunque viejo, tan hermoso, haya sido abandonado de esa manera; pero no lo piensa dos veces y se lo pone, teniendo cuidado de no dañar sus alas, todavía frágiles y endebles.

De pronto y sin motivo alguno, se queda erguida y quieta. Por su mente, sólo pasan una serie de diapositivas en blanco, como si formasen todas ellas una película opaca, sin sentido. Se queda mirando alrededor y en ese momento se da cuenta de lo sola y desamparada que está en realidad. Un cuerpo minúsculo frente a aquel inconmensurable ambiente vacío. Esa visión le hace sobrecogerse y sentir un golpe tremendo en el estómago. Se queda sin respiración, pues su alma ha salido disparada, propulsada por el encontronazo con la nada que le rodea. No hay diapositivas, no hay película, no hay sentido porque no hay realidad: no hay aire en sus pulmones. El impacto de la inmensidad ha podido con las pocas fuerzas que guardaba. En unos instantes, pasa de ser ‘alguien’ a ser ‘algo’: amalgama amorfa tumefacta sin respiro; en un suspiro, espiral de dura carne… Sin motivo.

El alma de Ada, el Ad-alma, está confusa. Quiere volver a entrar en su cuerpo, pero éste se ha convertido en un verdadero amasijo de miembros y órganos, casi a punto de fundirse entre ellos. Quizá sea eso lo que lo complica todo: el pobre Ad-alma no encuentra un hueco por el que colarse, sin tener que lastimarse en el intento; pues ahora el cuerpo es como un árbol después de una fuerte explosión. Explosión producida por la combustión de la nada: material peligroso y tremendamente difícil de manipular. Y es que Ada no sabía hacerlo. La pobre no sabía nada. Pero en estos momentos, sabe menos todavía: el Ad-alma ha escapado, dejando a Ada convertida en Ad-árbol trenzado y anudado, sin conciencia de su estado.

En este punto, toma un papel importante Abrigo Rojo, pues se convierte en el responsable de que la acción pueda seguir desarrollándose. Gracias a su inestimable colaboración, Ad-árbol consigue aguantar el tirón: no cae desparramándose. Se conserva íntegro y soporta muy bien la situación. Así, Ad-árbol está hecho un lío, todo enredado; pero también sujetado y salvado, formando una esfera roja irregular. Aunque eso sí: no para de girar y girar y girar… Y girar… Y girar… Y girar… Pero bueno, ¡esto tiene que acabar! ¿Dónde está el Ad-alma? ¡Abrigo Rojo se va a marear, no aguantará y acabará por soltarse y deslizarse! Al suelo finalmente caerá… ¿Ad-alma, dónde estás? ¡Ah! Ahí estás: dubitativo y vacilante, sin saber todavía por donde entrar. Pero aclárate ya; si no vuelves a tu sitio, Ada no se recuperará ¡y se desvanecerá!

Un momento… Parece que Ad-esfera está disminuyendo su velocidad… Ad-alma, ¡ésta es tu oportunidad! Pero no te confíes, pues si permites que cese de girar, quizás sea demasiado tarde y llegue su final. ¡Así que adéntrate ya y no lo dudes más! Abrigo Rojo no lo soporta más…

Y de esta forma y en este momento, contengo mi aliento al ver cómo al mismo tiempo que Ad-alma se lanza a la carga, Abrigo Rojo cae exhausto sobre el suelo frío, estéril y adoquinado, dejando su contenido en vilo, pendiente de un hilo. Un hilo que el Ad-alma debe desmadejar y volver a tejer. ¡Y el caso es que lo ha conseguido!

Aquí la tengo… Ante mí se presenta Ada de nuevo. O quizá deba decir que se ha creado una nueva… Igual pero a la vez incomparable con respecto a la anterior. Aun así, es imposible determinar el cambio; pues, ¿cómo era Ada antes de su Fase Metamórfico-Esférica? Silueta más o menos firme; rasgos más difusos y menos marcados; gesto y rostro oscuro, impalpable, lejano. Lo único claro: sus alas, que aún ahora siguen brillando. Brillo esperanzador que anuncia algo… Supongo…

Sin embargo, cuando parece que su nuevo ser va a conseguir establecerse sin más problema, entra en escena una segunda silueta aún más oscura y perturbadora. Presencia de movimientos airosos y caminar firme abriéndose paso por el callejón, venida de ninguna parte. Ada ahora Paraliz-Ada. Su cuerpo clavado al suelo. Mientras, la inquietante figura se ha detenido repentinamente y observa con detenimiento a Paraliz-Ada. Paraliz-Ada no discierne; sólo siente a su corazón palpitar, ¡al Ad-alma intentando de nuevo escapar! Pero eso no volverá a pasar. Respira hondo y se concentra en analizar la situación: cuerpo como estaca y pies cuyos dedos se encuentran ateridos y adheridos a los fríos intersticios del suelo adoquinado; boca cosida por tanto recuerdo borrado de su memoria, haciendo imposible cualquier intento de comunicación. Pero la presencia (¿o quizá ausencia?) sigue frente a ella, totalmente invisible a sus ojos. Confusión. Indecisión. Paraliz-Ada desea fervientemente que la silueta finalmente se acerque o se aleje, para así quizá romper su particular hechizo.

De pronto, la oscura figura comienza a girar lentamente en torno a ella, sin aumentar ni disminuir la distancia entre ambos. Desconcertante actitud que provoca en Paraliz-Ada multitud de descargas eléctricas que desafían y atacan su integridad. Su compostura está ahora amenazada por peligro de alud y desprendimientos. Sigue sin ver nada, pero al mismo tiempo siente una mirada invasora que penetra en sus miembros y cala sus huesos como una tormenta de invierno. Pies más entumecidos y boca más sellada. Imposible es la huida. Paraliz-Ada se siente inevitablemente cazada.

Silencio en la sala. Paraliz-Ada reflexiona. Cae en la cuenta de que en realidad el Negro Cazador le agrada. Sin ninguna razón, le atrae el misterio, la fuerza impregnada de lúgubre indeterminación. En su interior, ruega que el extraño se decida a lanzarse y abatirla contra el suelo de un empellón. Por el momento, Paraliz-Ada empieza a ablandarse; sus pies dejan de aferrarse como garras congeladas. Empieza a ser únicamente Ada; o mejor dicho, comienza a ser Enteramente Ada para el Negro Cazador.

En ese instante… ¿Qué ocurre? ¡No es posible! El Cazador ha debido apretar su botón de retroceso… Habrá notado la incipiente reacción ardiente de Ada derritiéndose ante él. Ya se sabe que para la volátil sombra, el calor representa un peligro eternamente acechador; más aún si se trata de calor humano y tangible frente a frío inhumano e insensible. De esta manera, veo cómo, poco a poco y sin que Ada menos Paraliz-Ada pueda hacer nada, el Negro Cazador vuelve de espaldas sobre sus pasos. Por desgracia para ella, aunque verdaderamente por suerte, Ada recupera el movimiento en el justo momento en que su oscuro objeto de deseo se escapa… tirándose al suelo… deslizándose… reptando como una repugnante alimaña.

De nuevo, Ada en soledad; sin embargo, ahora Hipnotiz-Ada. Piensa en el sortilegio finalmente roto. Piensa en el Negro Cazador. Para ella, el atractivo Negro Cazador; pero ha sido seducida por lo aparentemente inexplicable y consecuentemente, había sido escarmentada. Escarment-Ada y por ello Hipnotiz-Ada: Atorment-Ada. Atorment-Ada por haber deseado la cercanía de una cruel sombra, que en realidad sólo pretendía ir en busca de carroña; de ahí, que planease a su alrededor.

Después de interminables minutos de dura penitencia interna, Ada debe decidir cuáles serán sus siguientes movimientos hasta su Destino, aunque todavía esta idea es un concepto difuso. Debe tantear el terreno, planear su ruta, llevando sus pies por el camino correcto entre todas las posibilidades.

Objetivo: dejar a un lado sus impulsos y utilizar el poder de la razón, pues su corazón acaba de sufrir una pequeña avería.

Subjetivo: quiere ser reina de ajedrez y dar el jaque mate.

Mas, de momento, angustia vacía, sentido escarchado. Frío envolvente, mojados los labios. Labios que avisan a Ada de la inminente lluvia y posterior tormenta. Pero a ella no le preocupa: tiene la sensación de un calor que empieza por borrar la huella de la indecisión.

De repente, su mente ha decidido que debe seguir por donde la cruel sombra se marchó. Ada está ahora armada de valor y se dirige con firmes pasos a la fuente de su temor. Así, enfrentando sus miedos, quizá se dé de bruces con su verdadero ‘yo’. Además, por una vez escucha a su mente en vez de a su corazón. Primera premisa cumplida: Objetivo alcanzado.

Avanza unos pasos, acercándose a la oscuridad. Destellos en sus ojos expectantes y anhelantes. Pequeñas luces de colores alrededor de sus pupilas: flores de pensamiento, iluminadas de ilusión. De pronto, una Gran Escalera de Caracol, de reflejos tornasolados. De ángulos cambiantes, posiblemente entrada a futuros probables. Los pies caminan solos, arrastran cada miembro hacia algún escalón superior. Sin embargo, mente que funciona; en el fondo, razona el sentido de cada paso. Existen varias direcciones, libertad de decisión. ¿Piso el siguiente con el izquierdo o los salto de dos en dos? Ada está perfectamente conectada en su interior: mientras la mente piensa, los pies ya saben qué es lo mejor.

De pronto, un enorme cristal, Cristalera de Color. Extrañas figuras danzantes, sedentes, vibrantes, atraen la mirada y la mente. Ada no puede creer lo que pasa. Admirada, fascinada, poco a poco abre sus alas. Sin remedio, hay atracción. La Cristalera de Color va aumentando, va prolongando sus formas, formando un círculo alrededor. Ada no tiene palabras; pulmones repletos de aire, de vigor; garganta clara y sonora, podría cantar una canción; ella sabe lo que le rodea, siempre lo ha sabido…

¡Siempre lo ha sabido! Figuras ilusoriamente tangibles, uniones entre ellas, cuentos infantiles, historias inmortales, finales imposibles. Cristalera va creciendo, va rodeando a Ada, sus alas atraídas por la vorágine. Ojos como grandes ventanales, dejando entrar torrentes de color en la mente. La luz cada vez más cegadora. Las alas de Ada casi fundidas con Cristalera, rozándose, acariciándose, reconociéndose…

¡¡Estallido!! La luz cada vez más cegadora… Más cegadora… Cegadora…

Ahh… ¿Qué hora es? Pero qué tarde… ¿Yo ahora qué tengo que hacer? Voy a levantarme… Tengo que escribir, escribir lo que he visto… Se me va a olvidar… No me lo puedo creer… ¿Por qué sueño cosas tan raras? Es increíble… Pero me siento tan bien… Es ahora o nunca… A ver… ¿Cómo lo hago? Empiezo por… No sé cómo hacerlo… Bueno, a ver…

…………………...

Pero… ¿Qué hay aquí? …………………… ¡Cristales sobre la almohada!

Fdo.: Attempta

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