La toma 1, antes de los títulos, es un primer plano de Johan. Por ahora no sabemos adónde está. Hay poca luz, sólo vemos un lado de su cara, que casi hace transparente uno de sus ojos ¿Y qué expresión tiene Johan? Eso deberá decidirlo el Sr.Director. Pero yo, como guionista responsable, tengo una idea para que le cuente al actor que haga el papel. El actor deberá pensar en la incomodidad frente a su propia vida, seguramente desperdiciada en algo trascendente. Sobre en qué consiste esa pérdida no podremos saberlo. En ese momento el Sr.Actor querrá no estar allí, no me refiero a estar rodando la película, digo que no querrá estar allí sintiendo como sentiría Johan, que no quiere estar donde se encuentra. Podría estar en otro lado, Johan digo, no olvidemos que es un hombre con suficientes recursos económicos y emocionalmente hedonista, pero donde verdaderamente querría estar no puede. Deberá saber el actor que Johan, como cualquier hombre que ya vivió la mitad de los años que podrá vivir, siente una pena enorme. Una pena de la que no puede hablar, porque es de esa clase de pena de la que no puede hablarse. Podría agregar otras cosas, pero no creo que sea necesario. Así que abrimos con un p.p. de Johan. El plano debe ser largo, al menos para verlo parpadear varias veces, lentamente. Es importante que parpadee con lentitud. Girará un poco la cabeza. No es que pretenda que el actor se transforme en un autómata, pero es importante que al parpadear gire un poco la cabeza. La manera de hacerlo deberá hallarla por sí mismo. No obstante, yo imagino la escena como viniendo de alguien que desea levantarse e irse de una vez. No puede, debe quedarse allí, esto es algo que debe aceptar. Podría no estar allí, pero ya dijimos que, no importa adónde esté, no podrá estar donde verdaderamente desea estar. Hablando de deseos, les diré la clave. Johan es un hombre que desea. Con todo lo que esto podría significar para cualquiera de nosotros. Luego de este primer plano, que no será acompañado por sonido ni música alguna, es cuando realmente comienza la película.
Remitiéndome a la Cláusula Decimoséptima del contrato firmado con la Compañía Productora del film, éste deberá rodarse cronológicamente. Es decir, deberá empezarse por el comienzo, y terminarse con el final. Johan, por lo tanto, no podrá saber que la mujer que viaja en el mismo avión tendrá algo que ver en su vida. Ella, para simplificar las cosas, se llamará María F. Es bella, de esto no cabe ninguna duda ya al verla por primera vez, pero de que clase de belleza estamos hablando es más difícil precisarlo. No me toca decidirlo, pero tengo una idea al respecto que quisiera compartir con ustedes. María F. tendrá la belleza de algo que no se quedará para siempre. En la toma 2 ella estará durmiendo en su asiento. Hará algo que nos indique que está soñando ser besada pero que devuelve el beso a medias, está dando un beso que no desea del todo, y recibe un beso que llegó tardíamente. De quién recibe ese beso no podremos saberlo, pero no hay que olvidar que se trata de un sueño y en los sueños uno puede besar desde personas muertas a personas que jamás existirán. María F. entonces está soñando. Evitaremos un plano general, es suficiente lo poco que se ve para comprender que estamos en un avión. No moveremos la cámara, aunque se nos acuse de aburridos. Nos quedaremos con ella viéndola soñar. Llega un rumor desde algún lado, pero en la oscuridad ese dato fáctico parece formar parte del sueño. ¿Cuánto dura ese beso? Será tarea del editor saberlo. Pero tengo una idea que quizás lo ayude. Que piense en sus propios sueños, en el que da y recibe un beso no deseado del todo. Es mentira que en los sueños el tiempo no existe. Hasta en los sueños envejecemos y tratamos de recordar alguna felicidad perdida. Que el editor decida el momento en que la toma dos termine sintiendo que ese instante determinará para siempre su suerte. Será la última oportunidad que tenga para hacer finalmente lo que debería hacer para comenzar a vivir una vida mejor. Listo, ya cortó. No podremos culparlo de nada, recordemos que voluntariamente lo dejamos solo en esa decisión.
Johan no se ha desabrochado el cinturón de seguridad. No lo hace nunca. Si el avión se cayera de todas formas moriría, pero frente a la catástrofe nadie podrá culparlo de estupidez. El avión no se caerá. No atravesará ninguna tormenta, ni siquiera llegará a destino con retraso. Sí le servirán una cena horrible, una cerveza en lata de mala calidad, un postre indefinible, y un café aguachento. Ni el libro que terminó de leer hace un rato logró sacarlo del aburrimiento. El libro era divertido, no se trata del libro, se trata del embrutecimiento que se le metió en el alma. Para poder comprender esto habrá que creer previamente que el alma existe. Una tarea metafísica a la que renuncio. Como autor todavía no logré llegar a un pensamiento definitivo al respecto. Pero Johan está embrutecido. ¿Cómo lo sabremos? Bueno, le sonríe al pasajero que viaja a su lado cuando le da un codazo. Disculpado, hombre, no es para tanto. Le sonríe a la azafata cuando distribuye formularios de aduana. No le sonríe al niño que de tanto en tanto le patea por detrás, pero si a su madre que le canta una canción para dormirlo. No es que sonría. Johan, embrutecida el alma de aburrimiento, hace esa mueca con la boca que se parece a una sonrisa con el objetivo miserable de que lo dejen en paz. Aprovecharemos esta oportunidad para ver su pasaporte. La foto no le hace justicia. Debió pedir prestado un saco y le queda enorme. Duda sobre donde mirar porque el encargado de sacar la instantánea estaba apurado y en el momento en que disparó el aparato Johan miró hacia ningún sitio con un desconcierto adolescente. No está tan desconcertado, podría decirse que, todo lo contrario, sabe algo de sí mismo que le ha despejado cualquier duda. Entrará una mano y girará las páginas del pasaporte para ver que están profusamente cubiertas de sellos azules y rojos. De quién es esa mano es mejor no preguntarlo. Es una licencia creativa. Si somos muy racionales, hagamos que otro sello se estampe en este momento, para dar a suponer que es un agente de migraciones quien mueve las hojas. Será inútil, pero adelante, yo no me opongo. Dicho esto, no cometamos la vulgaridad de pensar que Johan viaja por negocios. No sabemos nada de él para suponer eso. Podría viajar por el mundo para consultar a médicos que le diagnostiquen ese mal extraño que tiene. Pero ¿quién puede confiar en los médicos?. Podría estar viajando de lado a lado buscando quien lo bese como desea ser besado. ¿Por qué no?. O para trasladar su cuerpo de sitio en sitio porque estudia eclipses lunares y la Luna no siempre se esconde en el mismo lugar. Tampoco cometeremos la vulgaridad de que ahora piense algo muy trascendente sobre la vida. No pensará, por ejemplo, La Vida es una Cosa Horrible. No le dirá a su compañero de asiento, Tranquilo, Hombre, a Todos nos Tocará el Destino que nos Corresponda. Lo que hará Johan es lo siguiente: se pasará la lengua por los dientes porque se los siente sucios. Apretará la lengua contra una muela y le vendrá un gusto agrio. Tragará un poco de saliva corrompida. Evitará mirarse en el reflejo de la ventanilla, pero lo hará de todos modos. No cometerá la vulgaridad de suspirar. Johan no suspira. Pero en su ojo transparente veremos un punto rojo. Ese punto rojo hubiese sido importante para comprender la pena que siente. Pero nosotros, espectadores fríos y distantes, no podremos entender que ese punto rojo es la manera en que la pena se transforma en parte de su mirada. Creeremos que es alguna luz que el Director de Fotografía no controló adecuadamente y se metió allí por error. No es ningún error. Está escrito en este guión. Toma 3, en la pupila transparente de Johan hay un punto rojo.
Luego veremos un plano detalle de una moneda caída debajo de un asiento. Nadie se molestará en levantarla, es de muy poco valor. La señora del personal de limpieza que en una de las escalas pasará la aspiradora, verá que destella como el filo de una navaja. No la recogerá tampoco, temerosa de que haya escondido por allí algún bicho que pueda picarla. Nosotros sabemos que no hay nada. El asiento es parte de un decorado y la moneda fue colocada por el camarógrafo de manera tal que el foco de la cámara fuera suficiente. El objetivo de mostrar esa moneda es aún incierto. Será parte de alguna clase de astucia argumental, o no, todavía no lo he decidido. Johan, sin embargo, sabe de esa moneda. Al buscar en uno de sus bolsillos una pastilla de menta se le cayo accidentalmente. Habrá que creer que el azar existe. Yo de eso no sé nada. Pero Johan, sin preguntarse semejante cosa, decide que las cosas impremeditadas no deben arreglarse inútilmente. Si la moneda se cayó, deberá continuar su vida sin ella. Tampoco halló esa menta con la que refrescar su aliento. Mala suerte. O no, según se miren las cosas. Johan, entonces, tiene un presentimiento. ¿Cómo sabremos que tiene un presentimiento?. Que se las arregle el actor, para eso le pagan tanto dinero. Pero tengo una idea que puede ayudarle: Que su piel cambie de aspecto. Que la manera en que coloca la mano sobre su pierna lo diga. Que aquello que intuía y no sabía cómo nombrarlo esté allí presente de golpe como una certeza ineludible. Ohh, Dios, parece decir al cerrar los ojos, Aquello Finalmente fue Cierto. Este es su Presentimiento. Pero no puede compartirlo con nadie. No podría aún queriéndolo. La cámara se desplaza hacia la negrura. Los presentimientos, de alguna manera, son oscuros. Y llegamos a María F. Ella, ya despierta de su sueño, parece sentir algo que la llama. Sería lindo decir que es la energía de Johan, pero nos equivocaríamos. Se trata del último instante de la repugnancia que le vino de golpe. Pero ella cree que esa sensación todavía es parte de su sueño. Supone cosas equivocadas de si misma. Ya estamos llegando al final de la escena. En el radar del avión comienza a destellar un punto rojo. Podríamos creer que es algo sobrenatural. Cometeríamos un error conjeturando que este punto rojo tiene algo que ver con el punto rojo que vimos en el ojo de Johan. Es solamente un punto rojo que destella. Mi intención es que nadie se ponga a interpretar lo que pueda significar esto. Si lo desea, el Sr.Director podrá acompañar a esta imagen con el ruido que hacen las cucarachas cuando comen papel.
El vínculo entre Johan y María F. ya fue sugerido. Ellos no lo saben todavía. Están en medio de la noche, volando a casi mil kilómetros por hora, ella acaba de tener un Sueño, y él un Presentimiento, están tan metidos en sí mismos que los traga el vacío, no vino nadie y les dijo, Oigan, entre ustedes pasará algo. ¿Cómo habrían de saberlo entonces?. Ni siquiera la circunstancia de que ambos coincidan simétricamente en las colas de los baños, y que avancen a la misma velocidad, que lleguen al mismo tiempo a destino, que se miren simultáneamente en los espejos, que orinen una cantidad de líquido similar, que salgan al unísono como una coreografía mil veces ensayada, y regresen a sus asientos con la misma sensación de que hay algo importante que han olvidado, sin poder recordar de qué cosa se trata ese olvido. Ya en sus asientos, Johan volverá a colocarse el cinturón de seguridad, y María F. a reclinarse para intentar seguir soñando. Pero el uno del otro no sabrán nada. Sin embargo, pasa algo mágico. La mujer de junto a María F. le dice: ¿Ha visto a ese hombre?. Y el compañero de asiento de Johan, le dice: ¿Ha visto a esa mujer?. ¿Y qué hicieron Johan y María F. con esas preguntas?. Dijeron, Sí, gracias, pero no siquiera saben a quien se referían, respondieron eso para poder volver lo antes posible a sus vidas de siempre. Y olvidaron enseguida el episodio. Jurarían no haberlo vivido nunca. Jurarán, años más tarde, no recordar haber estado en ese avión. Jurarán, por lo que sea, que de haberla tenido, jamás habrían desaprovechado esa oportunidad. Pero para entonces todavía falta mucho.
La toma 5 es simple. Se trata de un bollo de papel que gira en el aire, como un planeta expulsado del cosmos por alguna razón abyecta. Gira de manera tal que en algunos momentos podemos leer lo que está escrito en su interior. Habla de una noche negra de un viernes que ya no existe. De unos zapatos puestos a secar cerca del fuego. Se trata de una carta que escribió Maria F. a un hombre para decirle algo que finalmente decidió no decirle. En cambió, sí le dijo otra cosa. Le hablo de una herida cuya sangre no tenía su nombre. Se cuidó de no usar nunca la palabra Deseo. Llenó la hoja de letras pero dejó un pedazo blanco para que hubiese algo inconcluso. Luego encendió un cigarrillo y esperó algo que no ocurrirá. En el momento en que alzó la mirada para ver la Luna se produjo un eclipse.
Mientras tanto, un hombre, en una esquina indefinida, se alza la solapa del abrigo porque comienza a llover. No sabe si caminar hacia su casa o intentar hacer algo que nunca hizo. Por eso se queda quieto, esperando decidir que hacer. Los faros de un auto iluminan un rincón en el que hay un perro lastimado. Le cuelga una pata trasera, esa cosa ya casi no es parte del perro. Por un momento el hombre olvida su duda. Pero no se apiada de nada, ni siquiera de sí mismo. ¿Morirá el perro?. ¿Seguirá su vida cojeando en busca de basura?. La cámara se mueve hacia una ventana en la que vemos a alguien tocar un piano. A la mañana siguiente esa persona aparecerá muerta de una puñalada. Mientras tanto el hombre se acomoda nuevamente la solapa de su abrigo. ¿Qué hará?. Ni siquiera yo lo sé. Pero tengo una idea que quizás ayude al Sr.Actor a decidirlo. Que trate de bailar la melodía que le viene de la ventana. Que levante los brazos. Que deje que el agua le moje la cara. Pero no lo hace. Se dice a sí mismo que aquello que deseaba hacer será un Deseo Muerto. Podremos ver algo fantasmal que pasa por dentro de sus ojos. Esperaremos, viendo esto, a que el rollo de la cámara se termine.
La toma 8 requiere de un truco cinematográfico. Dejaremos a la cámara rodando en una esquina peligrosa para que alguien la robe. Por esto, no podremos saber ahora exactamente como sigue la historia, debiendo esperarse hasta el momento en que la policía recupere la película, si esto acontece alguna vez. Esto no es caprichoso, es algo que me dijo que sucedería una pitonisa que me tiró las cartas. Dijo que veríamos pedazos de zapatos corriendo. Luego algo en un espejo. Una boca mordiendo una cebolla. Una Luna manchada por algo que parece ser un fuego. Sin saber cómo, Johan estará allí buscando cambio en sus bolsillos, lamentándose de no haber recogido la moneda que perdió en el avión. Johan se sentará en una silla y reconocerá que ese no es su nombre. Alguien vendrá con un ramo de flores pero él negará con la cabeza sin saber exactamente que niega. Querrá decir algo, pero de pronto se sentirá tan cansado que no podrá hablar. Volverá la misma persona con otro ramo, y esta vez Johan asentirá con la cabeza y se pondrá a caminar por una calle oscura. La pitonisa me dijo que el hombre que mintió al decir que se llamaba Johan finalmente se detendrá y mirará hacia una ventana, y que en esa casa dejará las flores.
María F., vista en plano general, saca las cosas de su maleta. Tiene un herpe sobre el labio. Ella sabe que hizo eso porque no quería besar a su esposo. En el fondo de la maleta encuentra un trozo de coral. Ese fue el regalo del hombre que vivía en la playa le dio cuando ella le dijo que se iría. Aquella noche, mientras él dormía, María F. decidió que algo de ese hombre no había sido suficiente. Se llevaría el coral pero no otra cosa ni otro recuerdo. Decidió que olvidaría el rumor del mar, que olvidaría aquel fugaz instante en que fue feliz y creyó que todo era posible. Luego se sentará en la cama de sábanas blancas y no sabrá cómo continuar. Vendrá olor a café de la cocina pero ella no querrá ir allí porque allí está su esposo. No querrá soltar el coral que aferra su mano porque entonces habrá perdido todo. No querrá nada, pero no podrá evitarlo.
Johan, que verdaderamente no se llama así, le entrega el ticket al hombre que atiende la sección de equipajes perdidos. No logra responderle preguntas simples: De qué color era la maleta, en qué país fue despachada, a qué lugar se dirigía. Levanta un hombro, le muestra las palmas de las manos, ni niega ni afirma nada. Dice, Había un trozo de coral. Pero de esto tampoco está seguro. Se sienta en un banco y escribe algo en su agenda. La Vida es Horrible. Luego buscará en el diario el día en que la Luna tendrá un eclipse. Luego señalará la ventana de una casa y le preguntará a alguien si sabe quién vive allí.
La escena final es una fiesta. Los Productores insisten en que haya una escena de fiesta porque así la película es más fácil de vender. Habrá una entonces. Quise que la gente bailara un vals pero el músico que compondrá la música del film se negó terminante. Johan toca el violín de la orquesta. No parece especialmente virtuoso, pero no tiene importancia, nadie los escucha. Tiene ganas de fumar, pero no logra encontrar la forma de hacerlo mientas toca. María F. (estábamos esperando el momento) está en la fiesta. Viste algo negro, una especie de casaca japonesa que compró en Nueva York. Habla con un hombre que le mira el escote. Johan, mientras tanto, se bebe una copa de champagne. Busca sus cigarrillos pero parece que los ha dejado en su abrigo. Alguien dice que el pianista de la orquesta no pudo ir a la fiesta porque fue encontrado muerto de una puñalada. Alguien dice que esa noche habrá eclipse. Alguien le pisa un zapato a Johan, y cuando se disculpa por la torpeza, Johan hace un gesto que significa, Tranquilo, hombre, no pasa nada. Allí es cuando ve a María F. y ella lo ve a él. Que se hayan visto no significa nada. Johan es reclamado por el director de la banda para tocar otra pieza, pero súbitamente harto de algo, Johan renuncia allí mismo y sale al jardín. María F., súbitamente harta de todo, también va al jardín. Pero que ambos se encuentren en el jardín no significa nada. Juntos ven a la Luna, esperando el eclípse.