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Urrutibehety, Gabriela (D.Molina)

Ad maiorem gloriam dei



AD MAIOREM GLORIAM DEI

En este país en pocos casos se usa doble apellido: si se pertenece a la así llamada oligarquía patricia, como los Guevara de la Serna; si se es hijo de padres separados o si se está preso.

En el primer caso, se verifica actualmente que, siguiendo los pasos de Ernesto Che, muchos optan por elegir uno de sus apellidos, para diferenciarse del aluvión nuevo rico. En el segundo caso, se ha comprobado que sólo los utilizan las maestras de primaria para rellenar registros de clase y las madres para reclamar alimentos en tribunales. En el tercer caso, los usuarios son conscientes de que el parentesco no implica destino y por ello aceptan se identificados por disparates como “González-NN”, puesto que el linaje verdadero está en el domicilio: tal barrio, tal villa, tal calle dicen más de lo que le sucederá al portador en la vida que cualquier horóscopo o vaticinio bautismal.

Por eso a Bauer nunca le importó el NN más que el cabello rubio o el apodo de Bizco. Mientras fue a la escuela, actuó en todos los actos escolares: pudo más el color que su ojo desencajado. A partir de los 14, le sirvió a la policía para identificarlo fácilmente entre tanto pelo negro lacio, tanta estirpe boliviana, tanto acento paraguayo. A las fuerzas del orden, ya se sabe, no se les paga por tener imaginación sino por cumplir órdenes. Lo esperaron hasta que cumplió los 18 y el juez de menores no tuvo que ver más con él, y lo agarró un patrullero de la Bonaerense robando garrafas. Casi le sacan el ojo sano en la bienvenida, y después de seis meses de preventiva compareció ante su señoría con la asistencia del defensor oficial.

La audiencia estaba prevista para las 10 de la mañana; lo habían sacado de la celda a las 7, con tiempo suficiente para que se le fuera el aire de preso cuando lo viera el juez. Al guardia que lo llevó hasta la alcaidía de tribunales no le extrañó que llevara una biblia mugrienta, a la que le faltaban algunas páginas, seguramente usadas para armar cigarrillos. La alcaidía era un cuarto oscuro, con un banco de cemento, donde esperaban los detenidos hasta que se los hacía pasar para hablar con quien los requiriera. No tenía ventanas, apenas una lámpara sucia colgada del techo altísimo. Es de suponer que Bauer, ya para entonces Bauer-NN, limitada como venía de nacimiento su capacidad de visión, se haya guiado más bien por el olfato o incluso por el tacto en el registro primero del lugar: el olor llega sin preguntar y más aún cuando mezcla las secreciones de cuerpos con las de revoques en idénticas condiciones de desmejora. También es imposible de sortear el efecto del contacto con las atmósferas resultantes de tales mixturas. El oído puede que llegue a actuar en este momento, a no ser que se registre un silencio total, en cuyo caso el efecto se multiplicará proporcionalmente a la escasez de decibeles. Finalmente, la visión –porque el gusto no participa de estos reconocimientos- podrá optar entre los estados de cansancio o de resignación, y mucho más cuando se le exige un esfuerzo doble al tener que trabajar sólo por uno de los dos órganos que habitualmente dispone para su tarea. Así que no es de extrañar, como no lo fue para el guarda, que Bauer-NN trastabillara un poco al ingresar a la alcaidía, se detuviera un instante para equilibrar la marcha y, sin levantar la cabeza, enfilara hacia la derecha para sentarse, abrir el libro y comenzar a leer.

Cuando lo fue a buscar, pasado el mediodía, lo encontró casi inmóvil, la cabeza sumergida en  el libro con un sesgo leve hacia la izquierda, para mejor uso del ojo provechoso. Le sacudió un brazo, pero Bauer-NN no levantó la mirada de las letras. Los labios se movían sin sonido, al compás de la lectura. El guardia, por respeto a la majestad de la justicia, contuvo las ganas de una acción directa sobre la cabeza del preso, aunque no se quedó con el gusto de gritarle y sacudirlo al tomarle el brazo. Apoyada entre las manos esposadas, la biblia no acusó el golpe. Bauer-NN, en cambio, alzó lentamente los ojos y miró al guardia. El hombre sintió el asco que siente la gente ante los monstruos deformes, asco que conjuró con un empujón que dio con el detenido contra la pared contraria a la puerta de entrada de la celda.

El juez esperaba en el tercer piso, por lo que es de suponer que la escalera de Tribunales, mármol siglo XIX gastado, pasamanos de bronce sucio, haya participado de algún modo en la conversión del reo, como el camino a Damasco en episodios anteriores. El guardia, por su parte, ha quedado totalmente descartado como partícipe siquiera secundario del hecho.

En la antesala del despacho 25 del tercer piso el abogado de oficio tomó contacto con su cliente. Le aconsejó negar todos los hechos y declararse inocente. Aprovechó que el juez había ido al baño para atender en el pasillo a otro pupilo –como gustan decir los letrados patrocinantes- y recomendarle exactamente lo mismo. La celeridad de su señoría lo obligó a posponer las cinco entrevistas que le faltaban para completar  la jornada.

Desde su sillón, detrás del escritorio, el juez ordenó con un gesto al guardia que le quitara las esposas, cosa que se hizo con todas las garantías que la ley establece sobre el debido proceso. Bauer-NN se frotó las muñecas, sin abandonar la biblia, que colocó en su falda con cuidado en cuanto el juez le indicó que se sentara. Leídos que hubieron sido sus datos filiatorios y confirmados los mismos por el encartado, el juez comenzó el interrogatorio sobre hechos y circunstancias en las que fue cometido el –a determinar- robo o hurto de dos garrafas de gas licuado de 10 kilos cada una del domicilio ubicado en tal y tal, del barrio que ya sabemos en la ciudad mencionada más arriba.

El defensor hojeaba su agenda, resoplando cada tanto, mientras tachaba aquí y anotaba allá, por lo que Bauer-NN optó por hacerle caso y negar todo lo que el magistrado exponía como cargos, cosa que el funcionario debería haber estado esperando porque prácticamente antes de que el reo respondiera ya estaba ordenando al secretario que tomara nota. De este hecho es dable conjeturar la sorpresa –escasa, pero sorpresa al fin- con que volvió a abrir el expediente ante el pedido del acusado de hacer algunas aclaraciones. El defensor elevó la vista al cielo con un gesto de desagrado, y es de suponer que algo debería haber visto, una señal, un anuncio, un agüero, pero ya se sabe que, aunque tengan los dos ojos en buen estado, no todos son capaces de ver.

El asunto es que Bauer-NN pidió a su señoría ampliar su hasta el momento nula declaración, lo que preparó al secretario para seguir escribiendo cuando ya había dado por terminado el acto.

Comenzó apelando a la palabra de dios, cosa que no resulta sorprendente en la justicia penal por la habitual propensión de los ministros eclesiales de adoctrinar a la población carcelaria que tiene poco en que creer y se aferra a la tabla de salvación que le tiren, por dilatada en tiempo y espacio que ésta aparezca. Tampoco les es ajena a los funcionarios judiciales la retórica salvacionista ni el discurso fulmíneo del evangelismo penitenciario, conocido ente los presos por el mote de “los hermanitos”. Por eso, los primeros cinco minutos de declaración de Bauer-NN no causaron más efecto que el fastidio por tanta demora inútil en el magno accionar de la señora de ojos vendados, representada en ese acto por los supra dichos masculinos.

Es de sospechar que el abogado defensor reaccionara apenas unos segundos después que el secretario que tomaba nota, y una décima antes que el juez a quien iban dirigidas las palabras. Del guardia, damos fe que no se enteró de nada, porque trataba de escuchar a través del tabique contra el que se había parado muy firme el partido que la selección nacional jugaba contra Corea en la eliminatoria para el Mundial, trasmitido por una radio presuntamente ubicada en la oficina lindera.

Lo cierto es que Bauer-NN comenzó a hablar de dios, de los mandamientos y de la obligación de todo cristiano de ser fiel a la verdad. Habló de Jesús, de David, de Abraham, de los apóstoles y terminó hablando de Monterosso.

Fue entonces cuando el defensor oficial recordó a Monterosso, alias el Tata, un cliente de los habituales en la defensoría, con entradas y salidas periódicas de la cárcel por casi todos los delitos tipificados en el código penal. Y mientras Bauer-NN hablaba, el defensor recordó vagamente la última visita que le había hecho la mujer de Monterosso, para denunciar que el Tata se había ido y no había vuelto más. Reclamo no muy fervoroso, digámoslo, por parte de la denunciante, al que el defensor oficial había respondido con un ligero “cuando tenga novedades le avisamos”, para luego comentar con su secretaria la buena nueva de un cliente menos.

Para cuando el defensor oficial hubo terminado de encontrar en su mente la historia de Monterosso, Bauer-NN ya estaba dibujando un croquis con el lugar exacto en donde deberían cavar para encontrar el cadáver –dijo cadáver, efectivamente- del susodicho, devenido en víctima después de tantos años de caratular como autor penalmente responsable.

El juez, que ya había firmado por anticipado el libérese no obstante continuidad del proceso tuvo que romper los autos correspondientes y ordenó el inicio de averiguaciones por presunto homicidio, devolviendo al infrascripto a su alojamiento en la cárcel local.

Para la ronda eliminatoria del mundial, Bauer-NN volvió a tribunales con la misma custodia para comparecer por el asesinato de Monterosso. El abogado defensor llevaba ya preparado el oficio para pedir la excarcelación provisoria alegando espíritu de colaboración con la justicia que el juez no tuvo reparos en concederle, en atención al favorable informe del Servicio Penitenciario y al pedido especial del pastor Giménez de permitir al hermano Bauer-NN continuar su tarea evangelizadora y misional, siempre en busca de la verdadera justicia, la divina.  

Cuando el procesado pidió nuevamente la palabra, el guardia estaba festejando en silencio el gol que permitía el pase a los octavos de final del equipo de la patria. El secretario fue el único que sintió –dijo más tarde- un anticipatorio sudor frío correrle por la espalda.

Luego de reconocerse matador del Tata Monterosso –cuyo cadáver fue recuperado en el sitio por él mismo indicado y enterrado sin gloria ni identificación de cruces o lápida- por cuestiones que se excusaba ventilar ante la suprema majestad de la justicia, Bauer-NN comenzó a hablar de Mujica, el gordo. El abogado defensor no pudo reconocer ese nombre, posiblemente por razones de jurisdicción. El juez, pese a que buscó en la base de datos no encontró víctima alguna con ese nombre. Sólo un caso de averiguación de causal de muerte resuelto finalmente como paro cardiorrespiratorio no traumático.

La re-autopsia que ordenó a partir de la autoincriminación del compareciente señaló que la bala le había ingresado por la axila, sin sangrado evidente, puesto que la abundante capa de adiposidad del occiso enmascaró el síntoma y engañó al forense actuante en primera instancia.

La próxima audiencia en la que se tomará declaración indagatoria a Bauer-NN, alias “el alemán”, alias “el rubio”, alias “el bizco”, ha sido fijada para el día de la semifinal en la que la selección de fútbol espera obtener el pasaporte para repetir la hazaña de Méjico 1986.

La prensa ha revelado que Bauer-NN, a  quien han apodado El Ángel de la Verdad, está confeccionando un lista de 137 homicidios cometidos por él, de los cuales ninguno ha sido investigado convenientemente, lo que a decir del periodista que firma la nota es una muestra más de la desidia, la irresponsabilidad, la nulidad mental y la corrupción intrínseca de la policía y la justicia de nuestro país, que tienen que esperar a que a dios se le ocurra iluminar a un pobre loco para que diga la verdad y les facilite el trabajo por el que sus buenos sueldos cobran.

En la cárcel se reciben diariamente cientos de cartas para el interno Bauer-NN, incluyendo bienaventuranzas, reclamos, pedidos de consejos, sugerencias y declaraciones de amor.

Pese a que se trasmitirá en directo la audiencia, la decisión de cortarla para trasmitir las jugadas de peligro de la semifinal ha despertado la ira de numerosos grupos qu están juntando firmas en contra del fútbol, que embrutece el espíritu y aleja al alma de los valores verdaderos.

Seudónimo: D. Molina

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