PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Volver

Rodríguez- Mateo, Juan R. (Juan Torreherberos)

(Ya)



(Ya)

Juan Torreherberos

(hubiera sido) para C

“mi destino es caminar como si nada pasara sabiendo que un descuido me hará sinónimo de olvido” Zatu (de SFDK)

cuando volví a conocerlo, mi ya-no-abuelo era un muerto de doce años pero el día de su entierro (que aún no recuerdo) yo no podía saber que lo vería esa tarde.

y resulta que yo acababa de aprender (aquella mañana) quién era Houdini (el mago Houdini) pero tampoco puedo saberlo ahora porque aún no recuerdo (aquel día). y Ella, no habiendo estado allí (yo no la vi), es, quizá, quien mejor contaría la historia (de aquel día). pero esto da igual porque Ella no forma parte de mi vida desde hace mucho tiempo: así que nadie como un personaje para contar una historia. un personaje, distante de tal forma de la persona (Ella) que lo originó, que sólo con cierta dificultad reuniría el suficiente valor para encontrarse.

(Ella siempre confió en sí misma por eso me gustaba tanto).

con todo, el actor principal soy yo: lo que entonces fui o lo que de ello queda. que uno sea el protagonista (de algo) tiene sus ventajas (y sus inconvenientes, según parece). uno cree saber a la perfección quién fue. cree saber quién quiere ser.

(el presente son otros asuntos: batallas siempre imprevistas que se suceden con pasmosa lentitud).

algunas veces he repetido a mis amigos (amigos imaginarios, claro) que no tuve niñez: solamente se tiene lo que se recuerda: y yo no recuerdo todavía nada: ni aquel día de mujeres vestidas de negro, ni a mi tía-abuela Agustina (aquella mañana) después del desayuno con mi padre (antes de salir) contándome cuentos (no los cuentos, que sí se aferran a mí: historias que se instalaron con alquileres baratos en mi memoria durante aquella época y cuyos contratos parece que nunca van a vencer), no recuerdo los ovnis (años después: 1979) sobre el castillo, no recuerdo las tortillas francesas de Leo (Josefa, la cocinera, siempre se negó a dejarlas tan crudas como a mí me gustaban) sentados los días de verano en la puerta de la casa: la misma casa de aquella tarde, catorce/quince años después. o no la misma casa, vieja ya, los muebles acumulados en las habitaciones de la planta alta. no la misma casa, sin movimiento de mujeres: vacía. sin mujeres: como aquella mañana.

sólo mujeres mirando. y Ella, que quizá no estaba, mirando también. Ella sin decir (como esa tarde). sin poder decir. sin respirar. mirando fijamente: como no miran las chicas de dieciséis años (como no miraban entonces. ahora, no lo sé).

(ese día).

–¿qué haces aquí? –mi padre gritando como nunca antes/después.

–¿qué haces aquí? –mi padre con esa corbata roja y fina de los años sesenta, anticuada entonces, que ahora yo me pongo (sólo combinada con la camisa de cuadros grises y rojos: rojos los cuadros roja la corbata).

mi padre aún veía pero no le dirigió la mirada.

(esa tarde).

Ella sin decir. sin respirar. mirando fijamente sin decir. sentada en el sofá. y mi padre, aún no-ciego, sin conseguir verla: Ella sentada en el sofá desnuda mientras yo la dibujaba.

–¿qué haces aquí? –mi padre gritando con la corbata roja y fina apretada, como su vena de la frente: roja y fina. el nudo pequeño apretando la garganta.

Ella, que no estuvo (que quizá sí estuvo y yo no la vi) (aquella mañana), mirando por los ojos de su madre, por los de sus tías. mirando aquella casa que todos dejamos vacía (un “todos” femenino solamente, un todos que hasta aquel día yo no había necesitado entender). un niño de cinco años (aquella mañana) (además) viviendo por primera vez la palabra “vacía” (todos y vacía): saliendo los últimos (Leo y yo) de la casa (ya) vacía.

vacía: como cuando mi padre gritando con su (con mi) corbata roja y fina y Ella desnuda en el sofá (posando desnuda en el sofá) mientras mi ya-no-abuelo (ya-no-muerto) gritaba a mi padre (–Juan, es mejor que te calles –) gritando también mientras yo le pedía (–por favor, don José –) que lo dejase, que (–por favor –) se callara que mi padre (aún no-ciego) no lo oía no lo veía como tampoco la veía a Ella (desnuda e invisible en el sofá).

y yo, por si fueran poco (los gritos el vacío) (mi padre mi ya-no-abuelo): imaginando (también) a Leo, otra no-muerta (ya), gritando (–¿por qué? Niño ¿por qué? –) en la casa (ya) vacía, Leo gritando después de haber visto a su sobrina (una sobrina de dieciséis años: una sobrina ahora desconocida, embarazada de mí) (su Niño y su sobrina) desnuda en el sofá, después de haber oído a mi ya-no-abuelo gritando (–Juan cállate que estás en mi casa –) ya-no-muerto (también) (como ella misma en ese momento), a mi padre gritando (–¿qué haces aquí? –) (la corbata apretando su garganta), a su Niño (a mí), doce/trece años después, dibujando a su sobrina (embarazada de su Niño) desnuda e invisible.

–vamos Niño –Leo huyendo (gritando) de esa casa vacía (esa casa en la que vivió tantos años y que ahora desconoce), huyendo de mi ya-no-abuelo gritando (–Juan cállate –), huyendo de su sobrina desnuda embarazada invisible sentada en el sofá, su sobrina desnuda por verse, desnuda porque yo la besara porque yo la tocara (por tocarme) de nuevo, desnuda por sentirse mujer (dieciséis años: (ya) mujer).

–vamos Niño –Leo huyendo (arrastrándome) de esa casa vacía y de los años quizá, huyendo conmigo de mí (de mí: su ya-no-Niño, doce/trece años después). Leo huyendo de su sobrina, desnuda e invisible como nuestro hijo desnudo e invisible creciendo en su sobrina.

–vamos  Niño –huyendo (arrastrándome) de lo que no podía ser.

y mi padre (poco tiempo después) ya no gritando, hablando a la pared y dirigiendo las palabras a mi madre (–tranquila Luisa tranquila –) y mi madre (dándome la mano) (tranquila no porque se lo pidiera mi padre). y Ella triste, tumbada (dándole la mano su madre –tranquila Mamá tranquila –). y el médico que todo muy bien que todo ha terminado muy bien. y Leo (otra vez ya-no-muerta) mirando a su Niño (no a su sobrina: Ella invisible aún/siempre). y el médico (el doctor Peña) que todo muy bien (algo más de hemorragia de la cuenta pero que todo muy bien que Ella en tres días, a casa): pero que (ya) no podrá llamarse Lucas (–qué lástima lo siento –), que no podrá llamarse de ninguna manera (vaya). Ella tumbada y pálida: recobrando la vida pero yéndose de la mía (rápida y suave, como se van las cosas que luego te acompañan siempre), yéndose (para siempre) como (ya) se había ido Lucas.

(yo la amé: entonces y hasta mucho tiempo después).

–Mamá una máscara antigás (o el vestido de nazareno) Mamá –y quería taparme la cara sin saber por qué.

(aquella mañana).            una máscara antigás que había visto un rato antes (unas horas antes, en casa: mientras mi padre me daba el desayuno mientras mi tía-abuela Agustina preparaba mi ropa). una máscara antigás en la Salvat: en la M de “masaje” de “Masari” de “Mascareñas”, en la M de “madre-queriendo-llorar” de “Mami” (mi ya-no-abuela), en la M de “mujeres”.            (todas mujeres).            allí.            aquella mañana.            a quienes yo veía: sólo mujeres. mujeres rodeándome:

- mi ya-no-abuela

- mi madre (–cállate –) y mi tía María (jóvenes y serias las dos, queriendo/sabiendo no-llorar)

- la Tata y Leo y Josefa (queriendo llorar sin saber cómo)

- (y Ella quizá, entonces una niña de la mano de sus tías (o de su madre) quizá, quizá memorizando gestos y palabras pero callada e invisible como luego en el sofá. invisible como siempre lo fue el (nuestro) hijo que nunca llegó a serlo).           

sólo mujeres: porque mujeres también las otras dos (desconocidas) que no paraban de llorar. aquellas dos mujeres (allí detrás) (desconocidas llorando calladas) con  dos niñas (desconocidas calladas) cogidas de las manos.            no recuerdo a los curas. no recuerdo a mi padre. no recuerdo a mi tío José Antonio (ahora (ya) con Leo con la Mami con mi ya-no-abuelo con tantos otros). no recuerdo a Miguel (a Migue) aquella mañana ya-no-detrás como siempre estaba de don José, detrás (como aquellas otras dos aquella mañana), detrás fuerte callado (callado como calladas las otras dos). detrás (siempre) de mi ya-no-abuelo.

no recuerdo tampoco a todos los señores vestidos de negro (o de uniforme). no los recuerdo.            –cállate –mi madre queriendo llorar y no por su tío muerto que yo creía mi abuelo (mi ya-no-abuelo), no por su tía viva que yo creía mi abuela: su (mi) Mami.            (–cállate –)            y esas dos niñas que no conozco (allí) (detrás) de las manos de las otras mujeres. de la mano de la otra (allí) (detrás). de la mano de la hija de la otra. ellas sí-nietas allí detrás. y esas dos mujeres desconocidas llorando. ellas: las únicas llorando. ellas: pobres. porque sólo los pobres lloran decía mi ya-no-abuela: la cara impasible y seca (seca como seco su vientre). sin un gesto.            –cállate –y yo hacía un rato que ya no hablaba aunque siguiera queriendo esa máscara antigás de la Salvat (o un vestido de nazareno).            y mi madre sin mirar a las otras que nunca antes había visto. que nunca (luego supe) había visto pero siempre allí detrás (como aquella mañana). detrás tantos años. (detrás).            y yo callado: que aún no había leído lo suficiente para entender. callado: sí educado en no-mostrar, en no-pedir (aunque necesitara, más que cualquier otra cosa en el mundo, esa máscara antigás de la Salvat).

y mi abuela (mi ya-no-abuela): ella sí imperturbable. su marido allí: dentro de esa caja sencilla y oscura (tan grande como él). ella sin llorar. ella, mirándonos de reojo a mi tía a mi madre, mirándome a mí. ella, detestando (quizá no terminando de entender) las casi-lágrimas (que no eran por el muerto sino por la vergüenza).

y cuando me colocaron el gotero para sedarme (o antes incluso: media hora antes, mientras un enfermero me afeitaba las ingles y el vientre), cuando un médico joven y amable me abría la vía en la muñeca para ponerme el gotero que me sedaría (evitando así que sintiese el pinchazo entre las vértebras lumbares), cuando voces que (ya) casi no oía intentaban relajarme (–tranquilo Juan tranquilo –) desconociendo lo que esas palabras traían a mi boca, cuando todo ésto (o antes incluso: la semana anterior mientras el urólogo (doctor Giráldez) me traducía el espermiograma (el tercer espermiograma completo) que yo (ya) había comprendido) yo ya (otra vez: antes) (yo: tampoco) sabía que ahora (ya) jamás podría tener hijos.            en fin, que todo ha pasado (prostatitis imprevista y acabamiento de apellidos incluidos) y, además, la “C” del principio a la que hubiera dedicado la historia (aquella con la que pensaba tener esos (otros) niños (niña: Andrea, la primera) que ahora pues que (ya) no), ex“C” debería decir, se ha ido (se ha ido como se fue don José, como se fueron Josefa y Leo y la Mami y Lucas, como se fue Ella, como se fueron mis padres y mi tío José Antonio).            y ahora (ya) lo sé: la vida es así: jodida y memoriosa: te lo devuelve todo (con el gotero puesto y la espalda pinchada y las ingles rajadas y los huevos inútiles y esa ridícula bata verde sin ropa interior y, aún así, te lo devuelve todo).

y resulta que acabo de escribir esto último (que era el final) sentado en el Starbucks de Génova (con el corazón encogido, la verdad). y cuando termino, se me ocurre acercarme (dando un paseo) (por despejarme) a la librería Arrebato, y el bueno de Jose va y me recomienda Mass Miedo de Gonzalo Escarpa y me fío de su consejo y ni lo miro y se lo compro y llego a casa y lo abro y: apunten fuego (“¡Pero, che!”): la dedicatoria: “Para el hijo que no voy a tener y la mujer que pude haber tenido”.

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de