En el Congreso de los Diputados de Madrid, a cuatro de mayo de 1994, reunidos los diputados que han querido venir y logrando quórum en tercera convocatoria ( a las otras dos no han venido ni los ujieres), da comienzo la sesión plenaria para aprobar el Decreto Ley núm. 475 de la legislatura. Toma la palabra el diputado popular (no porque tenga especial fama, sino porque es del Partido Popular), D. Tomás Tuerzo, quien afina en tono de arenga bemol y espeta a la concurrencia:
—La realidad socioeconómica del país nos obliga a un exhaustivo análisis de las directrices para el desarrollo del futuro. Por otra parte, y dados los condicionamientos actuales , la estructura actual de la organización habrá de significar un auténtico y eficaz punto de partida de toda una casuística de amplio espectro.
Y sigue hablando sin decir nada durante hora y media. Y lo que dice no es fruto de su esfuerzo ni de la improvisación, está leyendo con palabras grandilocuentes una octavilla a cuatro columnas, hábilmente entrelazadas para no contener significado alguno. Se titula “Sorprenda a sus amigos hablando durante horas y horas sin tema ninguno”, y se la ha conseguido su hija Tere Tuerzo, que estudia Filología en la universidad.. Sin embargo, como habrá que entrar en materia antes de la hora del fútbol, el Presidente cede la palabra a Mar Rojo, diputada por Izquierda Unida (a quien, según la lógica manifestada anteriormente, y a su especial empeño en no hacer distinciones, llamaremos la diputada unida). Ella afina en tono arenga encendida mayor y espeta a la concurrencia:
—Una vez más el Partido Popular nos quiere engañar haciéndonos creer que es necesaria la supresión de las letras del alfabeto por el simple motivo, señores diputados , de que no valen para nada, porque hay otras letras que cumplen la misma función. Y pretende dividirnos con el estúpido argumento de una votación democrática. ¿Pero es que hay que posicionarse ante la sugerencia de García Márquez de suprimir las letras que no valen para nada? ¿Es que acaso hay que tomar posiciones para despedir libremente al trabajador cuando ya no puede servir más al colectivo social? ¿Es que no es evidente la injusticia que hay detrás de todo este montaje del Partido Popular, que tiene sólo ante sus miras el despido de la secretaria del Señor Tuerzo? ¿Es que no se da usted cuenta que con el despido de las letras, rompe usted el propio idioma?¿Es que pretende usted romper y destrozar las propias letras? Pues rompa usted Señor Tuerzo, rompa usted las letras que acabo de firmarle para comprar el Maserati, porque son inútiles: no pienso pagarlas.
Y con una ovación, abandona el micrófono.
La posición de Mar Rojo es bien clara: por una parte, le compró el Maserati al Señor Tuerzo, al que ya no le cabían más coches en su chalet, para mantener su estatus y fomentar la envidia de sus conocidos; sin embargo, como su ex marido hace más de tres meses que no le pasa la pensión alimenticia porque el pobre está en paro y considera que es Mar la que debería compartir su sueldo de diputada unida con él, no puede afrontar todos los gastos que se le vienen encima, por lo que no tendrá más remedio que dejar de pagar algunos gastillos, entre ellos las letras del coche, el alpiste del loro y el Canal Plus. La vida se presenta dura para la diputada unida desde que se ha separado. Por otra parte, hoy se ha levantado con el pantalón a cuadros y va a votar a todo en contra.
Toma la palabra el diputado convergente Sr. Enric Hachón:
—¿Que el Partido Popular quiere que votemos? Bien. votemos pero votemos en contra, pero si por casualidad ganáis los equivocados, redactemos ya las reglas del juego. Es importante redactarlas, sí. Huyamos de la libertad ortográfica que fue la causante de las ambivalencias de hoy. No dejemos esto de nuevo para el futuro. Quiero decir, señorías, que, si vamos a utilizar la relación biunívoca “Letra=sonido, sonido=letra” más vale que concretemos cuáles son las letras que vamos a jubilar.
La moción es votada con seis votos a favor y el de Izquierda Unida en contra. Ya hemos dicho que habían venido pocos diputados hoy. El Secretario procede a ir llamando a las letras presuntamente implicadas en el embarullamiento del lenguaje.
—Letra C. Letra C. Se ruega a la letra C que se siente en el banquillo.
Y procede a tomarle juramento sobre la Constitución.
La letra en cuestión se niega porque dice que le es imposible levantar ningún brazo y que además los de HB se negaron en su día y tampoco pasó nada. Se acuerda entonces por mayoría de 6 a 1, con el voto en contra de IU tomar juramento sólo a la letra X que es la única que tiene extremidades bien diferenciadas. Actúa como Juez su señoría D. Cecilio Mena Moro:
–Empecemos por la C. La pobre ha trabajado ya tanto, haciendo de “ca” y de “ceta” que está muy manida; más vale suprimirla ya que no es imprescindible. Ambos plazas de sonidos están cubiertas ya por otras letras. Además, que se fastidie. Abajo el pluriempleo. Así que, a partir de ya, suprimida la C. Por zierto, esto me obliga a kambiar mi firma. Oh, ah, qué pena, entonzes resulta que la firma del aval que hize respaldando a Mar Rojo en las letras del Maserati no es válida y, por konsiguiente, no podrán implikarme. Esto no se le había okurrido ni a Pilatos.
—Ahora pasamos a la controvertida B. ¿Para qué queremos una B si tenemos una V?, dirán algunos. Pero hay que romper una lanza en favor de la B. Es la primera que aprendimos, por tanto tiene más antigüedad en la empresa y además está embarazada de gemelos: debe, por tanto, permanecer. Además la V sólo se acopla a las vocales, su relación con las consonantes es nula. Así que es la V la que desaparece. En el fondo es una pena, porque nos acabamos de cargar el chiste del alcalde que convoca una reunión para el viernes y termina diciendo al alguacil: es igual, ponla para el lunes.
Hay un pequeño tumulto provocado por el diputado del PNV que no quieres pasar a pertenecer al PNB, porque a él no le llama Bruto nadie. Pero bueno, si no ha jurado la Constitución y no hay nadie que le obligue a respetar la ley... ¿Quién coño le va a prohibir el uso y disfrute de la V, a ber?
Superado el incidente, D. Zezilio Mena Moro continúa:
—Es el turno de la H. Letra a todas luces inútil, y ya se sabe que cuando hay recorte de presupuestos, primero se suprime la superfluo. Señora H: ¿Quiere decir algo en su defensa? Ah, conque no dice nada. Entonces procedemos a suprimirla.
Sabido es que la pobre hache no puede defenderse, no porque sea muda como muchas veces se la ha imputado sino porque es muy tímida y sólo habla cuando tiene algo que decir. El resto de las letras, en una piña, cierran filas en torno a ella para que pueda exclamar: CHOÑO. Sin embargo, un miembro de la policía ortográfica recientemente creada, se abalanza sobre la C, que ya está sentenciada, con lo que el grito queda en el aire como HOÑO, perdiendo definitivamente la H toda la fuerza por la boca. Durante breves momentos, para imprecar tuvimos que decir así: OÑO. Pero la eficaz policía ortográfica se apresura a tejer un cordón humano alrededor de la K para llevarla a su puesto de trabajo. Y aunque el resto del alfabeto le susurra “esquirola”, todos estamos muy contentos de poder decir de nuevo KOÑO
El secretario D. Armando Revuelta Grande vuelve a tomar el hilo de la discusión, llamando al banquillo a la G y la J, que llegan agarradas del brazo. A la vista de los recientes acontecimientos han pactado en secreto y han dividido claramente sus fronteras: G se ocupará del sonido suave y J del fuerte. Además, argumentan, no podemos suprimir ni a una ni a otra, porque se acabarían las risas (G,G,G ) o las bailes regionales (J). De manera que, tras este acuerdo, alguien propone la revisión de todos los libros de texto, en lo que, a partir de ahora, se enseñará que la kapilla sixtina es obra de Migel Anjel
Un diputado de Minoría Catalana aprovecha a pedir la reducción de espacios inútiles en aras al ahorro de consumo de papel. Se procede a su votación y, aunque a todos les parece una chorrada, se aprueba por mayoría, con el voto de IU en contra y el del diputado convergente que por motivos puramente personales no converge con la opinión generalizada de defender una postura con matices ecologistas. Y es que, suprimida la H y los espacios inútiles, deberá firmar Enricachón, cosa que no le convence mucho. Y ahora la kapilla sixtina la pintó Migelánjel.
Tras resolver el conflicto tripartito C-K- Z, alguien apunta que la letra Q no merece ni ser juzgada. Sencillamente ya ha pasado a la historia. Y de paso, habrá que ajustar el sueldo de la U, ya que pierde el plus de disponibilidad. Ya casi no la necesitamos. El diputado unío (de Unió Valensiá) don Enrik Ísimo vota a favor, ya que él hace mucho que ha prescindido de la Q y le va muy bien. Al contrario que la diputada de IU, por principio siempre vota a favor de lo que sea, lo que le brinda ocasiones múltiples de pactar con el diablo. Y eso que la supresión del espacio en blanco tampoco le beneficia personalmente.
Hay un intenso debate sobre el destino de la W. El diputado popular sostiene su despido, ya que su funcionalidad es similar a la b o la v, y ya que ésta última ha sido despedida, no ve por qué debemos mantener un puesto de trabajo para la w, que vale sólo para indicar los vatios de una bombilla. El diputado mínimo (minoría Catalana) manifiesta que no sólo de vatios vive la w, y que a ver qué oño va a pasar con el wisky.
El señor Tuerzo insiste en que el problema no es tal, ya que se ha solucionado hace tiempo, españolizando los términos, al haber sido sustituido con éxito whisky por uisqui y guaitlábel por dic. Además, insta al señor diputado mínimo a que se actualice, porque ya puede decirse koño.
La diputada unida separada Mar Rojo defiende a capa y espada el puesto de trabajo del trabajador W manifestando su total desacuerdo en la escasa funcionalidad del mismo:
—Prueben, prueben sus señorías a decir washington sin W.
—Uasinton
—No es lo mismo.
—Pero se entiende
—¿Y qué me dicen de Wolkswagen?
—Bolsbagen
La diputada unida arroja la toalla: ya no es Mar Rojo, es un Mar de lágrimas. La W queda pues suprimida. La industria BMW confunde su nombre con el de la empresa familiar afincada en Badajoz BMB (Boniatos Muy Buenos). Las acciones de la primera caen; las de la segunda, en alza.
El diputado catalán usa su móvil para dar a su broker instrucciones al respecto.
Le llega el turno a la X. La diputada Mar Rojo una vez más se encarga de la defensa de un puesto de trabajo. Aunque es cierto que puede ser sustituida por el binomio CS, es una letra que resalta bien en una lectura rápida y nos sirve principalmente para saber si en un libro se habla de sexo. Por otra parte, quedaría ridículo ir a hacerse mirar por rayos CS, y las salas porno se identificarían con la matrícula de Castellón, lo que tampoco hace mucha gracia al diputado convergente, que en esta ocasión también diverge, por ser natural de Benicasim. Además, continúa Mar, el álgebra se complicaría mucho, porque una sencilla ecuación como x+2=7 se haría imposible de resolver al contener dos incógnitas así, por las buenas.
Tras un intenso debate, se acuerda:
—eliminar la letra x del alfabeto castellano
—obligatoriedad de subrayar y poner en negrita en todos los tecstos la palabra secso
—sustituir la x en matemáticas por un cuadradito
—cambiar la matrícula de Castellón por CA y la de Cadiz por CD (Toda solución engendra nuevos problemas. Murphy.)
—afirmar que la kapilla sicstina la pintó Migelánjel
Llegando a este acuerdo, el diputado catalán nuevamente tira de móvil para instruir a su broker sobre la compra de acciones de PLACOSA ESPAÑOLA, empresa monopolizadora de placas matrículas para coches.
Queda por último debatir el triángulo amoroso de la Y. Por una parte, se inmiscuye en el trabajo de la LL; por otra, es una vocal intrusista porque se entiende con la I . Pero ¿qué hacer con ella ? Si la suprimimos, ¿cómo diremos dos cosas a la vez? ¿Nos condenamos eternamente a la E? Aguja e hilo; plátano e manzana.
—Nosotros nunca hemos tenido ese problema —sugirió el diputado minorista— Vilanova i la Geltrú. ¿Veis?
—Sí, a partir de aquí, queda suprimida la Y.
—Pero entonces, la abreviatura del Canal de Isabel II ahora será CIII, o sea 103, que es un uiski. —replica Mar Rojo, pero la hora del partido se acerca y hace tiempo que nadie la escucha. En su fuero interno, le queda en pequeño consuelo de que lo que pintó Migelánjel no fuera una kapiya.
I sin más asuntos que tratar, se lebanta la sesión a tantos de tantos de mil nobecientos nobeintaikuatro.
Después de tan agotadora jornada ejerciendo el constitucional derecho del despido libre, los señores diputados se marchan a ver el partido. El España-Alto Volta está a punto de finalizar. Cero Cero en el marcador. Ultimo segundo del encuentro y el equipo español en posesión del balón. Va a tirar a puerta, pero titubea. El colectivo de los diputados le anima, pero, en contraste con anteriores ocasiones en que todos animaban con el mismo grito, esta vez no pueden ponerse de acuerdo:
—Kuta
—Uta
—Zuta.
Evidentemente, el jugador no puede entenderles y no patea como debería. El árbitro pita el final del encuentro,.
—¿Véis? ¿véis? —solloza la diputada unida , que desde que está separada es una forofa del fútbol—. Tanta prisa por irnos y al final se nos ha olvidado solucionar lo de la CH.