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Verano Ramos, Elia María (Sol de Verano)

La Casa de Juan



A la memoria de este espacio entre tus paredes…

…vivencias

Corría el año de 1968, con solo 15 años vine a vivir aquí, tenía miedo, pero existe la razón del ser, la obligada compostura de vivir.

Me acostumbré a tus paredes, y te aprendí a amar, en la convivencia diaria y de percibir “la presencia”, Juan.

Juan es tu nombre, sublime y transparente presencia sin rostro humano, sombra que se desliza por las claras paredes en las noches de luna; Te veo, y no te temo, ¿te divierte pasar a través de las puertas cerradas?, aunque para entrar desde la calle, la principal se abre al sentir tu paso, la presencia del amo, del señor que la habitado y dominado, durante tantos años, o desde otra dimensión pasada, congelada.   

Aparece tu negra figura que a trasluz perfila tu larga capa, dejando asomar apenas las burdas y pesadas botas, un sombrero de ala ancha, y el sonar de las espuelas que golpean en cada paso este patio de ladrillo rojo.   Y te sigue mi mirada, caminas al interior volviéndote calcomanía flotante en las blancas paredes que a la luz de los faroles transparenta y difumina la negrura de tu sombra, hasta perdérseme de vista;    Es tu habitual saludo nocturno, es tu dominante presencia la que ambienta esta casa.

Y te ignoro, como lo hago siempre, regreso a mi rutina diaria, aunque estás ahí observando de mi cada movimiento, te siento, y no te conforma el que te ignore, prefieres hacerte presente con tu fétido olor dirigiéndolo, haciendo sonar las espuelas de tus botas que golpean la duela del piso, hasta llegar a una esquina en la habitación, ahí te concentras, y me parece que escoges el mejor ángulo de dominio para observar mis movimientos;   Así transcurre el tiempo, te gusta jugar con tus habilidades fantasmales, pero, el juego no te da resultado.

Ya van a dar las 12 de la noche, y me encuentro en mi habitación, descansando mientras veo televisión, dando las 12 tocas a mi puerta, con tus clásicos 3 toquidos pausados, y hasta parece que les añades eco, ¿No te importan mis insultos?, pero… ¿te importa que te ignore y quieres vengarte?, apareces de la nada un goteo de agua, dirigido fuera de mi puerta, y me asomo ¿te divierte? , y no hay nada, tras cerrarla nuevamente reanuda ese goteo, enojada apago la luz, y me dirijo a mi cama para dormir.

Es de madrugada, no me haz dejado dormir botando por el patio toda la noche una pelota ponchada, debo levantarme para alcanzar a bañarme, entro a la cocina y al querer pasar al comedor para ir al baño, OH!!!, no puedo abrir la puerta, me la ha atrancado con una silla, ¿No te cansas de molestar Juan? – te digo-  pero la puerta es abatible para ambos lados y logro abrir jalándola hacia mi.   Me dispongo a disfrutar de un rico baño, abro las llaves y comienzo a sentir el placer del agua tibia deslizarse por mi piel, al enjabonar mi rostro, siento una nalgada -¡¡¡Ay!!! no puedo abrir los ojos-, de mi boca salen sapos y tarántulas!! , pero cuando logro ver no hay nada, -¿otra vez tú? - .   Mi mamá oye mis gritos y va a ver que pasa, -ja ja ja – se burla de mi, ella cree que invento.

Es fin de semana, y llega nuevamente la noche, me encuentro en la cocina, mi mamá ha ido a una fiesta y llegará de madrugada, para amenizar prendo el radio, escojo una estación moderna y tranquila, mientras mis hermanos están en su recamara viendo televisión, esperan les prepare de cenar, pero oigo que me llaman, acudo a ellos, de repente una música ranchera en alto volumen llama mi atención, y regreso a la cocina, Juan me ha cambiado la estación, y lo vuelve a hacer una y otra vez  si me descuido, en fin, me decido a apagar el radio para servir la cena.

Ya mis hermanos se han dormido, prendo la televisión y me recuesto en la cama de mi mamá, me dispongo a ver una película de Pedro Infante, la trama absorbe mi atención, y de repente siento que “alguien” sume la cama a mi lado, Juan otra vez!!, y trato de ignorar su atrevimiento, pero no entiende, lo tengo que insultar nuevamente, se molesta y camina hacia los oscuros de la puerta con ruidosas pisadas, recargándose en ellos haciéndolos salir de su lugar, con paciencia me levanto y guardo nuevamente el oscuro en su lugar, ignorando su berrinche, y regreso a mi posición mientras el suelta un fétido olor a amoníaco.

Y así día tras día, en este espacio compartido entre dos dimensiones de vida, mismo espacio y diferente tiempo.

Querido Juan, donde quiera que hoy te encuentres, deseo que en tu actual vida, en esa dimensión se te conceda la paz.

Tu recuerdo se guardará por siempre en las paredes de esta casa, “La Casa de Juan”.

 

 

“En la noche….”

Quiero ver el rostro del tiempo

Alargando las horas cortas de la noche

Observando las sombras,

Mientras el sueño me arrastra en su profundo abismo

Y me resisto,

Trayendo a mi mente

Todas las gotas de rocío, los aromas

Y los sonidos, que nadie oye en el letargo de la noche

Una noche más  en mi corta vida

Que camina con pesadas botas

Avanzando a la salida

Solo busco una mano, una mano amiga.

Se antoja escribir en el cielo,

Un poema salido del alma

Y guardarlo con dulce recelo

Para leerlo desde mi ventana

Son palabras de azul terciopelo

Que acarician de solo sonar

Los matices que están en el cielo

Sean el fondo en “La Casa de Juan”

Estoy sentada en la banca de los pensamientos, en el jardín de la ilusión. Aquí, desde este ángulo vislumbro realidades, de esas que solo se sienten, pero se callan, de esas que no tienen forma, porque si tuviesen nos espantaríamos de verlas, son de la forma que le damos según el tamaño del monstruo de nuestro interior.   Desde esta banca veo brillar mis estrellas, esas que veo en mi cielo, el cielo de mi esperanza, llamo al viento que llega suave y lento alegrando a su paso las hojas de los árboles, verdes árboles que me cobijan, me acompañan y me escuchan, cuando de mi mente salen gritos que nadie mas escucha. Ya te siento viento que barres mi rostro alisando mis cabellos, que agradable caricia que conforta esta comunión tan solitaria en el hermoso silencio de la noche, silencio escandaloso de sonidos misteriosos y místicos que invitan a sentir a profundidad disfrutando de este encuentro. ¿Qué te puedo contar noche bella?, ¿Qué te puedo contar que tu no sepas?, Sabes de mis penas, monstruo gigantesco que a veces me atemoriza queriendo llevarme por pantanos y tinieblas, se me dificulta describirlas, si yo misma no las puedo, no las quiero, no las entiendo.   Si les quitase ese velo que las disfraza engañando a mi mirada y a mi corazón; en fin, haré esfuerzo de razón saliendo de la ilusión enfrentando a ese demonio cara a cara, sin disfraces ni frazadas, sin estrellas, sin mas nada que verdades.

¿A dónde estas amor?, ¡Responde si has oído!, Estas sordo porque oír ya no has podido, ¿Acaso eres pasado?, ¿Estás muerto o agonizando?, ¿De que veneno has bebido?, Estas tan aturdido, ¿no recuerdas lo vivido?, Ay amor tan engreído, ¿Dónde quedó tu nido?, ¿Acaso en el olvido? Estas enfermo, estas herido, y de tiempo que has tenido, solo heridas has dado y recibido. Que se junte tu mar con este mi cielo, apagando mis estrellas, rompiendo tantas cadenas; que se junte el ayer con este presente llegando en torrente fuego, agua, aire y razón, para hacerle un trono al corazón, este corazón herido, dejado en el olvido, viviendo deprisa, esperando, siempre esperando que escuches su latido.  Donde estas Adán sin paraíso, caminas en penumbras, dejando a tu paso tumbas; te hablo yo, ¿me reconoces?, La mujer que salió de tu costilla, la que espera en esta silla, mirando ese camino, esperando que el destino me designe el caminante, a ti mi Adán, mi amante, trayendo a mí la vida, o sola aquí en mi silla, esperando llegue a mi la muerte. A ti grita mi mente, queriendo gritar tan fuerte sin sonidos estridentes, con silencios aturdidos penetrar por tus oídos, despertar tu corazón y mente. A ti mi amante perdido que en el limbo has vivido, tantos años, tanta vida, tanto olvido. Ven a mi tan viejo y niño, que en mi lecho está tu nido, reconoce tu rebaño, ven aquí, dame la mano, que lo que hay que decir, ya es sabido. El amor espera ser vivido, dejando el dolor al olvido, caminando hacia el camino que mí corazón espera de tu mano ser recorrido.

“Horas”

Noches de largas horas que escudriñan en los cajones de mi pasado, arañando mis

recuerdos, dejándolos en carne viva. Noches que hacen sangrar las heridas de la ausencia, entrañable enemiga que duerme a mi lado, ocupando los espacios de mi alcoba, disfrazada del rostro amado, llenándome de abrazos, haciéndome perder la conciencia para dejarme caer en un clímax fatal sumergida en la oscuridad, deseando ser un punto en el abismo de la nada, hasta disiparse las sombras en la mañana en esta mi realidad no deseada.

Horas eternas de cada día en que falta la armonía de tres seres disipados a sus quehaceres, unidos a distancia por una larga y frágil cadena que amortigua de la vida penas, prometiéndonos el consuelo de unirnos en un “ te quiero”.

Horas de la vida que transcurren caminando como arañas dejando a su paso telarañas en rincones polvosos y olvidados; Caminan despacio prometiendo ir deprisa con la promesa de dejar espacio para otras horas, esperando ser recibidas por ser mejores para ser bienvenidas.

Horas que formen días, sean tantos que formen años. Años de terciopelo que suavice asperezas del pasado vivido, que de escalera ha servido para llegar al cielo, un dulce cielo de terciopelo; donde brindemos en copas de nube por las horas transcurridas que formaron nuestra vida.

Y aquí estoy, sentada en esta silla viendo pasar la vida, como si por mi no pasara porque sentada espero la vida prometida y escribo estas palabras, escupiendo mis heridas para sanarlas con promesas aun no vividas.

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