Le he invitado aquí esta noche por una razón, digamos, práctica. Usted es lo que podría denominar, un tercero, y su apreciación objetiva podrá tal vez liberarme. Antes de todo quiero decirle que la descripción que voy a realizar contiene algunos elementos negativos en su retrato y en una apreciación general sería considerado un ser sin escrúpulos ni sentimientos. Pero déjeme decir que la sinceridad en mis palabras sirve para alejar la melancolía, producida por el hombre al sentirse carente de las emociones que alguna vez le generaron bienestar. Incluyendo la semilla de este inevitable trastorno, el amor. Sentimiento que se intenta suprimir de inmediato, así como su provisor, al sentir que su infalible flaqueza genera justamente lo opuesto, siendo esto válido también para las demás sumisiones. Y para lograr este cometido, se utilizan todos los recursos que se tiene al alcance, entre ellos, mentir. Definía el amor Ambrose Bierce de la siguiente manera:
Amor, s. Insania temporaria curable mediante el matrimonio, o alejando al paciente de las influencias bajo las cuales ha contraído el mal. Esta enfermedad, como las caries y muchas otras, sólo se expande entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales; las naciones bárbaras, que respiran el aire puro y comen alimentos sencillos, son inmunes a su devastación. A veces es fatal, aunque más frecuentemente para el médico que para el enfermo.
Mi relato refiere a esta última afición mencionada, ilustre en la vida, y a las consecuencias de haber sido prisionero de ella. Y en mi libertad de excusar la mentira, correré el riesgo de ser clasificado de la manera que se prefiera.
1
Si me pregunta, no sabría decirle por qué la extraño. Si se fija bien, encontrará todo lo que de ella he escrito en las páginas de la carta que usted leyó. Frases que sentía ajustadas en los labios se soltaron sobre los papeles que tiene en sus manos. No necesita decir nada, su expresión, esa mezcla de horror y desconcierto, traduce fácilmente lo que piensa de mí, ¿pero que podría ahora decir? Esas palabras resultaron tan verdaderas al momento de escribirlas, como este sentimiento de añoranza que ahora raja mi carne y manipula mis lágrimas sin dejarme siquiera pensar. Ni la obscenidad, que a veces me ha liberado con sus grotescos monólogos sobre lo patético del amor, ha tenido el valor de hablarme; esa carroñera manifestación del deseo que arremete la debilidad del corazón, ha sido cobarde esta vez. Y así, en este estado de descomposición que usted observa, permanezco. Ella tampoco sabe por que la extraño, ¿por qué ahora? murmuró veintitrés veces. Asumo que está estupefacta como usted por esta confesión, imagínese ella que fue desterrada, supuestamente para ser olvidada y ahora, así como una descarga eléctrica de esos aparatos que utilizan para devolver el pulso, de esa manera tan brusca está de vuelta mirándome a los ojos, esos que la esquivaban sin reparo, sin pena, sin ganas de hacerla vivir. Pero sin embargo, y a diferencia de usted que ha quedado en silencio, ella me ha dado algunas palabras, más de las que esperaba, de las que merecía. Entiendo que ha sido afectada por la cualidad que separa a la criatura del hombre, consideración. Sé que cualquier otra mujer, y podría presentarle alguna que he conocido, al escuchar mis palabras se hubiese echado a reír y largado del cuarto, y no es una suposición esto último; pero sé que lo de ella ha sido consideración. Mientras que en mi, este sentimiento apenas a balbuceado alguna que otra cosa, y a veces no tan animosa como para cambiar de parecer. Sin embargo, ahora que me encuentro envejeciendo ha salido para alcanzarme, y créame, lo está logrando. Que esté usted aquí es una aserción de ello.
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Nos conocimos un verano, en realidad un verano fue cuando tocó por primera vez mi puerta, mi noción de su existencia llevaba uno o dos años, pero un verano del mes de febrero ella vino a decirme que estaría conmigo hasta que la muerte nos separe. No se alarme, no soy un divorciado al cual domina su resentimiento, menos aún la he asesinado y tampoco ha muerto. Tomo la libertad de aclararle estas cosas porque lo he sorprendido buscando en mi mano el anillo que represente un vestigio de simbólica unión, esto seguido de una leve tensión en su mirada, precisamente al no encontrarlo, asumo estas reacciones debido a que usted es una persona atenta y el haber eliminado las opciones anteriores, ha recordado mis primeras palabras suprimir de inmediato pero no se preocupe, no es la historia de un crimen lo que voy a narrarle; lo único cruel en mi, es la sinceridad y aunque dudo que esta podría quietarle la vida a alguien, nunca podremos imaginar lo ofuscada que está nuestra sociedad. Solo he utilizado esa frase para representar una idea profunda de lo que significó mi relación con ella, considerándola adecuada ya que contiene en misma cantidad, la idea de esperanza y horror. Soy partidario de pensar que las promesas que se realizan los amantes, son a nivel inconsciente las causantes de su separación, esto puede entenderse de manera más simple. Si al hombre, organismo diseñado para ser libre, se lo condiciona diciéndole una barbaridad como hasta que la muerte los separe, su naturaleza de constante evolución y supervivencia hará que de inmediato comience a buscar la manera de volver a ser independiente. Claro que en la actualidad, un bajo porcentaje de parejas contrae matrimonio, y de ser así, ellos mismos han creado intermediarios para el asunto a los cuales les llaman licenciados.
3
Aquel primer encuentro, que normalmente dura unas cuantas horas, es cuando los amantes intercambian un millar de bacterias y microorganismos, se prolongó por dos días, donde me advertí compartiendo intimidades con ella, aquellas que uno acepta por resignación al tener la relación demasiado tiempo, y el ver la vida sin esta persona sería un frustrado intento por retener la imagen de individuo autosuficiente. Pero es el temor de encontrarse muriendo solo lo aterrador, y lo que consigue la deserción a este concepto. Aunque son muchas las personas con las que nos vinculamos en el trajín de nuestra vida, habiendo escasas excepciones. Inclusive con el tiempo designamos algunas y les llamamos amigos. Creemos que la soledad es el no estar enamorado y nada ni nadie puede saciar el tenebroso vacío que abre esta ausencia, principalmente por las noches, para arrastrarnos a acciones tales como el suicidio u otras delirantes decisiones. Claro que la sensación perdura un tiempo determinado y varía según la persona. Generalmente lo que el amante abandonado sufre, es un tercio (nunca supera un tercio) de la relación que llevaba, esta es la edición que realiza la memoria de los momentos felices vividos en pareja. Finalmente existen otras opciones disparatadas, entre ellas, convertirse en religioso o escapar a una montaña; claramente se demuestra lo ridículo del asunto.
No fueron estas mis elecciones, sabía perfectamente que no había elegido esta relación y nunca fue mi intención pasar el resto de mi vida junto a ella. Puede encontrar usted aquí, en esto último que he dicho, la inspiración, llámese motivo si se prefiere, de lo escrito en las páginas que ahora apenas sostiene, y ha dejado atrás, ansioso tal vez por esperar al menos un vestigio de arrepentimiento a tales versos. Pero estimado, no se apresure en castigarme aunque crea que lo merezco, y despreocúpese, eso que conocemos como karma ha llegado primero. Pero no se confunda, usted no es parte de mi redención; está aquí por otro motivo además del de oyente, y se lo revelaré a su debido tiempo.
Entienda que todo lo que resulta forzado tiende a ceder, y este es un principio sagrado en cuestión de sentimientos. Cuando nos conocimos, nuestros encuentros se hallaban limitados a calurosas relaciones sexuales, donde dejábamos la sensibilidad de lado para llevar nuestra relación a un nivel más superficial, precisamente el nivel sexual, y aunque existía la posibilidad de unión, así como existe la posibilidad de muerte súbita, reafirmo que ese no era mi deseo. Admito que intenté, aunque de manera sutil, evitar siquiera una apreciación al respecto, pero el empeño del sexo femenino es tenaz; ya podemos verlo en el reino animal, donde las leonas son las que cazan el alimento para la manada mientras el rey de la selva descansa fatigado. Aquí me encontré como presa débil frente a un ser dispuesto; y cedí. Usted pensará que esto es ridículo, entre mis opciones podría haber optado por evitar lo que sabía de antemano que iba a lamentar, pero se equivoca, no tuve opciones y entrar en los detalles del porqué resulta hastioso e innecesario. Si bien ella afirmó estar de acuerdo con la futilidad de estos encuentros, ya que en ellos no existía la menor acepción de romanticismo ni algo que se le parezca, solo la quemazón del aliento que producía la constante agitación de dos cuerpos desnudos, y al menos uno de ellos, sin amor; aún así intentaría quererme. Siempre sospeché de sus verdaderas intenciones, las que impulsa a una mujer encandilada por la idea de un amante nuevo que invade su vida; y a pesar de esto, no era necesario ser perspicaz para saber que terminaríamos juntos, infelizmente juntos.
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Los tiempos que llegaron primero fueron inciertos. Ella sumergida en el regocijo de la felicidad que deviene en momentos compartidos. La idea de un futuro prometedor con su nueva pareja alumbraba el camino y más allá. Todo contenía el dulce sabor del bienestar. Felizmente esparcía su encantadora alegría y perpetuaba los rituales visitando a sus allegados en compañía de lo que, en ese momento, era su pasado, presente y futuro. En cambio para mí, todo esto resultaba ser una farsa de adolescente enamorado, y estaba conciente que mi estadía con ella era impulsada solo por el hecho de no tener nada más que hacer, y cuando digo esto no me refiero a ese instante preciso, no tenía planeado nada en mi vida desde hacía varios meses, inclusive antes de su llegada. Mi última empresa había sido saqueada por la estupidez de un mal socio y para evitar concebir esta derrota elegí refugiarme en el arte, resultando conveniente este nuevo modelo de vida al cual enteramente me concedí; pese a que no era distinguido en ello y el mismo no proporcionaba remuneración alguna, lo experimentaba a manera de hobby para alivianar mis ansias. Por consecuente, los gastos generales corrían a cuenta de ella y si bien estos eran básicos, ya que conservaba algún dinero en mis ahorros, más lo que la aseguradora reconoció del robo. Habíamos también dejado de asistir a eventos y salidas nocturnas por no poder sustentarlas, para así guardar este dinero. Avanzado mi malestar debido a estas decisiones y a otros infortunios que contemplaba en aquel entonces; resultaron bases útiles para gestar algunas obras que aún conservo.
No recuerdo exactamente cuando comenzó todo a desmoronarse; sé que primero fueron las discusiones, en su mayoría por temas que involucraban a terceros, no dignos siquiera de evocar. Lo que primaba en ambos era nuestra compartida tendencia a ser personas extremadamente posesivas o como otros denominan esta aberración social, celos. Entienda que este sentimiento es lógico, si bien dentro de un contexto absurdo, cuando se desea a la persona en cuestión, más allá de la coherencia. El suponer creer tener derecho sobre la vida de esta, sobretodo en el tema sexual, y partiendo de aquí el pensar que nuestra posesión puede ser amenazada por terceros, es cuando surgen los celos. Usted sabrá, y esto tal vez sea lo único que compartamos; que en la primera etapa de una relación, puede uno volverse posesivo para lograr seguridad respecto a los sentimientos de su amante, su concebir demuestra cuanto le interesa. Pero una vez desarrollada, ese afán de posesión se utiliza para asegurarse que es a uno al que aman lo suficiente. Esta segunda etapa es considerada como signo de propia inseguridad. Y aunque ambas son una forma de chantaje emocional, la primera puede disculparse como algo que sucede unido a la excitación de un nuevo amor. Pero en ningún momento concebí su presencia como la de un nuevo amor, sino lo contrario. Transitaba en ese momento un desprecio tal hacia el concepto amoroso, que el haberme convencido fue producto, para no adjudicarlo a lo inexplicable, de creer poder manejar su perseverante insistencia. Pero al igual que un experimento fallido, fui dañando por mis malas decisiones.
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Habiendo resignado mi libertad y teniendo como sombra hostigadora esta voluntad impuesta, llegamos a ponernos de acuerdo en una cosa; nuestra relación resultaría el exilio al comportamiento social que conocíamos, siendo únicamente partícipes de él, en mutua compañía. La comunicación externa sería reducida, o bien estudiada y resuelta en la elección del tipo de persona que asistiríamos. Inevitablemente nos veíamos con otros que no habían sido aprobados, ya que nuestras actividades, como las de cualquier otra persona, se veían involucradas por estos. El llevar a cabo este enfermizo emprendimiento resultó ser para mí una gestión que estaba decidido, al concebir como absurda la relación, cumplir con dedicación. Si bien es cierto que la idea de exclusión social partía de un principio posesivo, aunque se destaque aquí la ironía, estimado, usted sabrá que es característico del ser humano ser contradictorio, y que por más de dos mil años lo ha distinguido, no puedo yo ahora ser la excepción a la regla. A pesar de esta contrariedad, no era mi intención averiguar si ella estaba enamorada o enamorándose de mí, esa hipótesis había sido resuelta desde un principio, mi intención con este proceder se reducía simplemente a una cuestión de fiel ejecución al fallo que habíamos acordado, y no a las ambiciones antes mencionadas.
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Avanzando entre discusiones constantes, donde se repartía una variedad de insultos, estos acompañados de objetos que viajaban por el aire encontrando su destino en alguna puerta o pared cercana. Cada día, al regreso de su trabajo y por el más minúsculo desacuerdo, comenzaba un nuevo episodio de la oscura comedia que interpretábamos.
Son demasiados los factores que determinan la separación de una pareja; si bien las discusiones resultan predominantes, mas aún cuando se producen regularmente como en nuestro caso; también participa el desgaste, problemas económicos, homosexualidad en algunos casos, etc. Todos estos condensados en una época en auge de evolución. Si bien no podría definir el concepto de amor en el tiempo de nuestros abuelos, hoy en día, no solo denotaría la diferencia, sino que hasta diría que ha desaparecido. En el pasado, la concepción de un hijo significaba el fruto del amor entre dos personas, al menos en teoría. En cambio ahora suceden como ejercicio corriente. El procrear es comparado con la adquisición de un automóvil cero kilómetros, donde las preocupaciones por su cuidado y las cantidades adquiridas resultan sospechosamente similares. Dos autos por casa, un nene y una nena. En algunos casos, el cuidado por el coche nuevo muestra la misma obsesión de una madre sobre protectora. Y no solo esto, existe también lo denominado “Crisis de los treinta” adjudicado en relación a este tema, a las mujeres. A esta edad promedio, asombrosamente exacta, no más, no menos; y bajo la influencia del mandato amaos y multiplicaos nace en la mujer la pulsión que despierta una serie de preguntas de carácter existencial, como ¿qué he realizado hasta este punto de mi vida? ¿Nada? ¡Pues tendré un hijo!
La falta de una buena educación sexual en esta época es también motivo de preocupación. Niños que son gestados a edades ridículas, haciendo padres de adolescentes. Pero aunque la falta de educación sexual y la crisis de los treinta tengan el mismo fin, la primera tiende a ser un tanto más tenebrosa. Una vez supe de una mujer a la cual le habían recetado pastillas anticonceptivas, y a estas, no solo las ingería ella, sino que las compartía con su pareja.
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Había pasado los treinta por apenas un año, y hasta ese momento no era un problema para ella, lo que si para las demás, evadiéndome la posible responsabilidad de padre. Creo que usted comparte este sentimiento conmigo, pero no por las mismas razones. Al igual que yo, considera un escándalo mi paternidad, y no lo culpo, pero muy lejos de mis motivos. Mi vida en ese momento tenía apenas espacio suficiente para ella, y si podría exponer esto de manera gráfica, diría que nos encontrábamos ceñidos; una persona más resultaría un exceso y considero que estos nunca son buenos. Bastaba ya el tiempo que llevábamos juntos.
El deseo de ser madre nació repentinamente a causa de la paulatina eliminación por mi parte, de otras demandas. Algunas mujeres para evitar que su amante las abandone logran quedar embarazadas sin el consentimiento de este. Es tal la meticulosidad de este proyecto que resulta sorpresivo para la otra parte, y la reacción común es la negación de lo atribuido, adjudicando psicosis post separación y en algunos casos, donación voluntaria de esperma por terceros y no con el método habitual. Esta posición del hombre significa que la mujer debe pasar los nueve meses de gestación sin el apoyo del supuesto padre. Terminado este tiempo comienza la autentificación del niño a cargo de la ciencia, y en la mayoría de los casos su resultado favorece a la madre. Esta suerte de póliza a largo plazo, obliga al reciente progenitor, tras abandono o traición, continuar relacionado con ella.
Esto la llevó a considerar gestar un intermediario, si bien no para retenerme a su lado ya que a pesar de todo, inexplicablemente continuábamos juntos; este correspondería a dos impulsos: - Saciar la pulsión materna que recorría en silencio su interior y la idea de convertirnos en una familia - (la idea de familia solo es concebida cuando se compone de tres o mas personas, no se cuestiona si el tercer integrante es humano o cualquier otra forma de vida que se pueda considerar como integrante, según las preferencias de sus poseedores; siempre y cuando interactúe de manera directa, pero lo inexcusable es la cantidad. Tres.) Claro que este intermediario no sabría de obsesiones, discusiones o rencor; cuales seguirían existiendo. Aún así, inevitablemente aprendería. Esta fue la recta final hacia nuestra separación, luego las cosas continuaron empeorando. Ya casi no discutíamos, no a causa de mejorías, sino que apenas nos dirigíamos la palabra, tampoco hacíamos el amor y en alguna oportunidad donde nos vencía la excitación, pretendiendo distintos fines de esto, el de ella quedar embarazada, el mío, placer sexual. Esta enorme diferencia nos separaba de prisa hacia los extremos opuestos de la cama. En este tiempo, que fueron los dos últimos meses antes del fin, sospeché infidelidades por su parte, pero nunca pude confirmarlo.
8
Fue en el mes de Febrero, el mismo mes donde comenzó, tres años más tarde terminó. No puedo especificar detalles, tampoco las palabras consagradas a esta resolución, sí recuerdo que la decisión fue de los dos y aunque pareció que sería temporal como en otras ocasiones, donde al cabo de unas horas nos reconciliábamos para volver a discutir; esta vez sentimos la diferencia, no volveríamos a vernos, al menos no como amantes.
Pasó un tiempo luego de la separación, un mes aproximadamente. Quería despejarme y opté por unas mini vacaciones. Un amigo alquilaba cabañas en el sur, enterado de los acontecimientos por una carta que le había enviado me propuso visitarlo y darme hospedaje el tiempo que quisiera sin cargo alguno. Hacía poco de haberlo visto y por tanto conocía mi situación casi tan bien como yo, solo ignoraba hasta haberle escrito, la resolución obtenida. Lo que le expresaré a continuación es en relación a la carta que le entregué al comienzo. Si bien lo escrito allí es pavorosamente diferente, usted entenderá que a pesar de todo sigo siendo un ser humano y por consecuente poseo todas sus debilidades.
No duró demasiado mi estadía en Calafate. Dividía mi tiempo entre largas caminatas, salidas nocturnas en compañía de mi anfitrión y momentos donde no abandonaba la cabaña por varios días, sumido en pensamientos y reflexiones. Mi amigo conocía estos estados a la perfección, pero no por haberlos vivido, solo desde la perspectiva de un espectador, esto le era suficiente para saber lo que le sucedería si se involucraba sentimentalmente con alguien, y aunque estaba llegando a los cuarenta, se mantenía soltero. Su negocio le dejaba un interesante capital que le permitía vivir cómodamente haciendo lo que quisiera, y la idea de los tres integrantes no le era amena. Entre estas cosas, estaba el pasar noches enteras, rodeado de mujeres y bebidas, pero a excepción del alcohol que perdura en la sangre por unos días, sus acompañantes no llegaban al desayuno. En una oportunidad me pidió acompañarlo en su salida, y aunque ese no fue el motivo de mi visita, no me opuse. Lo que sucedió esa noche lo dejaré para su imaginación, ha estado escuchándome todo este tiempo y seguro podrá sacar sus propias conclusiones, a las cuales no me opondría y tampoco intentaría justificar, usted sabe que aborrezco la hipocresía y sería torpe de mi parte no hacerme cargo de mis acciones. Al amanecer se abrió en mi un vacío que produjo vértigo, y aunque fueron varias botellas de Norton Cosecha Tardía las que bebimos, esta sensación no provenía del estomago, sino desde el centro de mi pecho. Sentí un abandono que me transportó a la infancia, donde mi madre para darme una lección, se escondió entre la multitud, hallándome repentinamente solo entre personas que nunca en mi vida había visto. La seguridad de mi protectora se había desvanecido junto con ella y no la podía encontrar. Pasado unos minutos sumergido en llanto, apareció para demostrarme que aún no era un adulto y que no debía soltar su mano en la vía pública. En ese momento descubrí el concepto de soledad que desconocía; y comencé a extrañarla. Las horas posteriores fueron tortuosas, salí a caminar, visité a mi amigo pero aún dormía, entonces regresé a mi cabaña donde otra vez me encontré pensando en ella, comencé a tener los síntomas de alguien que se encuentra en estado de abstinencia y fue cuando me quebré en llanto. La desesperación me había invadido por completo. Entre sollozos arranqué unas hojas de la carpeta que había llevado para dibujar y comencé a escribir, estuve escribiendo por mucho tiempo, solo podía concebir imágenes de su rostro, los momentos felices que compartimos y las veces que me dijo te amo. Estos sentimientos, proyectados uno tras otro, de pronto comenzaron a tomar forma, la forma de la carta que usted leyó. Al terminar no tenía fuerzas para leerla, me desplomé sobre la cama y quedé profundamente dormido. Cuando desperté junté rápidamente mis cosas, introduje los papeles en un sobre marrón que no cerré y volví a Buenos Aires sin despedirme.
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Dominado por la desesperación decidí contactarme con ella. Temía la reacción a la insensata propuesta. Yo no había accedido a esta suplica cuando desconsolada me lo pidió; dejando mensajes en el contestador de la casa de mis padres, a través de cartas por mensajeros ya cansados de ir y volver todos los días por no poder convencerme de recibirlas. Hasta que repentinamente lo abandonó, inclusive a mi regreso encontré el último mensaje con fecha de dos semanas atrás. Fue entonces cuando las cosas dieron un giro y esta vez era yo el que rogaba su atención. Como le dije antes, fue su consideración por mi persona la que concedió mi deseo al primer intento. Algunos dirán que fue amor, otros que fue una tonta, finalmente que era mejor persona. Acordamos por teléfono encontrarnos en un café ubicado cerca de su trabajo. Ella me pidió explicaciones de porqué la evité todo este tiempo, yo no supe que decir y lo único que se me ocurrió fue pedirle perdón, me lo concedió. A medida que la conversación avanzaba las tensiones desaparecían, hasta que finalmente quedamos en una especie de armonía. Tres veces más nos reunimos, producía en mí un gran alivio su presencia, ya que en estos encuentros reinaba la calma, alejados de todo el caos que definió la relación durante todo aquel tiempo, y eso me confortaba, aunque no comprendía lo que impulsaba mi deseo de volver a verla, supongo que ella tampoco. No tardé demasiado en hacerle entender que ese contacto tenía como fin volver a estar juntos; intentarlo al menos, pero al desconcertante propósito ella respondió:
- No me parece –
- Aunque me costó, entendí que no podemos estar nunca más juntos -
Mis desesperados intentos por tratar de convencerla habían llegado a colmar la paciencia que alguna vez me tuvo. Intensos llamados telefónicos, cartas, algún que otro presente y todos sin resultado alguno. Había considerado el tiempo separados y este era suficiente para buscar un reemplazo que opaque el dolor de mi ausencia, o de mi excedida presencia. Y aunque sea esta una extraña manera de complacer al dolor, tengamos en cuenta que la era tecnológica vincula instantáneamente a las personas a través de sus redes, teniendo un beneficio genérico de resolver los problemas de la sociedad moderna. Pero subestima lo principal, el corazón. Entonces, si existiendo distancias logramos hallar “el amor” resulta mucho más inmediato el que no las halla. Y yo sabía perfectamente que ella prescindía de la tecnología.
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Cuando al fin aceptó verme, pidió encontrarnos en el café donde habíamos estado la primera vez. Recuerdo haber bebido Baylis a pesar de que eran apenas las siete de la tarde, sentía un frío en mi alma que necesitaba calentar de inmediato. Mientras bebía repasaba algunas líneas del discurso melancólico que estaba por dar. Pero cuando llegó a la mesa alejó la carta de tragos y solo consumió la idea de dar fin a mis inescrupulosos intentos de reconciliación, utilizando las únicas palabras que sabía podrían disolver mis sentimientos hacia con ella: tengo un amante.
La idea de imaginarla con otro hombre me enloquecía, francamente puedo decir que mi comportamiento era regido, como un oscuro presentimiento del que no podía liberarme, por ese temor que ahora se encontraba al descubierto. De alguna manera, su encantadora noticia no me resultó sorpresiva. La idea me había estado persiguiendo todo este tiempo, y finalmente creí que todo tenía como propósito el confirmarlo; por ello la pantomima frente a la confidencia, en parte, fue actuada. Luego me sentí, aunque usted no lo apruebe, aliviado. Entonces. ¿Como es posible que ese oscuro presentimiento que me arrastró a actuar de esa manera tan humillante, llevándome a suplicar y otras aberraciones, se haya disuelto, conformándose rápidamente con esa frase que seguro sabía de memoria? ¿Que diabólico impulso burló mis decisiones dejándome en ridículo?
Luego de los acontecimientos me entregué a cuanta mujer sentía sucumbir a mis encantos, y le aclaro que no por despecho aunque ello pareciera, sino más bien por naturaleza. Admito no haber conseguido un estado de felicidad con este proceder ya que considero que el sexo llevado a cabo de manera promiscua, representa solo la pérdida de unas cuantas calorías, un antidepresivo natural y un taxi la mañana siguiente (tampoco llegaba al desayuno). Aún así, mis femeniles distracciones hicieron olvidar el asunto. Hasta que un día, aquel sobre que había olvidado se presentaba ante mí, así como un hijo al que su madre le regala en su cumpleaños, el paradero de un padre que nunca conoció y este se decide encontrarlo.
Desde el lugar donde lo había abandonado se asomaban las páginas, como colmillos de impacientes depredadores hambrientos. (Atribuyo la misma reacción a un hijo abandonado) Ahora por si mismo había encontrado razón de ser. Me había dejado actuar, esperando paciente hacerse notar. Sospecho que disfrutó mi agonía. Hasta podría significar una voluntad humana, aunque sus páginas sean inertes, esas que usted leyó, cuales describen a manera de confesión, todo el malestar que con ella sentía. Mis infidelidades, las veces que la golpee, el clasificar como error el haber aceptado esa unión destinada al fracaso y decir llevar como una cruz no arrepentirme a tiempo. Aún así usted me escuchó decir que la extraño, luego que aspiré a quererla. Pero sabemos que esto le sucede a una persona devastada por el sufrimiento, aunque este sea inventado.
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Usted querido desconocido, usted que ha sido testigo parcial de mi relación al presenciar casualmente nuestras discusiones al terminar su jornada laboral y volver a casa agotado. Aún recuerdo su mirada despectiva cuando muy despacio entregaba un tímido saludo que se perdía entre mis reproches, acelerando su paso para evitar entrometerse. Porque sé que usted es un caballero, y aunque resulte irrisoria nuestra relación, se ha ganado ese titulo solo al aceptar venir aquí. Por todo esto compartiré con usted una noticia que me resulta agradable, desde mi retorcido punto de vista, claro está. La noticia es que me he vuelto a enamorar, otra mujer me ha dado refugio en su vida y aunque esta difiere de la anterior, ya que al comienzo fue indiferente a mi presencia, es a esto a lo que atribuyo el inmenso interés por ella. Pero no lo aburriré con detalles; lo que considero que si debe saber, es que esta mujer es su ex esposa. Si, la misma que en algunas oportunidades lo acompañaba al salir de su trabajo y que también presenciaba nuestro Théâtre de rue. Imagino haber invadido su intimidad, escondido entre conversaciones de sobremesa al repasar la escena que presenciaban todas las noches y a la cual respondía como figura principal. Por ello no me sorprende que luego de su separación, su ex mujer y yo nos hayamos encontrado. Creo también ser el causante de la misma, porque usted estimado, es demasiado indulgente e ignora que esa personalidad es funcional solo en algunos aspectos de esta desvastada sociedad; el resto ejercita el contenido de este relato. El sadismo es lo que rige el cerebro y el hombre, mi inocente amigo, es una criatura de costumbres. Por supuesto la persona que es usted, deberíamos convertirnos al final, algo así como una segunda etapa, una redención, pero solo al final. Lamentablemente mis intenciones no son las de convertirme en usted y esa carta es la prueba de ello. Mi personalidad no quiere abandonarme, por ello le pediré que la conserve y tome una decisión. Si realmente la mujer que ahora poseo, fue importante para usted en algún momento, y no dudo que lo fue; deberá actuar según su parecer. Le diré que estoy obligado advertirle a este hermoso ser, ahora parte en mí; que llegarán tiempos violentos, pero me resulta absurdo hacerlo yo mismo. Es más, no sabría siquiera por donde comenzar; creo que hasta parecería ridículo. Imagínese una persona que le diga: - Escúcheme, dentro de un tiempo me volveré un ser sin escrúpulos que hará su vida miserable y terminaremos odiándonos para siempre - Lo creo simplemente absurdo, por ello dejaré que usted lo haga por mí, teniendo como prueba la carta que le entregué. Podrá elegir hacerlo ahora al salir de aquí; exponer lo demencial de mi persona, mostrándole a su antiguo amor lo equivocada que está, pidiéndole que entre en razón. O podrá entregar mi confesión a su mujer cuando pasado el tiempo pueda saber de nosotros solo con releer las primeras páginas de la carta. Déjeme decirle estimado que al tener el titulo de ex marido, y le agregaré abandonado, su credibilidad resulta algo limitada, haciendo pensar que es motivado por la desesperación, la misma que me puso en ridículo anteriormente. Usted, una persona tan inteligente que no deja dominarse por la ira al saber que su mujer es ahora una victima. Tengo que admitir que es admirable. La reacción que se conoce para estos casos, termina en la sección policial del diario sensacionalista local. Por ello no se impaciente y mantenga su grandeza. No peque de inepto temiendo no poder evitar que su ex se transforme en mi ex. Le aseguro que volveremos a vernos, por el simple motivo de que no puedo evitar ser lo que soy, volveré a hacer lo mismo, solo que esa ves, podrán decir que se los advertí.