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Borrajo, Alicia (Alter Ego)

La dama de la izquierda



“La existencia del fenómeno es conocida, aunque con distintas denominaciones, desde tiempos inmemoriales pero sólo a partir de los estudios de Larsson en la Universidad de Copenhague, cuyo primer trabajo “Visions at the left – emphirical examinations – Larsson et al 1988-1992” trae a la escena científica un tema que ya la literatura y las diversas artes han tratado.  Larsson realizó 2100 entrevistas, el 62% de los entrevistados dijo haber tenido una visión semejante en algún momento de su vida, las conclusiones después de la segunda ronda de entrevistas señalan:

-         Las mujeres perciben imágenes femeninas, y los varones masculinas.  Hay varones que dicen percibir también imágenes femeninas, las mujeres no dicen percibir imágenes masculinas.  Los niños sin embargo perciben presencias tanto masculinas como femeninas sin importar su propio sexo, también aquí se marca otra diferencia: los niños dicen que la presencia a la izquierda es siempre de un adulto mayor, muchas veces anciano, que además les habla, y a quién ellos escuchan y entienden con claridad.

El 80 por ciento de los adultos de la muestra dicen que la visión que a veces perciben a la izquierda es un reflejo de su propia imagen en el espejo con alguna variación a veces significativa.

-         Las denominaciones que se le dan a la visión varían, siendo coloquiales, vulgares o poéticas según el sujeto, pero sin seguir un patrón definido.  Los niños suelen usar la palabra “amigo” y alguna otra que en general describe de alguna manera lo visto.

-         Ninguno de los participantes de la muestra sufrió accidentes graves, fue sometido a cirugías con anestesia total, ni reciben o han recibido medicación psicotrópica ni otras que pudieran afectar el sistema nervioso central.  Se rechazaron a todos los participantes que expresaron haber tenido experiencias místicas de cualquier tipo.  En el caso de los niños, los participantes fueron evaluados de acuerdo con los estándares habituales y se rechazó a aquellos cuyas características personales los hicieran marcadamente soñadores o con tendencias a la fabulación.”

El artículo seguía pero a ella le alcanzaba con lo que había leído.

Estaba shockeada, quebrada, nunca pensó que el suplemento dominical de Ciencia y Tecnología del diario le hiciera semejante revelación.

Con la imagen del cuadro fija en la cabeza, se vistió así no más y bajó a la baulera.

************

Un buen día, catorce años atrás, Marcos, el padre de sus hijos, le dijo: “Flaca esta vida no es para nosotros, vayámonos a la mierda”.

¿Adónde?  ¿A hacer qué?  ¿De qué van a vivir?  ¿Y los chicos? ¿Qué hacen con los chicos?  Los chicos necesitan un lugar, un orden, de otra manera no se puede crecer; pensaba ella.

Los chicos necesitan estar rodeados de personas felices, de padres felices, dedicados a su vocación; decía él.  Ella no se dejó convencer, él se fue.

No dio señales de vida hasta tres años más tarde.  Había conseguido trabajo en el Museo de Arte Moderno de Sydney.  Pintaba claro y por sobre todas las cosas parecía muy satisfecho, feliz con sus decisiones, completo.

Ella que ya no recordaba como se agarraba un pincel no pudo menos que odiarlo.

Lucas el mayor, tenía una vaga memoria de él.  Gastón que tenía 11 meses cuando él se fue, no sabía quien era ese señor.  Al principio lo habían rechazado pero después de unos días ya parecían amigos.

Desde entonces él volvía todos los años, traía plata y los recortes de diario donde elogiaban sus muestras en Australia.

La gran pelotera se armó el año en que él quiso llevarse a los chicos a pasar el verano allá.  Todo el mundo le decía que no los dejara ir, que no iban a volver más, o lo que era peor, que él iba a desaparecer con los chicos.

Mirta fue la única que opinó a favor, “si al único lugar donde vos podés irte de vacaciones es Mar del Plata, no tenés porque condenar a tus hijos a lo mismo; además si te los quisiera robar, ya lo hubiera hecho”.

Sufrió todo ese verano, pero los chicos volvieron felices y bronceados, cargando inútiles tablas de surf; dijeron haberla extrañado y a lo mejor era cierto, pero también era obvio que haber estado con el padre les había hecho mucho bien.

El tiempo fue pasando, la relación de los chicos con Marcos se fue afianzando y sus obras empezaron a cotizar en el mercado internacional.

Ella que ya no tenía ningún tipo de preocupación económica, los giros eran muy puntuales entonces, pensó que ya podía encaminar su vida.

De hecho algo de eso pasó.  Empezó una relación con Javier con quien casi se casa, dejó el trabajo que odiaba pero con el que había alimentado a sus hijos esos largos 6 años y consiguió uno part time en una galería de arte.

Sin embargo hubo algo que no pudo volver a hacer: pintar.

Volvió a los óleos, los acrílicos y los pinceles sin resultado.  Tomó clases con un viejo maestro, pero nada.  Sus trabajos parecían de un aprendiz, incompletos, insulsos, hasta descoloridos.  Llegó a pensar en ir a un taller para principiantes, ella que se había graduado con honores en Bellas Artes…..Ese fue un dolor del que le costaba despegarse y cada vez que en la galería aparecía el trabajo de un joven con una pizca de talento, se moría por dentro.

La Navidad anterior, Marcos había venido con su mujer y su hijita de dos años, y la llamó para invitarla a que almorzaran todos juntos.

Primero dijo que no.  Gastón insistió con un clásico  “dale má”

Mirta también insistió aunque de otra manera ¿le tenés miedo a algo vos?

Finalmente aceptó.  Sabía que no era miedo, pero que toda la situación de alguna forma la incomodaba.

Nicole la esposa de Marcos, hija de checoslovacos, muy alta, muy rubia, muy fina, chelista de la Sinfónica de Sidney era además muy agradable y la nena, Vera, un sol.  Hablaron de política, de cocina, de música, de pintura.  Los chicos y Vera se comunicaban en una extraña jerga mitad inglés, mitad alguna cosa ininteligible, un código privado en realidad, adquirido vía Internet con la ayuda de esa camarita mágica.

Tuvo envidia, sincera envidia.  Esa noche después de que los chicos se fueran con ellos de viaje a Bariloche, se tiró en la cama a llorar, dos, tres, cuatro horas.  Pensaba que Marcos había tenido razón, “esa vida”, la de ella, era una mierda.

Cuando volvieron de Bariloche, Marcos arregló alguna clase de actividad para Nicole y los chicos y fue a su casa a la tardecita.  Traía un cuadro prolijamente envuelto y ni bien Cecilia lo hizo pasar, empezó a hablar:

Cecilia, te preguntarás de qué se trata esto, bueno, quería traerte el cuadro y darte las gracias por todo.  En serio, te debo mucho, cuidaste a mis hijos cuando yo no lo hice y sola y sin plata tiene que haber sido muy duro, quiero que sepas que lo sé, que sé que sacrificaste tu vida durante muchos años para sacar a los chicos adelante; además nunca le pusiste palos en la rueda a nuestra relación, lo que te hubiera sido muy fácil y creo que hasta te hubiera entendido, y siempre te voy a estar agradecido por eso.  El cuadro, no sé, podés venderlo si querés no me ofendo, pero antes de que lo veas me gustaría contarte una cosa que nunca te dije.

No es retrato, no.  Ya vas a entender.

Antes de que decidiera irme me estaba pasando una cosa muy jodida, no sé hacía cosas, iba en el colectivo, me afeitaba, laburaba, y se me aparecía una imagen a mi izquierda, la imagen de un tipo como yo, pero más flaco y con barba, pero era yo, que me miraba, y aunque no me decía nada, me desaprobaba.  En un momento creí que estaba loquito, eso de ver amiguitos no?, y sabés?, me pasaba casi todo tiempo, el tipito mirándome fijo, pero cuando estaba con vos en la cama, .. eh perdón,…eh, no quise molestarte, bueno eso, o cuando jugaba con los chicos o los bañaba no me pasó nunca.  Creeme el tipito me estaba volviendo re-loco, empecé a fallar en la caja del banco, te acordás?, no me podía concentrar, y un día me desperté y tuve la sensación de que me tenía que ir a la mierda, que teníamos que irnos a la mierda.  Cecilia, nunca, nunca quise dejarte, irme me partió la vida, no tenés porque creerme pero fue así.

Pase años muy feos, algunas veces me pregunté si no había hecho la boludez de mi vida, ya sabía que era una infamia haberte dejado sola.

No, no es para justificarme  ni para explicarme.  Es para que se entienda el cuadro más bien, es que no quiero que te lo tomes a mal, vos dirás si te gusta o no, pero necesito contarte esto, para que se entienda.

Lo más increíble fue que cuando me fui y terminé en Australia dejé de ver al tipito, no sé, debía estar muy ocupado con la supervivencia, o en conseguir alcohol, porque tomé mucho, mucho más de la cuenta.

Un día estaba en la bahía de Sydney, enfermo de angustia, me asomé al mar y pensé en tirarme, y esa vez se me apareció una imagen a la izquierda, pero no era el tipito, eras vos, también más flaca, también desaprobándome.  Y tu imagen volvió a aparecérseme cada vez que estuve a punto de hacer una macana muy grande, como casarme con Joyce, una novia pecosa que tuve.  No, es en serio, te lo digo en serio, por eso el nombre del cuadro, “La dama de la izquierda”, esa sos vos, una dama, mi dama de la guarda.

Perdón no quise aburrirte, ni joderte, disculpame.  No lo abras ahora, después.

El tipito?  Se me aparece de vez en cuando, y cuando lo veo le sonrío, un amigo el tipito!

El cuadro estaba donde lo había dejado, el envoltorio casi perfecto.  Lo abrió y observó esa pincelada certera y algo eléctrica que siempre lo distinguió.   En la tela se veía al artista de espaldas, pintando su obra más famosa - “Evening Chat”- que había sido expuesta en el MoMA el año anterior; a la izquierda una figura muy parecida a ella, más flaca, vestida con una túnica multicolor que sonreía con algo de beatitud y contemplaba toda la escena.

Ahí estaba la dama de la izquierda, esa de la que ella nunca había sabido ni oído, ni visto.

Allí estaba su alma, cuidando a otro, a su único hombre, a Marcos.

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