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Rojas González, Carlos (Especialista)

Algo para descansar



Algo para descansar                                                                                      Especialista

Desde que se me ocurrió poner el negocio imaginé las dificultades que se iban a presentar. El financiamiento resultaría bastante difícil, ya que los bancos otorgan préstamos a proyectos que los consideran prioritarios y de base objetiva. Por otra parte, el problema médico se me transformaba en una montaña, sin embargo no me explico cómo los banqueros llegaron a interesarse y finalmente aceptar el financiamiento. Con los médicos tuve tantas dificultades que a momentos me quedaba poco para desistir. Sin embargo, como a veces ocurre, un médico llamó para decirme que había encontrado la solución al problema del implante, pero que el interesado debía asumir cierta responsabilidad, aunque el implante no contraía peligro, y que, por supuesto, existía un costo pero que éste iba a descender en la medida que aumenten los interesados.

Con respuestas positivas me lancé a la instalación del negocio. Lo primera o la primera inversión fueron las cámaras frigoríficas donde debía conservar los productos una vez que las personas donaban o vendían esa parte de su cuerpo por muerte natural o por algún accidente. Conseguí un local con buena ubicación y comencé la adecuación, en principio pensé que podría solo hacer la instalación pero luego tuve la necesidad de contratar a expertos, especialmente en la decoración, pues los productos colgados de una barra daban la impresión de una carnicería o una tienda de jamones. Así que la decoradora, de treinta años aproximadamente, llegó y comenzó su trabajo casi sin consultarme, era ella quien tomaba las decisiones, subía por las escaleras portátiles que traía y ordenaba con tanta facilidad y buen gusto lo que para mí se hacía un imposible. En ocasiones llegaba en pantalones de trabajo y sin esa curiosidad interesada aprovechaba para admirar la protuberancia de sus glúteos, otras veces venía en pantalones cortos –especialmente los domingos- y entonces me deleitaba con sus bien formadas piernas, largas, los dedos de sus pies limpios, bien formados, parecían haber salido de un estuche, pensé qué pies como necesitaba tener en mi negocio, jamás le hice referencia alguna pero parece que ella se solazaba con la admiración que yo sentía por sus pies y cada vez cambiaba de zapatillas como para complacerme. Fue una pena que terminara su trabajo y ella pareció sentir lo mismo e incluso como conocía los pormenores de la empresa me dijo que alguna vez se podría convertir en mi cliente a lo que yo accedí con agrado, con excesivo agrado, una breve sonrisa y sus ojos brillantes marcaron la despedida, quedamos que la llamaría si requería sus servicios lo que ella aceptó con agrado, entonces la vi  marcharse, vi marchar a sus pies que parecían suspendidos en el aire caminando sobre algodones mientras mis ojos entristecidos la perseguían, perseguían esos pies que cada vez se iban alejando de mi alcance.

Dejando a una lado la tristeza me lancé a la tarea de impulsar mi proyecto, ahora lo primero era organizar la publicidad para lo que se me ocurrieron algunas ideas pero la mayoría que pareció ridícula o como dicen de mal gusto, sin embargo opté por una que no de mi total agrado pero que podía atraer a los interesados, especialmente el género femenino:  “Déle un descanso a su vida ahorrándose los pies”. Al día siguiente del aviso los interesados hacían fila para preguntar cómo era esto del ahorro de los pies. Las mujeres, que eran la mayoría, solicitan una explicación minuciosa de lo que debían hacer, yo le expliqué que una de las partes del cuerpo que a la final de la jornada se sienten más cansados son los pies porque soportan todo el peso del cuerpo durante las horas que haya durado cualquier jornada y que lo que primero se le venía en mente a las personas era tener la posibilidad de cambiárselos, ponerlos a descansar, para poderlos utilizar al día siguiente e incluso colocándose los que yo ofrecía sentirían una renovación total de su organismo, los podrían utilizar para descansar o para salir a una invitación, eso sí les expliqué cómo deberían conservar sus pies originales, la temperatura, la asepsia, porque como estaban vivos estaban expuestos a cualquier infección. Otra de las preguntas que fue necesario dejar bien en claro era la proveniencia de estos pies, les dije que recibía donaciones de personas se encontraban con una enfermedad incurable o que a    causa de esa enfermedad los quisieran vender ellos a sus familiares para cubrir gastos y en ciertos casos dejar algo como herencia si no tenían otra cosa, que una vez efectuado el acuerdo las personas aun con vida iban a una clínica para que se los examine y solo cuando los médicos den su aceptación se cerraba el trato, también les expliqué que este proyecto había sido tratado de manera científica y que quienes se interesaran por el producto se someterían a una pequeña operación que les permitiera el trasplante de los pies, allí se determinarían las posibilidades de rechazo o aceptación a este tipo de órgano, pero que los médicos habían descubierto, luego de un trabajo de investigación, las principales causas que producían un rechazo en el implante y que el porcentaje era casi inexistente con las nuevas técnicas que se aplicaban y los medicamentos de última promoción.

Cuando comenzaron a demostrar un definitivo interés fue necesario colocar escaparates climatizados tras los cuales se exhibían los productos. Una cliente me hizo notar que ahorraría tiempo si las uñas de los pies venían pintadas, de modo que tomé su consejo y puse pies con uñas pintadas con diferentes colores y matices, así llegaban las interesadas y tomaban el producto de acuerdo a su elección. La opción de compra causó cierta reticencia, entonces propuse la modalidad de préstamo: el cliente llevaba los pies, dejaba una garantía por los riesgos, el valor fluctuaba de acuerdo al tiempo que los tendría en su poder, cuando los devolvía se les hacía una revisión, para esto ya tenía un convenio con una clínica que se encargaba de hacerles el control, arreglar cualquier cosa que una parte hubiera sufrido por el uso y ponerlos a punto. Con el aumento de la demanda la clínica se encargaba del embellecimiento de los pies con sus especialistas. La clientela era heterogénea, también acudían hombres, especialmente ejecutivos con pies cansados o algunos que querían amoldar sus pies para un modelo de calzado.

La demanda crecía y me causaba angustia –eso que ahora llaman stress- ya que los vendedores comenzaban a escasear, para esto me conseguí un equipo que recorría diariamente clínicas, hospitales, centros de salud, se desplazaban incluso a las carreteras para examinar a los accidentados y buscar la forma de llegar a un trato, de esa manera lograba complacer a la clientela que seguía aumentando, ya se me hacían familiares, ellas me llamaban por el nombre igual que yo a ellas, aunque algunas preferían el apodo Cuqui, Pichita, Chispa, claro que no le llamaban apodo sino así es como me dicen, todavía tengo a dos chicas con las que me equivoco en eso de como les dicen: Malola y Malula, damas de una cuarenta de años y algo más con un par de divorcios, según ellas. Pero tal vez lo más interesante de esta relación es que comienzo a conocer su vida íntima sus pretensiones, sus pretendientes, los gustos que ellos tienen y la ansiedad que ellas sienten cuando no pueden complacerlos o los pies no están listos para el encuentro de la noche. A veces hasta he llegado a ser invitado y asisto por cuestiones de negocios, básicamente; entonces veo los cambios que los pies producen en sus comportamientos y hago la comparación con los originales que descansaban en las cámaras frigoríficas de mi establecimiento.

Creo haber creado un negocio que gratifica a los clientes, ahora que el producto ha bajado de precio debido a la demanda acuden personas de recursos limitados, por ejemplo la señora Chacha, una anciana que tiene pronunciados juanetes y que haciendo un esfuerzo logra alquilar un par de pies la miro salir del establecimiento transformada, como si se hubiera extraído algo maligno y me alegro. El otro día llegó un señor que cojeaba y necesitaba unos zapatos ortopédicos, pero como le resultaban caros había tomado la decisión de alquilar o comprar mi producto, le dije que me diera unos días para conseguirle algo que pueda ayudarlo, tenía la columna desviada, me tomó algunos días en encontrarle algo hasta que de la clínica me dijeron que tenían unos pies de un accidentado, lo llamé y el hombre vino como mejor pudo, se probó los pies y salió caminado erguido, nada parecía haberle sucedido, se me ha hecho amigo, me llama para decirme que va a prolongar un par de días el alquiler y que le haga una rebaja y yo accedo, no sé si en ocasiones es más importante la felicidad de los otros, el alivio, que los negocios de uno. Claro está que eso se compensa con las chicas, como les digo a mis clientas, quienes demandan hasta la saciedad y llegan a producirme angustia, soy yo quien necesita esos pies para cumplir con una cita que será a lo mejor mi última oportunidad de salir de mí, de abandonar la soledad, así está Titi, buena chica, ha colocado anuncios por más de dos años, busca diariamente en el internet tratando de relacionarse con alguien, en diarios. Revistas, boletines de supermercados: “Dama distinguida, 56 años, carácter juvenil, desea relacionarse …” hasta que al fin alguien le contestó, ese que ha estado esperando por años y le ha propuesto una cita a la que ella quiere asistir con un lindo juego de pies pues los suyos están bastante deteriorados: las uñas le han crecido retorcidas, los callos se van engrosando, la pedicura le ha dicho que no puede hacer más y yo no consigo encontrarle los pies adecuados para ese momento que puede decidir su vida, llama todos los días, al principio mañana y tarde, luego cada dos horas, cada hora y dejo de encargarme de mis asuntos para atenderla, le aconsejo que tenga fe y ella suspira profundo, siento caer sus lágrimas gruesas, fuertes, sobre el teléfono, mientras espera y espera por esos mágicos pies que la conducirán a un espacio que hasta ahora lo tiene perdido.

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