Amistad
El ambiente de la comisaría estaba enrarecido, se entremezclaban los olores a café, tabaco,
sudor y algo más que no lograba descifrar. Miré el reloj que colgaba de la pared desnuda y no muy
limpia de aquel hall, si es que se podía llamar así a este lugar. A mi derecha se encontraban las
escaleras, a mi izquierda los ascensores, y de frente y a mi espalda se abrían dos grandes y anchos
pasillos, de donde aparecían un goteo incesante de abogados, policías y todo tipo de gente a
apresurada o enfadada por vete a saber que problemas. Ya llevaba casi una hora esperando desde
que el agente que me atendió en la entrada me dijo literalmente:
–Siéntese aquí por favor – dijo mostrándome el sillón en el que ahora me encontraba – desde que algún agente quede libre le atenderán .
Si llego a saber esto me traigo un libro o algo, pensé mientras veía a un agente acercarse a mi.
–Hola, ¿Es usted la señora Marta Garrido? - Preguntó con voz cálida y agradable, mientras yo asentía con la cabeza – Pase por aquí por favor - señaló una puerta a mi espalda.
Entramos en un despacho que compartía con otros cuatro agentes. Todos parecían ausentes y muy
ocupados. El agente que me atendió se sentó tras la que supuse era su mesa y me dijo:
-Tome asiento por favor – señaló las sillas que se encontraban frente a el y espero a que me hubiera sentado – Bien, ¿En que puedo ayudarla? - me preguntó muy amablemente.
-Bueno,... - dije titubeante - no se muy bien por donde empezar – estaba hecha un lío y no me aclaraba – ni siquiera se si puedo hacer algo o si ustedes pueden ayudar – la verdad no sabia como explicar lo sucedido.
-Lo mejor va a ser que me lo cuente todo, desde el principio, y con mucho detalle, después veremos que se puede hacer, ¿ le parece?, - sonrió de modo tranquilizador. - tómese su tiempo e intente ser lo mas fiel posible con el orden de los acontecimientos.
-Esta bien, creo que será lo mejor – pensé - Deme un momento para pensarlo.
Respiré profundamente mientras intentaba ordenar los recuerdos en mi cabeza, me recogí el pelo y me quite el sueter, empezaba a sofocarme su pongo que por el estrés de la situación. Debía ser muy detallista en todo y no olvidarme de ningún detalle importante. Hice un pequeño resumen en mi cabeza antes de comenzar y comencé a relatarle lo sucedido ….
La mañana se había levantado sombría y ahora empezaba a arrepentirme de no haber cogido el otro abrigo que decidí dejar en el sofá en el último momento. Ahora sentía como mi cuerpo se entumecía por momentos y el aire me cortaba el rostro mientras me dirigía a casa de Lucia. La verdad es que todo me resultaba un poco extraño, ya que apenas la conocía y nunca la había visto personalmente. Lo único que conocía realmente de ella era su voz y la breve historia que me contó anoche, cuando me llamó. Es curioso, pero después de hablar con ella un rato, me resultaba muy familiar, como si la hubiera conocido siempre. Aunque nunca antes habíamos hablado por teléfono, si que lo habíamos hecho a través de un chat. Me acababa de mudar, y mi trabajo me quitaba mucho tiempo, asi que, apenas podía conocer gente. Mis compañeros de trabajo, hace ahora seis meses, me recomendaron el chat como una forma muy fácil de hacer nuevas amistades, y la verdad , me fue muy bien. Conocí a mucha gente, entre ellos a Lucia, con quien mantenía una amistad que se hacía mayor cada día, Era una chica sencilla y con la que descubrí tener mucho en común, tanto es así que intercambiamos los teléfonos con intención de conocernos más adelante, pero la verdad hasta ahora nunca habíamos hablado por telefono.
Mientras me dirigía caminando hacia su casa intentaba recordar cada una de las conversaciones mantenidas con la esperanza de poder entender el motivo de aquella misteriosa llamada. Lo cierto es que es una persona alegra y divertida, de esas que siempre ven el vaso medio lleno, de las que dicen que la vida es como tu la haces y que ya no hay ningún problema que no le deje ver la salida. Había aprendido, al igual que yo, que hasta que se encuentra la solución de los problemas, no hay que agobiarse con ellos. Pero, su voz sonaba triste en aquella llamada, tal vez hasta asustada. Lo que estaba claro, era que algo le sucedía, aunque no lograba adivinar que le podía haber ocurrido.
Ya estaba cerca, miré de nuevo la dirección, ¿quien lo hubiera dicho! Solo vivía a una manzanas de mi casa. Con los dedos entumecidos por el frío, guarde el papel de nuevo en el bolsillo. Mientras me acercaba al portal de su edificio, sus palabras resonaron de nuevo en mi cabeza.
–He de verte, necesito hablar con alguien, ¿puedes venir a mi casa?, te lo agradecería mucho.
Casi no supe contestarle, estaba algo aturdida, me dio su dirección y dijo que me estaría esperando. Sin mediar ninguna palabra más me colgó. Yo aun algo aturdida, me quedé sentada en el sofá algunos minutos, no podía reaccionar. Estuve un rato pensando en que le podía suceder hasta que, de un salto, me dirigí al baño, seguro que una buena ducha me despejará, pensé. Así fue, me puse algo de ropa y salí hacia la casa de Laura.
–¡Aquí está! - dije en voz alta sin darme cuenta – el numero 22.
Busqué en el portero el quinto A , pulsé y esperé respuesta. Nada. Volví a tocar pasados unos minutos y esperé de nuevo. Esta vez alguien respondió pasado un momento.
–¿Sí? ¿Quién es? - Respondió una voz al telefonillo.
–Hola, soy Marta, ¿ Está? Lucia – Pregunté al escuchar que la voz era masculina.
–No!, ella no está - su voz sonó muy dura y fría – por favor no vuelva más a buscarla.
La respuesta me dejó helada, más de lo que ya estaba causa del tiempo, no lograba entender lo sucedido. Me quedé inmóvil varios segundos, cruce la hacer y miré hacia arriba, sin saber bien porqué. Supongo que buscaba la ventana de Lucia de manera inconsciente. Esperé un poco a ver si la se asomaba o algo, pero como no vi nada, decidí volver a casa. El tiempo estaba cada vez más frío, y si seguía así seguro que nevaba. Empecé a sentirme cansada de repente, por el estrés del momento supongo. Así que, pensé que lo mejor sería volver en taxi.
Cuando llegué a casa me di un baño de agua caliente, necesitaba calentarme. Me preparé un chocolate y me senté en el sofá enrollada en mi manta favorita. El frío había hecho estragos y no quería enfermar. No podía sacarme lo ocurrido de la cabeza, me preocupaba que le podía haber pasado y, ¿quien era ese tío?, nunca me había hablado de ningún novio ni nada parecido. Decidí encender el portátil con la esperanza de que Lucia estuviera conectada. La verdad estaba muy preocupada y algo inquieta, necesitaba asegurarme de que todo estaba bien. Miré el ordenador pero, no estaba conectada y, normalmente, solemos hablar a esta hora. Estuve en el sofá pensando y pensando hasta que, sin darme cuenta, me quedé dormida.
El leve sonido de las campanas de una iglesia cercana se fue colando poco a poco en mi sueño hasta que me desperté. ¿Que hora será? Me pregunté a mi misma. Mire el portátil, eran las tres, pero, de repente, me di cuenta, el portátil, Lucia, todo volvió a mi mente. Volví a mirar el ordenador, pero Lucia seguía sin conectarse. Intenté tranquilizarme un poco, tal vez estaba sacando conclusiones precipitadas y todo había sido un mal entendido. Decidí que lo mejor sería dejar de pensar en ello hasta que lograra hablar con ella, así que, cogí el libro que tenía a medias y me puse a leer. Tenía que aprovechar el domingo y aun tenía que repasar algunas notas del trabajo.
A eso de las ocho, sonó el portátil, terminé de prepararme la cena y me senté a ver que era. Nuevos mensajes!, abrí el correo, y era un mensaje de Lucía. Abrí el mensaje y leí:
Hola Marta,
no se como disculparme por lo que ocurrió esta mañana, siento no haber podido contactar antes, espero que no estuvieras muy preocupada. Bueno, de todas formas creo que mereces una explicación así que ahí va. Esta mañana tuve que salir a un recado y mi marido Juan se quedo en casa, supongo que te habrás asustado al oírlo ya que nunca hemos hablado de el. Eso se debe a que hace tiempo que lo dejamos pero, estamos intentándolo de nuevo. Es por eso que aun no te había dicho nada, quería ver como nos iba primero. Siento lo ocurrido, pero no te preocupe, todo esta bien. Si te parece bien podemos quedar otro día, y prometo no darte plantón, jeje.
Muchos besos,
Lucia
Bueno, a veces, la verdad es menos interesante que la ficción, pero me quedé tranquila después de la explicación. Terminé de cenar y puse un poco de buena música, que disfrute junto a mi gato Nino, sentada en el sofá. Retomé de nuevo el libro y me relajé.
El despertador pareció sonar más fuerte que de costumbre, y el día parecía no querer despertar. Me arrastré hasta la ducha y me despejé un poco. Cogí mi móvil para guardarlo en el bolso cuando vi una llamada perdida. Era de Lucia, supongo que quería disculparse personalmente, así que decidí olvidar el tema. Además debía concentrarme en la presentación de negocios que tenía a las cuatro si quería conseguir a esos nuevos clientes.
A lo largo del día no deje de recibir llamadas de Lucía pero no pude atenderlas. Ya empezaba a agobiarme un poco tanta llamada. Ese tarde hable con ella y no le sentó muy bien que no quedáramos, pero en ese momento no le dí importancia. En esa semana estuve bastante liada y no pude quedar con ella muy a menudo. Fué entonces cuando empecé a darme cuenta de algo muy curioso, y es que Lucia era algo posesiva conmigo. Comenzó a enfadarse conmigo por no poder quedar y llamarme constantemente, así que tuve que hablar con ella. Intenté quedar con ella en su casa para solucionarlo, pero ella no daba sino largas, que era mejor la cafetería donde nos solíamos ver siempre, que a su marido no le gustaban las visitas, etc...
Al final hablamos en la cafetería y su explicación me convenció. Me dijo que lo que le pasaba era que nunca había tenido amigas y las que había tenido las habia perdido con el tiempo. Que a veces tenía miedo de que me distanciara de ella y perder mi amistad. Algo por otro lado normal en alguien que no cuenta con muchos amigos, por no decir que ningún otro, o por lo menos, ninguno que yo conociera. Parecía que todo estaba aclarado cuando empece a notar algo un poco extraño. Aun no conocía a su marido, ni su casa, ni a su familia, compañeros, ni siquiera quiería conocer amis compañeros, solo salíamos solas. en fin me pareció un poco extraño, pero pensé que era timidez o vergüenza. Entonces decidí tramar un pequeño plan, a ver si poco a poco se iba abriendo y conociendo más gente. Hablé con mi amor platónico del curro, Luis y le convencí para salir en grupo conmigo, con Lucia y con su marido Juan. Al principio se negó en rotundo, pero después de varios intentos, al final logre convencerla.
Quedamos en un restaurante italiano situado a las afueras. Era un lugar tranquilo y acogedor.
La cálida decoración del interior, y el mobiliario conjugaban con las terrazas ajardinadas y el pequeño bosque situado tras el comedor principal. El olor de las flores silvestres entraba por el ventanal situado a mi derecha se mezclaba con el calor de la chimenea situada al fondo de la sala, y con el olor de las diversas comidas servidas a los distintos comensales. Lucía y su marido aparecieron puntualmente y muy animados. La velada fue perfecta en todos los sentidos, nos reímos muchísimo y también bebimos demasiado, por lo que al final de la velada, Juan, el marido de Lucia, decidió pedir un taxi. Volvimos todos a casa con la intención de repetir la velada próximamente. Salimos mucho esos meses y entonces empecé a darme cuenta de pequeños detalles de los que antes no me había percatado. Al parecer Lucía y su marido no se llevaban tan bien como intentaban aparentar. Vi varias discusiones, pero nunca lo hacían en publico, siempre se retiraban a un rincón o salían a la terraza, pero alguna que otra vez los ví sin querer. Entonces a partie de ahí empecé a fijarme un poco más y así fue como empece a darme cuenta de otras cosas un poco más serias. Entonces un día Lucía apareció con moretones en las manos, y algunos arañazos. Ahí fué cuando ya me preocupé e intenté hablar con ella del tema pero muy sutilmente, quería que se sintiese cómoda. Pero no obtuve una respuesta convincente. Me dijo lo típico que se había golpeado, y que no tenía importancia. No le insistí para que no se cerrara en banda, así que, esta vez lo deje pasar, pero desde entonces estuve mucho más pendiente de todo. Pero entonces pasó algo que me resultó muy extraño. Un día salí a comprar a un mercado cercano, y al llegar vi a Juan. Me acerque a saludarlo y, al darse la vuelta le vi el ojo amoratado. Al preguntarle por lo sucedido me dio una excusa muy bien elaborada, pero no le creí. Seguí muy atenta en todas nuestra salidas y conversaciones. Comencé a ver malos gestos, miradas imponentes que obligaban a callar o pequeños desprecios de cariño, entonces me di cuenta de que las cosas no eran como yo pensé en un principio. ¿Cómo podía haberme equivocado tanto?, ¿cómo no me había dado cuenta antes?. Fue entonces cuando recibí la llamada. Era Juan, casi no podía hablar. Logré que se calmara y entonces, entre sollozos me pidió que quedáramos en el parque,en unos quince minutos. Parecía bastante angustiado y no pude conseguir que me contara lo sucedido.
Fui a parque lo más rápido que pude, y realmente asustada. Llegué a la fuente donde quedamos en vernos y eché un vistazo por los alrededores a ver si le veía. Aun no había llegado, asi que decidí sentarme en un bando y esperarle. Miré el reloj, solo habían pasado diez minutos. Volví a ojear la zona en busca de Juan, pero nada. Volví a mirar el reloj, doce minutos, estaba realmente nerviosa, trece minutos, no podía dejar de mirar el reloj, hasta que note que alguien me tocaba el hombre desde atrás. Dí un salto y me quede de pié frente a Juan.
–¡Marta! - me dijo mientra yo me recuperaba del susto
–hola – mi tono sonó algo sombrío - ¿que ha pasado? Por favor, cuéntamelo, sabes que puedes confiar en mi, necesito saber que ha pasado.
–¡Dios! - se levó las manos a la cabeza y entrelazó los dedos en su pelo – es Lucía – estaba realmente nervioso y a punto de llorar – No se como explicarte esto – dijo titubeante – es muy complicado.
–Por favor dímelo, cuéntamelo todo por favor ¿que a pasado? - yo estaba cada vez más nerviosa y asustada. Me temí lo peor – pero ¿que es esto? - el verle las manos las vi llenas de cortes y arañazos – Cuéntame ahora mismo que ha pasado, ¿ porque estas herido? - Juan no podía reaccionar – nos vamos ahora mismo al centro médico, estas heridas son profundas.
–¡No!, no puedo, Me harán muchas preguntas – dijo nervioso y sollozando
–¡Mírame! - le dije mirando le a la cara – Mirame a los ojos – le puse las manos en el mentón y le levante suavemente la mirada hasta que sus ojos se encontraron con los míos – No tengas miedo, confía en mí ¿vale?
–Está bien, pero no me van a creer – casa vez estaba más tranquilo y comenzaba a pensar aunque aun no con claridad
–Vamos, estate tranquilo yo estoy contigo, te ayudaré con esto – intenté tranquilizarle - mientras llegamos al centro medico ¿porqué no me vas contando lo ocurrido? Así podré ayudarte mejor.
Cogimos el taxi, y mientras nos dirigíamos hacia el hospital, me contó algo que, sinceramente nunca se me hubiera ocurrido. Me contó que hace un año decidió dejar a Lucia, que sus continuos ataques de ira y su mal carácter habían derivado en malos tratos por parte de ella. Por eso se mudo aquí, para que ella no le encontrara, pero fue en vano porque varios días antes de mi primera y única visita a su casa ella le encontró. Fue por eso por lo que me dijo que me fuera y que no volviera nunca. Intenté que se marchara pero no quiso, y entonces se mudo ella conmigo. Me tiene todo el día encerrado y cada vez esta peor, más agresiva violenta. Las agresiones comenzaron al poco tiempo deque llegara, y ademas lo tenía amenazado de muerte si decía algo a alguien. Además a Juan le daba muchísima vergüenza por lo que nunca se la denunció. Estaba convencido de que se reirían de él. Resultaba muy chocante oír esto de un hombre de su embergadura. Aun resuenan en mis oídos las palabras que me dijo ya en el hospital,
–Tengo mucho miedo – dijo llorando desconsoladamente
–Pero tienes que denunciarla – intentaba que lo comprendiera – no puedes segur así, y ellos te pueden ayudar
–¿ayudar?, ¡ja!, - dijo riéndose falsamente – tu sueñas, lo que harán sera reírse de mi. Tu imagina, llego a comisaría y digo, hola mi mujer me pega – esto ultimo lo dijo con tono sarcástico – se partirían de risa y sería aun más humillante.
–No, no pienses eso – su mirada me decía , no te lo crees ni tu - yo estoy aquí, iré contigo.
– No te preocupes, yo voy a estar a tu lado en esto, en serio, créeme – suspiró – tienes que hacer algo, no puedes seguir con esto.
–Al llegar al hospital le conté lo sucedido al médico, necesitaba que me hiciera un parte del lesiones. Después me vine a comisaría y bueno, ahora estoy aquí contándoselo a usted.
–El policía parecía algo aturdido a causa de tanta información, pero enseguida se levanto y me acompaño al hospital a hablar con Juan. Ahora todo dependía de el.
Electra