PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Volver

Vaquero Perez, Agustin (Askan)

La mañana



 

El círculo de curiosos crecía por momentos.

Allí, retando al vacío, en la azotea de aquella casa de cinco plantas, estaba la Mañana a punto de suicidarse.

Los bomberos, la policía y los GEOS, habían puesto en marcha los planes precisos y ensayados que tenían, para eventualidades como esa.

El capitán del C.A. U (Cuerpo de Actuaciones Urgentes) fue, por galones y rango, el primero en tomar la iniciativa.

Cogió el megáfono en sus manos y dijo con voz firme:

- ¡Señora, le habla Luís Gutiérrez. No haga nada de lo que mañana se pueda arrepentir! (como si alguien se pudiera arrepentir de algo, después de haber muerto).

¡Baje de ahí ahora mismo y nos olvidamos para siempre de este asunto! ¡¡¡ Pero baje ya, señora!!!   

-¡Quiero que venga la tarde del 15 de mayo de 1992! – dijo la Mañana.

¡ Si no viene, me tiro…y  además, quiero que venga sola!

.-Señora, por favor... -dijo el capitán Gutiérrez, tratando de disimular los nervios que ya empezaban a aflorar en él.  

 -¡Que me tiro!

El círculo de curiosos seguía haciéndose más círculo y más curioso.

Algunos mostraban su extrañeza, mientras se preguntaban cómo era posible que a esa hora aún no hubiera amanecido; y, sobre todo, qué narices estaría haciendo la Mañana, en lo alto de aquel edificio, amenazando a todo el mundo con saltar al vacío.

En el grupo había oficinistas, con carteras de piel negra, que no sabían si volver a casa o acercarse al Ministerio.

Señoras con el carro de la compra vacío, que se preguntaban, si a esas horas el puesto de la fruta estaría abierto o cerrado. Y también había algunos camareros desconcertados, que dudaban si debían marcharse al restaurante, a servir la cena o el desayuno.

-¡Señora, por favor, bájese de ahí, que ya es usted mayorcita! – insistía Gutiérrez.

La Mañana se inclinó con actitud provocadora y el grupo, al unísono, profirió un grito que duró varios segundos.

-Voy a subir – les dijo Luís a los que tenía más cerca. Y con ese voy a subir, lo que él quería decir, era que seibaaenteraresadequienerael.

Le acompañó a la azotea, un psicólogo experto en noches deprimidas y en tardes de domingo insoportables. Uno de esos monstruos de la psicología temporal.

Y cuando ya estaban  a unos cinco pasos de la Mañana, el psicólogo le dijo a Luis con voz queda:

-Déjemela a mí…verá como la convenzo.

Sin esperar respuesta, el psicólogo  dio un paso al frente, para poder estar más cerca de la mañana:

-Buenos días, señora.

Esto… y perdone que me dirija a usted mentándole su naturaleza de día…

Sólo quiero que sepa, que puede estar tranquila; que no pasa nada.

Lo único…en fin, lo único que queremos, es que siga su ciclo vital. Sólo eso.

Si se lanza al vacío todo será noche. Los pájaros se volverán locos, las plantas se morirán de pena, los noctámbulos morirán víctimas de sus excesos…

Y los poetas… ¿qué me dice de los poetas, señora Mañana?

Si usted se suicida, todos sus poemas versarán sobre la noche eterna o sobre las almas oscuras. ¡Imagínese qué horror!

Los trasnochadores siempre lo han tenido claro: cuando usted llega, ellos se acuestan. Y cuando usted duerme, ellos salen.

Todo está mucho más claro, ordenado y nítido, gracias a usted.

Y además…

-¡Quiero que venga la tarde del 15 de mayo del 92! – gritó la Mañana, interrumpiendo el discurso del psicólogo.

Y, después, añadió aún con más firmeza: ¡Sólo hablaré con ella!

-Pero, ¿por qué tiene que ser esa tarde…? ¿No le vale la del 8 de agosto del 94? –Esa pregunta se la hizo el psiccólogo, más para poder ganar un tiempo tiempo, que porque llevara la tarde del 8 de agosto del 94 en el bolsillo.

-¡No! –respondió la Mañana.

A esas alturas, la gente que esperaba en la calle ya se estaba empezando a impacientar.

Marcó el cuarto de las nueve el reloj de la iglesia de San Miguel, cuando aquella capa densa y negra que se había ido extendiendo sobre la ciudad, seguía creciendo y creciendo, como crecen los malos presentimientos..

Zurearon las palomas, les acompañaron los semáforos; y, al rato, pasó un camión del ayuntamiento por la avenida, como si no pasara nada. Regó y se fue.

En paralelo, los Dispositivos Inmediatos de Soluciones Urgentes, se habían puesto en marcha.

Se consultaron listados, bases de datos, y se registraron casas, bolsillos de sospechosos y buhardillas inquietantes.

Se peinó toda la zona sur de la ciudad, sin obtener  ningún resultado positivo. De la tarde del 15 de mayo del 92, no había ni rastro.

Y, aprovechando la ocasión, la policía se llevó a comisaría, a un par de caídas de la tarde realmente malencaradas; una media mañana que se dedicaba a joderle la vida al prójimo; y una noche -que se creía mañana- pero que era de una oscuridad insultante.

El tiempo iba pasando y la Mañana se impacientaba por momentos.

Y el psicólogo seguía a lo suyo :

-Señora, por favor. Haga usted el favor.

Siempre hemos sido amables con usted.

Los músicos le han cantado. Los filósofos se han  aproximado a usted con respeto y admiración... no nos haga eso, señora.

Su nombre siempre ha ido unido a pureza, a claridad, a vida. (y cuando dijo vida, la palabra resonó en toda la calle)

Sin su presencia ya nada será igual. Nada lo será.

Los crímenes y las violaciones siempre se hacen por la noche. Las torturas y las vejaciones, también son nocturnas…

Los niños, -los ni-ños-se-ño-ra-Ma-ña-na-, temen a la noche cerrada.

En cambio, lo único que les tranquiliza es su presencia.

No querrá usted hacerle eso a los niños, ¿verdad?...

A través de las doce y diez del seis de octubre de 1991, contactaron con  la tarde del catorce de mayo del 92 (vecina de la buscada), y le convencieron para que fuera con urgencia a aquel edificio.

Subió las escaleras y se acercó a la cornisa donde estaba su antigua vecina.

-¿Pero qué estás haciendo ? – le preguntó la tarde del 14 de mayo, con un cierto tono de reproche.

-Soy muy desgraciada. –respondió la Mañana.

-¡Pero si lo tienes todo! ¡Anda, venga, no hagas más tonterías y bájate de ahí!

-El año pasado no quiere saber nada de mi –dijo desconsolada la Mañana.

-Olvídalo. Siempre te dije que ese tipo no te interesaba. –añadió la tarde, quizás recordando algún consejo que le habría dado, en algún momento de su vida.

-Sigo enamorada de él… no puedo olvidarlo.

 ¡No quiero volver a amanecer!.

Aquella tarde del catorce de mayo del 92 y la Mañana del día siguiente, estuvieron hablando durante más de dos horas y tres cuartos, mientras la noche cerrada pedía a gritos que la relevaran de su puesto.

Los viajantes perdieron su tren, los políticos, el norte y las estrellas se quemaron por haber estado tanto tiempo encendidas.

Y cuando la Mañana se lanzó al vacío, se produjo un hondo silencio que duraría toda una eternidad.

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de