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Julio, Fabiana Judith (Marie d´Cutivelle)

Amor con amor se paga



Amor con amor se paga

Raúl llegó sin saber que le esperaría esa tarde en la casa de la familia de Carmela la joven a cual cortejaba desde ya hacía un par de meses.

Luego de muchos preámbulos no le quedo otra que blanquear la relación, para ingresar a la casa con el título de novio formal.

Se veían en los pequeños ratos que el padre de ella se los permitía: unos minutos en la semana y dos horas los sábados.

La tarde estaba hermosa y los rayos del sol encandilaban la mirada cabizbaja y miedosa de Raúl frente al gigante y descomunal tal vez futuro suegro.

El padre sudoroso, por el pesado trabajo que estaba realizando, lo miro con sádica sonrisa -vienes a ver a mi hija, dijo

El lleno de temor y empequeñecido frente a la gigantesca sombra respondió temerosamente -si señor, si usted me lo permite.

A Raúl, no le extraño la soledad de la casa ese día, entro vacilante pero sin miedo.

Rigoberto lo llevo a la sala donde le ordeno que se sentara. Raúl estaba inquieto no le daba buena espina el trato del padre de Carmela y en el pueblo se contaban muchas historias a puertas cerradas sobre el pasado de la familia Mager.

Rigoberto con su voz áspera y dictatorial le dijo - ¿Tomas un café, mientras llegan Carmela y su madre? Fueron al mercado juntas ya están por regresar.

Raúl asintió, no tenía otra opción si quería seguir viendo a Carmela, así le diera de beber agua estancada, él la tomaría con su mejor cara de agrado. Rigoberto no era el enemigo que el querría para su vida, menos en estos momentos donde Carmela era su mayor anhelo.

La casa estaba ordenada, limpia y prolija, sobre la mesa del comedor lucían unas hermosas rosas rojas que según contaba Carmela, Rigoberto le llevaba a su madre todos los martes cuando regresaba del trabajo.

Rigoberto amaba a su familia y sobre todo a su hija Carmela quien era su ángel, la luz de sus ojos; nada era mucho para ella, todo era poco, sus mayores esfuerzos estaban dedicados a ella; por ello sabía que cualquiera que aspirara estar con Carmela ya se convertiría en su enemigo.

Raúl no era la excepción, era solamente uno más que se apuntaba a la lista de potenciales enemigos, según sea el entusiasmo que Carmela pusiera en él y el tiempo de duración del mismo.

Para su desdicha Carmela estaba muy enamorada, hablaba de él a toda hora y pasaba largos ratos junto al teléfono esperando que sonara, anunciando que por fin escucharía la voz en el aparato. Estaba silenciosa, soñando despierta el día entero sumida en la escritura de melosas poesías donde los pajaritos cantan y escuchando canciones en el mp4 que provocarían diabetes hasta a un hipoglucémico.

Rigoberto fue a la cocina con la intención de preparar un café y convidar al visitante mientras llegaba Carmela con su madre de hacer compras en el shoping .

El entrar en la cocina y ver una artillería de cuchillos y cuchillas con las cuales  podría sacarse del medio al molesto joven.

Pasaron por su mente muchas cosas en ese instante, la duda comenzó a carcomer su cerebro, pensaba en las miles de consecuencias que le traería a su vida matar al joven. Pensó en los años de prisión; pero, por otro lado era la solución a las futuras penas de Carmela, el librarla de ese joven.

Una idea gano al resto de las muchas que pasaban ,sin dar un segundo de respiro a su alterado cerebro pensó que liquidar al joven era la mejor opción .

Sí, matarlo era la mejor , evitar posibles sufrimientos a su hija, era un deber de padre, no locura temporal, quién podría reprocharle algo, nadie, cualquier padre lo comprendería.

Contempló un solo instante al muchacho quien ignorante de su destino lo esperaba sentado en el comedor mirando el techo y seguramente pensando que abominables cosas con respecto a su hija. No dudo. Ese indolente jamás pondría mano alguna en su perla.

Pensaba en Carmela las noches en vela cuidando su sueño, las salidas a la plaza, las tareas del colegio, etc.

No vaciló. Destrozar al enemigo es un honor, la mas altruista muestra de amor que podría darle a su hija como padre, protector y guardián silencioso de su virtud inmácula.

Llamó al chico con una simple excusa y en letal dialogo, le pidió que lo acompañe a su galpón donde los dos correrían un pesado ropero en el que guardaba herramientas en desuso.

Sin saber que esos serian los últimos pasos que Raul daría en su truncada vida.

Como un cordero en en santa procesión al cadalso se entrego a las homicidas manos de su verdugo.

Rigoberto inmutable tomo entre sus manos la maza, con la que de un certero golpe provocó un sangrante agujero en el cráneo del chico, quien cayo al piso quedando su cuerpo en menos de un instante sobre un espejo de roja sangre que brotaba a borbotones de su cabeza, despidiendo por la presión de la misma, trozos de su masa encefálica, mientras que el último soplo de vida dejaba el mutilado cuerpo con una leve contracción muscular.

Arrastrar al pequeño saco de huesos, no le demando mucho trabajo.

Rigoberto contemplaba el cuerpo mientras que con indolente orgullo pensaba en cuanto bien había hecho ese día, Dios le había permitido evitar lágrimas de sal corriendo por las mejillas de su pequeña hija.

Buscaba la piedra de afilar, limpió su mesa de trabajo y con una meticulosidad escandalosa, fría y calculada cual cirujano antes de operar, fue colocando una a una las herramientas que usaría contra ese maldito muchacho del demonio que había osado posar sus ojos en lo mas puro que su vida tenía, su hija.

Con el destornillador arranco los ojos del joven, luego con el gancho de carnicero extrajo el cerebro que fue entregado en ofrenda a Tom, el gato de la familia.

La sangre caía formando ríos viscosos en el piso de aquel galpón.

Con la caladora abrió el pecho en dos y usando la pico de loro saco los órganos internos después usando la motosierra cortó toda la masa muscular en partes no mayores a quince centímetros.

Fría y meticulosamente procedió a la vivisección del muchacho en pequeñas partes que

fueron colocadas en varias cubetas donde guardaba cachivaches.

Quedaba deshacerse de las partes inservibles y limpiar todo antes de que lleguen su esposa e hija.

Con la hidrolavadora que compró el verano pasado comenzó con la tarea de limpiar el lugar, junto en una cubeta las partes inútiles del joven, las llevó al antiguo pozo ciego que tenia la casa, hacia 5 años el intendente trajo las cloacas así que pensó mientras levantaba la tapa “de la mierda viniste a la mierda te vas“ y en una sencilla ceremonia arrojó una a una las partes del cuerpo.

Quemó la ropa junto con las hojas que el otoño dejó en su jardín.

Una vez terminada la difícil tarea de la limpieza, comenzó a llevar los trozos de aquel infeliz a la cocina, donde puso a macerar la carne con jugo de limón, aceite y especias.

El cuerpo tomaba un baño en un rincón de la cocina a la espera de ser el ingrediente principal de una receta magistral.

Puso una gran olla a hervir donde coloco unas cebollas, vino blanco, pimienta y abundante agua, sal 100 grs por litro una vez que rompió el hervor comenzó a hechar los pequeños trozos del joven,

En la mesada estaba abierto de par en par un libro de Cocina Caníbal Gourmet.

Eligió la receta mas acorde a la materia prima que tenía “yernos indeseables en su propio jugo a la riojana“

Seguidamente tomo harina y comenzó a amasar un pan casero, con el que acompañaría el grandioso banquete que estaba naciendo en su cocina.

No era solo la comida por la comida misma, esta tenía el mejor condimento la satisfacción de sentir que el peligro había abandonado a su hija.

Vio que era mucha comida y que sería egoísta guardarla, así que mientras que en tres enormes ollas hervía la carne, pensó en un festejo.

Fue al baño, se baño, puso a lavar la ropa que tenía puesta, se afeito, sé perfumó y salió a la puerta a llamar a los vecinos.

- ¡Vengan los invito a compartir una comida todos juntos, hoy festejamos el fin del dolor!

La gente comenzó a sacar mesas a la puerta, sillas, vino, música y en mucho menos de lo que pensaba el barrio entero era un jolgorio.

Carmela y su madre llegaron, las sorprendió que el barrio fuera una fiesta y mas que fiesta sea en la puerta de su casa, no entendían nada.

Entraron sorprendidas, se habían demorado más de lo pensado ya que Carmela insistió en caminar de regreso y eso les llevo más de dos horas.

¿Que había pasado en esas cuatro horas que no estuvieron? ¿Por qué el barrio era una fiesta? Ya se irían enterando cuando entre la multitud de vecinos encuentren al padre.

-¡Hola! Ya llegaron ¿Cómo están? No saben lo que paso hoy estamos de fiesta ¡!

Se fue el mal para siempre, estoy feliz mas feliz que nunca.

-¿Qué pasó? No entiendo nada dijo Maria, mientras miraba con cara desconcertada.

-Te cuento, hoy sucedió un milagro Dios me iluminó, la vida es distinta desde hoy.

-Estas loco no entiendo nada, ¿Qué hacen los vecinos con mesas en nuestra puerta? ¿Porque hay festejo? Tu cumpleaños ya pasó.

-Estamos festejando mi milagro, el cordero se inmoló para el bien de todos.

-¿Cordero de que cordero me hablas? en la heladera había solo un kilo de milanesas de nalga.

-Bueno el cordero me fue dado como premio a mi abnegada tarea de padre.

-Sigo sin entender, pero bueno ya me lo explicarás mejor. ¿Que hacemos con todos los vecinos? ¿Les decimos que fue una broma de mal gusto?

-No, los invitamos a comer con nosotros, no ves que trajeron mesas, sillas, música ¡Alegría !¡Festejemos! .

No teniendo otra salida Carmela y su madre se unieron al grupo de vecinos que tampoco sabían bien que festejaban, pero que no se negaban a un plato de comida casera gratis.

Todos comieron, repitieron hasta tres platos, bebieron vino, bailaron y festejaron, chicos y grandes, todos juntos.

La única que no disfrutaba del banquete era Carmela quien miraba la calle esperando que Raúl llegara.

-Carmela, dijo el padre, te llamó Raúl, dijo que lo perdones, pero que le salio un trabajo en la Capital y que por un tiempo estará ausente, el se va a contactar con vos, ni bien pueda.

La joven llevo sus manos a la cara, comenzó a llorar desconsoladamente.

De pronto uno de los muchachos, el hijo del vecino de la esquina, se le hacerco, comenzó a acariciar los rubios rulos de Carmela.

-No llores, dijo con pesar, las chicas lindas no lloran.

Comenzó a besarla, a él se le sumaron dos jóvenes mas, Carmela no entendia, todos la besaban.

De pronto los besos comenzaron a doler, sentía que su piel se desgarraba y cada vez eran mas, ahora se habían sumado los viejos, casados, solteros, viudos, las mujeres y los niños hacían cola para besarla, pero los besos lastimaban su carne, comenzó a sangrar.

Trato de gritar pero un brusco mordisco la dejó sin lengua, el terror se adueño de ella.

Veía como todos, incluyendo su madre y su padre rasgaban su carne en actitud amorosa, mientras la respiración se le cortaba.

Vio al nene de la esquina quien con solo tres años llevaba en su boca un trozo de su dedo índice, no podía llorar ya no tenia ojos la vida se le escabullía en la boca de los feroces vecinos y sus padres.

Había pasado una hora y de Carmela quedaban solo sus zapatos.

Marie d´Cutivelle

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