A mitad de la novela, siempre, irremediablemente, siento el mismo hastío que Emma y tengo que abandonarla.
Pura incomprensión, que lleva al desinterés: no me cabe en la cabeza el amor que siente Humbert Humbert por esa niña tonta. El alcance de mi pederastia es estrictamente gay.
Durante muchos años, esta novela fue la causa de que me creyera tonto e irremediablemente perdido para la literatura. Sigue teniendo algo de culpa en mi baja autoestima.
Siempre me imagino al autor montando el rompecabezas con un esquema perfectamente delineado. Y entonces me viene el gatillazo.
No me veo con ánimo ni de justificarlo. Cuando pienso en la novela siempre se me viene a la cabeza el sobrepeso de Lezama.
(Madrid, 1962) Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Gerencia de Empresas. Ha publicado los libros de relatos Los oscuros y El alma del erizo, las novelas La dulce ira, La muerte de Tadzio, ganadora del Premio Ramón Gómez de la Serna, y Los amores confiados, y la colección de cartas Amante del sexo busca pareja morbosa.