Bataille, el pensador; no el erotómano que es más cansino. George Bataille, entre curil y depravado, nos mira desde las fotos con una reprobación ateológica que me parece el colmo de lo perturbador.
"Nosotros sabremos dar la vida entera todos los días… Senté a la belleza en mis rodillas y la encontré amarga y la insulté."
¿Qué tienen los ojos llenos de rabia del adolescente para que sigan fascinándonos desde el daguerrotipo de Carjat? Desafiante, cabreado, profundamente rockero cuando el rock&roll aún no existía. El erotismo de la furia sagrada: mierda, mierda…
Me gustan los santos. Me gustan las historias de martirios y de estigmas. Tengo un colgante con el Padre Pío que me compré en Roma, en la Via dei Giubbonari, cuando vivía en la Academia. Me gustan su barba y su aire de loco iluminado.
No David Bowie, sino Ziggy, con pattes d’eph de lentejuelas, plataformas delirantes, el rostro maquillado y la melena de león. Me encanta su androginia, su tono apocalíptico y románticamente ufólogico. Super sexy.
Supongo que este es el más inconfesable de todos pues lo comparto con la mayoría de las niñas de diez años.
En Cullen se juntan tres fantasmas muy comunes: el amor del instituto, el vampiro y el menda con quien es imposible concluir. Pattinson, fuera de su rol vampírico, pierde para mí todo encanto. Corramos un tupido velo.
(La Coruña, 1970) Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Borgoña, ha publicado seis novelas, entre las que se encuentran La canción de las cerezas, El sueño de Borges y La noche sucks, además de numerosos relatos, poesía, artículos de opinión y crítica literaria. Fue la ganadora de nuestra primera edición del premio Cosecha Eñe.