Como mexicano que soy, reconozco que no profeso la devoción que tienen, por ejemplo, algunos amigos españoles y argentinos por Paul Auster. Así que admito también que he llegado un poco tarde a sus libros, en el otoño de la austermanía que se vivió sobre todo a finales de los años noventa, tras la traducción definitiva al castellano de su Trilogía de Nueva York por parte de la editorial Anagrama.
Esta navidad, sin embargo, recibí de regalo Sunset Park, la última novela del neoyorquino... ¿O es de Nueva Jersey? En fin, eso no importa. El hecho es que ya estaba por empezar a leerla, cuando un buen amigo, que además es un gran lector, me dijo: «No sabía que fueras fan de Auster». «No lo soy —le respondí sinceramente—. De hecho, es el primer libro suyo que voy a leer». Y entonces él me dijo: «Pues olvídate de este. Es malísimo. Si quieres leer a Auster, empieza por su Trilogía. Yo mismo te la presto».
Y así lo hizo, y así lo hice yo también con la Ciudad de cristal, la primera novela de la famosa Trilogía, siguiendo su consejo. Y bueno, debo reconocer ahora que estoy recuperando el tiempo austeriano perdido. Ciudad de cristal me la devoré en tres noches y estoy por hacer lo mismo con Fantasmas y La habitación cerrada.
En un próximo mensaje les contaré qué me parecieron las tres juntas.
Saludos cordiales y gracias por su magnífica Eñe.