Hola, Eñe. Soy yo otra vez, Francisco Melchor, el mexicano. Vengo a cumplir mi palabra: hace un mes terminé la Trilogía de Nueva York (más bien debo decir: la devoré) y acá estoy para darles a conocer mi crítica: las tres novelas forman en conjunto un libro fabuloso, inteligente, a ratos brillante, adictivo. Mis preferidas son la primera (Ciudad de cristal, de la que ya escribí) y la tercera (La habitación cerrada), en la que hay un breve cameo de algunos de los personajes que aparecen en la primera y en la segunda (Fantasmas).
No voy a aguarles la fiesta contándoles los argumentos. Nada de nada. Son tan simples (en apariencia) que sería maltratarlos. Solo diré dos cosas: aunque la temática es parecida (una recreación «seria» del viejo género policial: ¿qué pasaría si un caso policial irrumpiera de verdad en nuestras propias vidas?, por decirlo de algún modo), cada cual tiene su propia complejidad argumental y se definde sola. Lo segundo: no sean como yo. No esperen tener cuarenta años para leerla.