enviado por I. Bueren Gómez-Acebo //
Mientras espero
Riña de gatos. Madrid 1936, que he pedido en mi carta a los Reyes, decidí abrir esta novela de Mendoza que, la verdad, todavía no había leído. Es lo que tiene tener veinticuatro años y... ser de Empresariales. El asunto es que fue nada más abrir el libro para que lo acabara de leer en dos días trepidantes en los que casi ni dormí. Hacía tiempo que no me enganchaba a algo con tanta desesperación. Se lo comenté a mi madre, que se había leído el libro dos veces y conocía hasta la película (y además, no deja de cantar desde que a su adorado Vargas Llosa le dieron el Nobel), y me dijo: «Esa novela es lo más cerca que un escritor de estos tiempos ha estado de Vargas Llosa
». Después se quedó pensando, y añadió: «Mendoza, el Planeta. Vargas Llosa, el Nobel. ¡Al fin empiezan a ganar los buenos!».