Hace unas semanas, una amiga que anda recorriendo Sudamérica me envió este libro de relatos de la joven escritora boliviana Liliana Colanzi. Como en los últimos meses solo he podido leer ensayos, artículos y casos clínicos para preparar mis clases (estudio Psicología), una tarde lo cogí en plan «vamos a relajarnos» a ver si me enganchaba, y no paré hasta la última página, sin levantarme ni para beber agua. Los relatos de Colanzi son de lo mejorcito que he leído en mucho tiempo escrito por una mujer (entre los hombres tengo a Murakami, lo siento). Son historias de aprendizaje de una adolescente-y-más-tarde-joven boliviana en un entorno familiar y social que poco a poco le va quedando estrecho y, por lo tanto, ante el cual siente la necesidad de rebelarse o escapar con quien sea y a donde sea. Quizá por eso los dos últimos relatos transcurren en Inglaterra, donde no es casualidad que la autora haya estudiado (ni más ni menos que en Cambridge) y por eso conoce tan bien. En resumen, se trata de un libro y una autora para recomendar, con una gran complejidad en sus temas pero mucha sencillez en su estilo, lo cual da lugar a una narración vertiginosa, hipnótica y al mismo tiempo demoledora.