
El 21 de agosto falleció el escritor argentino Fogwill. Eñe se suma al pésame
(24.08.10)Será difícil acostumbrarse a que Fogwill ya no esté más con nosotros. No sólo por su inteligencia y su agudo —y no pocas veces ácido y hasta hostil— sentido del humor (mientras organizábamos el Festival Eñe América, nos enviaba mensajes como éste: "Ya tengo título para mi charla: Ahora, hablemos de mí. Espero noticias de los 'orgasmizadores'. A mi edad, resultan indispensables"; sobre su carácter, leer también la semblanza que Alberto Anaut traza a partir de su participación en el Festival), sino sobre todo porque su literatura, alejada de modas y ambiciones mercantilistas, estaba (está) entre lo mejor que se puede leer en castellano en este principio de siglo.
Su primera novela, Los pichiciegos (1983), lo situó rápidamente a la cabeza de la narrativa argentina contemporánea, junto a César Aira y su pretendidamente "odiado" Ricardo Piglia. Considerada como una obra maestra de la literatura latinoamericana de finales del siglo XX, Los pichiciegos cuenta la historia de un grupo de soldados argentinos que, en plena guerra de las Malvinas, deciden desertar para crear una comunidad regida por sus propias normas dentro de un refugio subterráneo. El crítico español Ignacio Echevarría escribió sobre esa novela: "Los recultas desertores de Fogwill son adolescentes del extrarradio urbano, arrojados a un infierno de nieve y barro en el que los Harrier británicos hacen las veces de ángeles exterminadores, y en el que su condición social subalterna se evidencia brutalmente". El también crítico J. Ernesto Ayala-Dip celebró su estilo: "Asombra su destreza con la lengua literaria". Martin Kohan, premio Herralde 2007, la describió como seguramente le habría gustado hacerlo al propio Fogwill: "El mundo de Los pichiciegos está dividido en dos: los vivos y los boludos. No los ingleses y los argentinos, no los patriotas y los desertores, no los valientes y los cobardes, tampoco los pacifistas y los belicistas; sino los vivos y los boludos".
Otro de los hitos de su obra es la especie de trilogía que forman las novelas La experiencia sensible (2001), En otro orden de cosas (2002) y Urbana (2003), las tres editadas por Mondadori. La última editorial que había publicado sus libros en España, sin embargo, es la joven y espléndida Periférica, del también escritor Julián Rodríguez, en la que se pueden leer Help a él (2007), Un guión para Artkino (2009) y una reedición de Los pichiciegos, que apareció en marzo de este año.
Licenciado en Sociología, los inicios profesionales de Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, 1941) estuvieron ligados a la publicidad y la docencia, hasta que un día, a los 39 años, decidió cambiarlo todo por la literatura. Como autor de poesía, publicó los libros Partes del todo lo dado, Canción de paz y Últimos movimientos. Como periodista, fue columnista del diario Perfil de Buenos Aires y colaborador de Clarín, El País (España), La nouvelle Revue Française y Revista de Occidente. En 2009, Alfaguara Argentina presentó un volumen con sus Cuentos completos. Pronto aparecerá la segunda edición de la reunión de sus artículos y ensayos Los libros de la guerra. En total, deja un legado de más de veinte títulos y la puesta en marcha de Tierra Baldía, una editorial independiente de poesía.
Es cierto, será difícil acostumbrarse a que Fogwill ya no esté más con nosotros. Pero quedan sus libros, que, aunque no es lo mismo, siempre nos seguirán dando mucho, mucho Fogwill.