
Quedan sus libros, sí. Sus más de veinte títulos, entre novelas, poemarios, colecciones de relatos y de ensayos y artículos periodísticos. Sin embargo, los que lo conocieron en persona saben que este consuelo no basta. Fogwill era mucho Fogwill, tanto cuando despotricaba en voz alta y dirigía toda su hostilidad —que podía ser mucha— hacia quienes él consideraba hipócritas y traidores —ciertos escritores, editores e intelectuales: supuestos humanistas mercantilizados, básicamente—, como cuando generosamente hacía las veces de maestro, hermano mayor o incluso abuelo con quienes sí le merecían su admiración y respeto. Para terminar este homenaje de Eñe a Rodolfo Enrique Fogwill, quedan también estas imágenes. Montevideo, 6 de agosto de 2010. 20h. Imágenes para no olvidar.