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Los 20 del New Yorker
Los escritores Yiyun Li y Daniel Alarcón. Foto de Li © Don J. Usner. Foto de Alarcón © May-Li Khoe.
Los 20 del New Yorker
Li y Alarcón entre los 20 Under 40. (01.09.10)

Daniel Alarcón (Lima, 1977) es el autor de «El presidente idiota», un relato de iniciación sobre un chico que, al acabar sus estudios, se dedica a viajar con un grupo de teatro cuyas obras ligeras, algunas salpicadas de crítica social, no tienen mayor ambición que entretener a los habitantes de pueblos y aldeas de provincia en tiempos de pobreza y terrible violencia política. Aunque el texto no lo dice, el lector puede imaginar que se trata del Perú, el país de nacimiento de Alarcón, durante la larga década en que funcionó la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso. Ese cuento, literariamente brillante, apareció en la edición de invierno de 2008: Eñe 16 | Nuevos escritores de América Latina.

Yiyun Li (Beijing, 1972) es la autora de «Un hombre como él», otro relato portentoso y sin duda uno de los mejores del número primaveral de este año: Eñe 21 | Nuevos escritores de Norteamérica. En él, Li narra la historia de un ex profesor de secundaria, mayor, soltero, sin hijos, que vive en una de las grandes ciudades de la China contemporánea y cuya vida rutinaria es apenas compartida con su anciana madre enferma y una señora que a veces llega a cuidarla. Un día descubre en una revista la foto de una chica cuya camiseta lleva impreso este mensaje: «Mi padre es un ser más bajo que el cerdo y el perro, porque es un adúltero». Y entonces… Para los que aún no la han leído, Li es una maestra de estilo, y sus frases son tan afiladas que por momentos uno teme ser cortado por ellas.

Pues bien, tanto Daniel Alarcón como Yiyun Li han sido elegidos por los editores de la prestigiosa revista The New Yorker entre los cuarenta escritores más destacados menores de cuarenta años que viven y publican originalmente en Estados Unidos. La selección ha recibido el título de 20 Under 40 («los veinte menores de cuarenta»), y sendos relatos de ambos han aparecido en las ediciones del 16 y 30 de agosto, respectivamente. El de Alarcón lleva por título «Second lives» y puede leerse haciendo clic en este enlace, y el de Li, «The science of flight», se puede leer aquí.

Los veinte autores elegidos y los exigentes criterios de selección en los que se basaron los editores de la revista norteamericana (que en la edición anterior, realizada en 1999, eligieron a autores que hoy son plenamente reconocidos dentro y fuera de Estados Unidos, como David Foster Wallace, Junot Díaz, Michael Chabon, Jonathan Franzen o Jhumpa Lahiri) se encuentran en este otro enlace.

Para terminar, contactamos a Daniel Alarcón en Oakland, California, donde vive, y nos contó su historia personal detrás de los 20 Under 40:

«En enero o febrero, si mal no recuerdo, se comenzó a comentar que el New Yorker pensaba llevar a cabo este proyecto. Mi agente me pidió que buscara fragmentos de la novela que estoy escribiendo que se pudieran leer como un cuento, pero, la verdad, al principio no le di demasiada importancia. En parte porque pensé que lo más probable era que no me eligieran, y en parte porque es difícil encontrar un fragmento de una novela que se pueda leer como un cuento. La primera convocatoria fue amplia: unos ochenta o cien, incluyendo a autores jóvenes a los que les pidieron textos inéditos. Creo que fue en marzo cuando me pidieron que les mandara el manuscrito completo de la novela, algo que no quise hacer: al fin y al cabo, el texto sigue en proceso, y es más que seguro que cambiará muchísimo antes de que lo acabe. Sin embargo, finalmente decidí seguir el consejo de mi agente y lo mandé. Deborah Treisman, la editora asignada a mi texto, cogió entonces mis primeros fragmentos y, usándolos como base, tirando de aquí y allá, armó algo que se parecía a un cuento. Luego tuvimos una larga conversa entre los dos, y así fue como ese material se convirtió finalmente en “Second lives”. El proceso de edición del New Yorker es siempre muy riguroso. Deborah te cuestiona mucho, te reta, y el resultado es que con ella un cuento siempre sale mejor. ¡Y te chequean todos los datos, fact checking para ficción! Eso siempre es muy gracioso. Sobre todo en mi caso, porque el cuento ni siquiera nombra el país donde ocurren los hechos. Es raro. ¿Cómo chequear la veracidad de algo que es inventado? Sin embargo, lo hacen. Así de serios son.»


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