PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Festival Eñe. El resumen
© Julio César González.
Festival Eñe. El resumen

Además de este resumen, lee y reconstruye cada momento del Festival en el blog Ascensores, mentiras y gafas de pasta, de Guillermo Ortiz. El joven escritor no se corta a la hora de opinar.

(21.11.11)

El Festival Eñe 2011, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el viernes 11 y sábado 12 de la semana pasada, empezó con un acto que anticipó bien lo que vendría después: un fin de semana frenético.

La tarde del jueves 10, un día antes de la inauguración oficial del Festival, Antonio Gamoneda dio el pistoletazo de salida con un pregón de altura y un emotivo poema sobre las palabras, esa hermosa y al mismo tiempo esquiva herramienta a la hora de escribir.

En la gala realizada en el Instituto Cervantes, a escasos metros del Círculo de Bellas Artes, el poeta tuvo tiempo de participar de un pequeño brunch con los autores invitados y participantes del Festival en el que nos deleitó con el poema que reproducimos aquí:

Sobre lingüística
Esta mañana me he adentrado en mí.

Presentía un silencio semejante al de un almacén abandonado pero en mi oquedad yacían algunas palabras comprensibles: «Felicidad», «Salud», «Buenos días».
Eran hábiles en su naturaleza: mentían.
Esta misma mañana he escuchado también la más falsa de las palabras: «Vivir».
Ah, las palabras, hábiles en la oquedad rodeada de tristeza.
Yo amo otras palabras. Pesan en mi lengua y niegan los significados.
Ah, las palabras, solas en sí mismas.
Qué sustancia sin nombre, qué pureza.

El viernes 11, día uno del Festival, se esperaba variedad, y vaya si la hubo. Para empezar, en una espectacular sala chill out con un graffiti-homenaje al artista Juan Carlos Argüello Garzo, conocido como Muelle, el escritor Agustín Fernández Mallo nos dejó unos retazos de su primer poemario y del último, Antibiótico, que se publicará próximamente.

Lo que vino después fue una retahíla inacabable de nombres consagrados y jóvenes promesas: Antonio Gamoneda y Álvaro Pombo pusieron la madurez, aunque no siempre la cordura: los dos convertidos en enfants terribles por un día a sus casi 80 años.

Andrés Trapiello trató los problemas de la narrativa de uno mismo: cómo convertir el diario en la novela de la intimidad propia, qué papel tienen los blogs en esa introspección.

Mario Muchnik nos devolvió a la melancolía de un tiempo de editores con modelos claros, con criterios, que leían, que se relacionaban directamente con sus autores. Un tiempo que, probablemente, nunca existió.

Entre los más jóvenes, algunas de las grandes figuras del panorama actual: Germán Sierra, Alberto Olmos y Luna Miguel conversaron sobre Internet: el medio y el soporte, su relación con la literatura, el eterno debate de la supervivencia del libro en la era digital justo cuando la piratería de ebooks ya ha llegado a España. El debate quedó en empate, con pocas salidas para un tema tan amplio.

María M. Bautista, Javier Moreno y Elisa Fuenzalida, entre otros, que representan el futuro de la poesía y la narrativa en lengua hispana, tuvieron su tiempo para presentar sus obras editadas. Al mismo tiempo, varios aspirantes a escritores —o más bien, a escritores publicados, que no es lo mismo— tuvieron también su momento para «vender» sus proyectos de libro a las editoriales Salto de Página, Alfabia o Musa a las 9. Al día siguiente, otros escritores inéditos lo hicieron a Libros del K.O., Lengua de Trapo y 451 Editores.

También hubo sitio para la música. La soberbia banda de Alberto Palacios animó el principio y el final de la velada con su mezcla de jazz, swing y pop, mientras que el compositor y músico Rodrigo Leão hacía las delicias de propios y ajenos en una íntima actuación.

El sábado 12 comenzó con Amador Fernández Savater hablando de políticas literarias, y una pregunta para la reflexión: si toda política de emancipación inventa un nombre que no designa nada en la realidad, pero a partir del cual el orden queda interrumpido y la realidad se puede cambiar, ¿cuál sería la ficción que ha puesto en juego el 15-M?

La simpatía de Esther Tusquets era algo que ya conocíamos todos los habituales del Festival Eñe por la entrañable charla que mantuvo con su hermano Oscar el año pasado, hablando de la biografía o más bien de la posibilidad de la autobiografía y hasta qué punto somos inventores de nuestra propia realidad. Dicho a su manera: los escritores, esos mentirosos compulsivos.

En esta ocasión, Tusquets respondió a las preguntas que sus lectores le habían enviado a esta web y nos dejó varias perlas de su delicioso e inacabable ingenio: «prohibir es el deporte nacional en España»; «he intentado ver dos veces la película de Facebook, pero no me entero de nada»; «a partir de los setenta sabes que cada día es el mejor que vas a vivir nunca; no habrá un día mejor, es todo una cuesta abajo»; o también: «de la lectura rescato el placer, pero también que me cambie algo; si soy la misma persona cuando empiezo el libro y cuando lo acabo, entonces no me gusta, no sirve de nada».

Poco antes, Belén Gopegui había repasado las relaciones de poder mediante un heterónimo —Enrique Puertonovo—, centrándolas sobre todo en las cuestiones de género y en las dinámicas del capitalismo. Sus reivindicaciones se vieron acompañadas por un respetuoso silencio y la reproducción de un vídeo sobre transformismo y una pequeña actuación que daba vida al discurso.

No fueron los únicos protagonistas de esa segunda jornada: Manuel Longares reivindicó a Baroja y la necesidad de ceñirse a la verdad incluso hasta la sangre; Francisco Brines y Tacha Romero rindieron homenaje a Pepe Hierro; Flavia Company deleitó con su mezcla de poesía y prosa, y Juan Bonilla y Antonio Rodríguez Menéndez dictaron cátedras magistrales en sus talleres literarios.

La tarde de ese sábado también se presentó movidita. Sin tiempo para la siesta, ya estaban conversando Juan Cruz y José Manuel Caballero Bonald sobre el lenguaje y la realidad, la creación y la recreación. Casi al mismo tiempo, en el Teatro Fernando de Rojas, Manuel Rivas nos ofrecía un bello espectáculo de poesía y música, emocionante de verdad, y Marcelo Figueras hacía las delicias con su conferencia exprés.

A partir de ahí llegó la locura: en apenas dos horas de margen, coincidieron en el Círculo de Bellas Artes las propuestas de cultura urbana de Suso33, la inteligencia siempre activa de Luis Alberto de Cuenca, la erudición calmada de Félix de Azúa, el entusiasmo crítico del mexicano Jorge Volpi y por supuesto la sabia madurez de Ana María Matute, que congregó a centenares de personas en su charla con Juana Salabert. Centenares de personas que rompieron a reír y a aplaudir, demostrando el cariño que en este país se tiene por la recién nombrada Premio Cervantes.

Todo esto mientras el barcelonés Javier Calvo recibía el premio Cosecha Eñe 2011 y lo celebraba a lo grande, en una segunda planta ya llena de gin tonics y sonrisas de noche larga.

Además, Silvia Grijalba leyó algunos de sus cuentos y extractos de su última novela, mientras los más vanguardistas se reunían en la Sala de Columnas para hablar de la contrainte: sus oulipos y lipogramas. Literatura hasta el último segundo.

Con más jazz y algo de danza —que nunca falte— se despidió esta tercera edición del Festival Eñe en Madrid hasta el año que viene, dejando el listón muy alto, pero con muchas ganas de superarse. De volver a hacerlo, queremos decir.

Por cierto, recuerda que puedes revivir todos estos momentos en el blog oficial del Festival: su autor, Guillermo Ortiz, lo tituló Ascensores, mentiras y gafas de pasta. No te lo pierdas.


PUBLICIDAD
suscríbete a nuestros boletines
¿Quieres estar informado de todo lo que sucede en la web de Eñe? Relatos, información de eventos, noticias y mucho más...

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de