
La mejor presentación de Marta Rebón que conocemos la escribió —cómo no— nuestra querida Elvira Lindo.
(25.01.12)En un artículo publicado en El País en marzo de 2008, Elvira Lindo empezaba diciendo de sí misma que perteneció a una generación «que todavía aprendía idiomas malamente, que pensaba que
imitar un acento extranjero era cosa de pijos y que tardó lo suyo en
salir de España». Admitía, por tanto, que sentía envidia de ciertas chicas de hoy que, teniendo la oportunidad de comerse el mundo solas, sin ayuda de nadie, no dudan en hacerlo con saludable espíritu de aventura, ambición de políglotas y sin que les tiemble el pulso al atravesar una frontera, sea esta la que sea.
Una de esas chicas, decía Lindo, es Marta Rebón, y contaba cómo un día se le ocurrió llamarla por teléfono: «No la conocía de nada, pero averigüé su teléfono porque tenía muchas cosas que agradecerle. Se llama Marta. Marta Rebón. Su nombre aparecía escrito en la novela Vida y destino, de Vasili Grossman.
Es la traductora. Al principio no pensé en ella, y creo que ese es el
piropo más grande que se le puede echar a un traductor: el no notar su
presencia, al contrario, el sentir que el lenguaje con el que ha
recreado un texto literario suena tan natural como si ése fuera el
idioma en el que fue inventado. Ya digo, la llamé una mañana a un
teléfono de Bruselas para decirle algo muy sencillo, gracias. El
periodismo me dio desde muy joven el coraje para llamar a casas que no
conozco, y la vida me ha enseñado que cuando se admira a alguien se
encuentra una felicidad especial diciéndolo. Gracias. Una traducción
puede ser ese arma letal que se carga la vida de un libro en el
extranjero, pero también el visado para que llegue al corazón de mucha
gente. Marta, la joven a la que llamé, vive en Bruselas, ciudad lo
suficientemente pequeña para poder trabajar en paz, pero que ofrece al
forastero la posibilidad de entablar amistad con gente de todo el mundo.
Allí, hace un año, estaba ella, en un barrio llamado el Monte de las
Artes, con el encargo de pasar del ruso al español esta Guerra y paz de la Unión Soviética».
Bien. La noticia es que Marta Rebón ya no vive en Bruselas. Tras una breve escala en su natal Barcelona, desde hace unos meses se ha mudado a Madrid donde actualmente espera la publicación de sus dos últimas traducciones: Gente, años, vida, de Ilyá Ehrenburg, en Acantilado, y Daniel Stein, traductor, de Liudmila Ulítskaia, en Alba.
Como traductora, especialmente de narrativa rusa, en su trabajo destacan Vida y destino, de Vasili Grossman, y El doctor Zhivago, de Borís Pasternak, en Galaxia Gutenberg, y Una saga moscovita de Vasili Aksiónov, en Belacqua.
Además, ejerce el periodismo cultural y se dedica a la fotografía junto con Ferran Mateo, con quien forma pareja artística. Algunas de sus últimas exposiciones son Un cruce de miradas (Biblioteca Nacional, La Habana, 2010), Viaje de Moscú a Peredélkino (Biblioteca Jaume Fuster, Barcelona; Mediateca Francisco Ayala Caja Granada, 2010) y Spain Express (Manezh, Moscú, 2011). En la estela de Viaje de..., tienen previsto un trabajo sobre la estancia de Lorca en Cuba y otro sobre Tarkovski en Italia. También preparan Patologías del paisaje. Un recorrido por la España contemporánea.
Para inspirarte y animarte a participar en la próxima Cosecha Eñe 2012, cuya convocatoria se cierra el 1 de abril, Marta Rebón ha elegido cinco cuentos rusos de su lista de favoritos. Aquí los tienes. Que su lectura te sea propicia.
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Cosecha Eñe 2012.|||
La imagen que ilustra esta noticia ha sido recortada
y adaptada al formato de nuestra web. Más abajo
puedes verla en su formato original. También incluimos
un díptico de su trabajo fotográfico junto a Ferran Mateo.