
Las cuatro esquinas (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2011) empieza con estas palabras, las que Longares quiere decir a través de sus cuatro historias de ficción.
El hombre que cumple setenta años cuando se escribe este prólogo —diciembre de 2010— nació bajo una dictadura y no conoció la democracia hasta que fue adulto, con lo que se ha pasado media vida añorando la libertad y la otra media temeroso de perderla. Nada de lo que hoy mira o escucha le recuerda las privaciones y la feroz represión de sus años mozos, hasta tal punto las hizo olvidar la evolución política posterior. Y ahora que la prosperidad se asienta en su país, sólo lamenta que, por ser viejo, le quede poco tiempo de disfrutarla.
Por mucho que se empeñe, este setentón, que diría Mesonero Romanos, no es el protagonista del libro. Sus ciclos vitales —niñez, adolescencia, madurez y ancianidad— han coincidido con unas etapas históricas y son éstas las que prevalecen. Nuestro hombre fue testigo de acontecimientos, pero no nos interesan sus impresiones. La Historia le quita la importancia que él se concede. Este libro no es una biografía, el septuagenario no escribe sus memorias. Le dolerá saber que es el pretexto para que su época se pronuncie. Así de crudo.
Cuatro
periodos concretos de esta era —la infancia en 1940, la juventud en
1960, la madurez en 1980 y la vejez en 2000— proporcionan argumento y
atmósfera a los cuatro relatos de este libro. En el primero, los
personajes son los súbditos de la posguerra; en el segundo, los jóvenes
que intuyen los vientos del cambio; en el tercero, las víctimas y los
verdugos de la dictadura en su adaptación a la democracia y, en el
cuarto, unos ancianos preocupados por el más allá, ahora que la
subsistencia no es un problema acuciante. Pero igual rango que estos
personajes cobran en el relato de 1940 la miseria, en el de 1960 la
ingenuidad, en el de 1980 la perfidia y en el de 2000 la trascendencia.
Esta serena honestidad que tiene Manuel Longares para decir las cosas nos recuerda algunos pasajes de su maravillosa novela Romanticismo, Premio Nacional de la Crítica y finalista del Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Narrativa en 2001, pero también su participación como autor en el último Festival Eñe celebrado en Madrid en noviembre del año pasado. Allí, en una charla con el crítico José María Pozuelo Yvancos, Longares habló de los retos de la narrativa española actual. A su estilo, serenamente pero con crudeza, el escritor madrileño revisó su particular apuesta literaria y su visión de la Historia, y también aceptó debatir sobre lo que todo buen lector está llamado a distinguir, a saber, la literatura escrita con ambición artística de aquella que se produce como fenómeno efímero de mercado.
Hace unos días, apenas supimos que el I Premio Francisco Umbral al libro del año había sido otorgado a sus «cuatro esquinas», le pedimos que respondiera a nuestra ya clásica pregunta: ¿Qué está leyendo en este momento? Longares, generoso, nos respondió pidiéndonos un par de semanas para hacerlo. «Un accidente doméstico en mi brazo derecho me impide contestarles sin trabas», decía su sentido mensaje.
Estamos advertidos: en quince días sabremos qué libro o libros se trae entre manos. Mientras, nosotros podemos hincarle el diente a sus «cuatro esquinas». Y los que todavía no hayan leído Romanticismo, tienen invitación doble para conocer a este escritor imprescindible de la narrativa española contemporánea.
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