(ALGUNOS LIBROS QUE QUIERO LEER EN LAS VACACIONES DE NAVIDAD...)
Marina Tsvetáieva, mi madre
Ariadna Efron
Traducción de Isabel González-Gallarza
Circe. Barcelona, 2009. 300 páginas. 17
euros
Ariadna Efron fue confinada en un campo de concentración soviético, como lo fueron su padre y su hermano. Su madre, la poeta Marina Tsvetáieva no pudo soportar la prisión de toda su familia y se suicidó. Ariadna fue “rehabilitada” tras quince años de oprobio y consiguió sobrevivir, con los únicos ingresos que le proporcionaban unas traducciones escasas y mal pagadas. Desde su liberación, se dedicó a rehabilitar la obra y la figura de su madre, y consiguió que su voz se oyera en la URSS, aunque amputada, y fuera de la URSS, donde Isaiah Berlin, que la había conocido brevemente, fue de los primeros en reivindicar a Marina Tsvetáieva. Ariadna no vio publicado jamás este libro de recuerdos sobre su madre: murió en 1975 y aún pasarían trece años hasta que pudiera aparecer en la URSS. Por fin, se traduce al castellano y tengo muchas ganas de leerlo.
Lecturas no obligatorias
Wislawa Szymborska
Traducción de Manel Bellmunt
Alfabia. Barcelona, 2009. 254 páginas. 22
euros
La polaca Wislawa Szymborska es mi poeta
viva preferida. La conocí en su casa de Cracovia, donde me dijo: Todos mis
poemas nacen del amor. Diría incluso que todos los poemas nacen del amor,
incluso aquellos que transmiten el mal tienen en el fondo una forma de amor
hacia el mundo. Estoy totalmente convencida de que es así... Y si no es así, lo
siento por esos poetas.
Esta navidad tenemos la suerte de poder
leerla por partida doble. Hace sólo unas semanas se publicó su último libro de
poemas, Aquí (Bartleby), en una excelente traducción de Abel Murcia y Gerardo
Beltrán, y acaba de aparecer, por primera vez en castellano, una selección de
sus prosas, Lecturas no obligatorias: reseñas de libros menores y de asuntos
anecdóticos, de los que no se suele hablar en los medios, que ha publicado durante
años en la prensa literaria de su país.
40 años en el arte neoyorquino. Una vida
corta y complicada
Marcia Tucker
Traducción de María Álvarez Rilla
Turner. Madrid, 2009. 256 páginas. 23 euros
Me gustan los libros de memorias. Me gusta Nueva York. Me gusta el arte (aunque no necesariamente el arte que le gustaba a Marcia Tucker). Me gusta el título, que en la versión castellana se ha dado la vuelta: A Short Life of Trouble. 40 Years in the New York Art World. Me gusta que Marcia Tucker fuera capaz de inventarse un museo chulo. Me gusta que, abatida por la enfermedad, tuviera el valor de ponerse a escribir su vida breve y difícil. Me gusta que cuando abrí por primera vez el libro la frase que me saltó fue ésta: Ser despedida fue como desarrollar una enorme herida infecciosa en la nariz.
Una sonrisa, por favor
Jean Rhys
Traducción de Catalina Martínez Muñoz
Lumen. Barcelona, 2009. 200 páginas. 17`90 euros.
La vida de Jean Rhys no fue corta, pero sí fue difícil. Niña pobre e inadaptada, bohemia pobre y alcohólica. Esa vida complicada la llevó a sus novelas, algunas de las cuales, como Ancho mar de los Sargazos (Lumen), tuvieron mucho éxito, y seguramente también la llevó a esta autobiografía inacabada, que tengo muchas ganas de leer. El título son las primeras frases del libro, que pronuncia un fotógrafo: Una sonrisa por favor, dijo el hombre. No te pongas tan seria.
Algunos hombres... y otras mujeres
Isabel Núñez
Menos Cuarto. Palencia, 2009. 200 páginas. 15`50 euros.
Me gustó mucho el libro de entrevistas con escritores de la antigua Yugoslavia que Isabel Núñez publicó hace unos meses, Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes (Alba). Aunque el verbo adecuado no es “gustar” sino “estremecer”: en muchas páginas hace crack el entendimiento y la razón. Esa es la principal razón por la que voy a leer este libro de cuentos (cuyo título me habría alejado, sin duda, de su lectura... sí, las manías, en los lectores, son derechos soberanos).
Las primas
Aurora Venturini
Caballo de Troya. Madrid, 2009. 200 páginas. 12`90 euros
Debería autocastigarme, porque desde que apareció esta novela, en el mes de abril, tengo muchas ganas de leerla y nunca lo consigo, aunque me ha acompañado en varios viajes. La quiero leer porque el primer capítulo, “La infancia minusválida”, me encantó porque tiene frases como éstas: Mi madre opinaba que la letra con sangre entra. En tercer grado la llamaban la señorita de tercero pero estaba casada con mi papá que la abandonó y nunca voy a casa. La quiero leer porque la autora, una escritora de cierta reputación en Argentina, tuvo que ganarse un premio sin pringue a los 82 años para poder publicarla. La quiero leer porque me han hablado de ella Alan Pauls y Rodrigo Fresán, que eran miembros del jurado que la premió. La quiero leer porque me parece que tiene el aire de los textos de Natalia Ginzburg, que tanto me gustan.
Escritor de humor negro y personajes poco comunes, fue director del
programa cultural de televisión La Mandrágora. Entre sus obras destacamos Dibujos
animados (Plaza & Janés,
1995), Discothèque
(Anagrama, 2001) y Amarillo (Plot, 2008). Sus palabras Odio a los
cenizos, a los tristes. Procuro pasármelo de miedo bien podrían definir
su ideario vital y literario. Lector insaciable, comparte sus críticas y lecturas en diversas publicaciones.