Leo más por necesidad de información y ritmo que por el puro placer de leer. Leo para poder escribir.
Mientras escribía Messi. El chico que siempre llegaba tarde [y hoy es el primero], frecuenté Dios es redondo, de Juan Villoro; Comediantes y mártires, de Juan José Sebrelli y Diccionario filosófico, de Fernando Savater. A los ensayos sumé perfiles ejemplares: El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell; Retratos y encuentros, de Gay Talese; El rey del mundo, de David Remnick, y El dictador, los demonios y otras crónicas, de Jon Lee Anderson. Además, cada mañana, abría Zona, de Mathias Enard.
Las primeras lecturas del día nunca están relacionadas al tema de mi trabajo. Hoy, por ejemplo, escribo sobre el Sahara Occidental y releo cada mañana —durante media hora— El amor en los tiempos del cólera. La historia ambientada en el Caribe de García Márquez no tiene relación aparente con el desierto, pero es uno de los cuatro tornillos que me unen a la pantalla: melodía, armonía, atmósfera y argumento.
Mi argumento se sostiene hoy con etnografías y ensayos. Tengo señaladores de colores y páginas subrayadas —sí, subrayo los libros— en Los pobres, el monumental ensayo de William T. Vollmann. También releo Yo y tú, objetos de lujo, de Vicente Verdú; Procrastinación, de Piers Steel, e Hijos de la nube, de Claudia Barona. Ébano, de Ryszard Kapuscinski, y Diario de Campo en Melanesia, de Bronislaw Malinowski, me acompañan cada vez que busco explicar/explicarme paisajes lejanos. La etnografía Hijos de las nubes, de la antropóloga francesa Sophie Caratini, contrasta desde la década del setenta con mis entrevistas transcriptas y diarios de campo que también he subrayado.
La armonía viene al compás de Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, la crónica de David Foster Wallace que releo y cuyo ritmo aplaco —como quien calma los espasmos de la anfetamina— con la melodía esponjosa de El amor en los tiempos del cólera. El cóctel combina —para mi gusto— con los tonos agudos del desierto.
Leonardo
Faccio (Buenos
Aires, 1971) es un periodista independiente. Es autor de Messi. El chico que siempre llegaba tarde [y
hoy es el primero] (Debate/RHM, 2011), y editor asociado de la revista Etiqueta Negra. En 2008 fue distinguido con mención de honor por la Fundación Nuevo
Periodismo Iberoamericano, fundada por Gabriel García Márquez. Es uno de los
cronistas incluidos en la antología Lo mejor del nuevo periodismo de América
Latina (FNPI y Fondo de
Cultura Económica, 2010), y publica en una docena de medios de Europa y
América. Es profesor del Master en Periodismo BCNY (Universidad de Barcelona-Columbia University) y del Postgrado en Fotoperiodismo de Universidad
Autónoma de Barcelona. Se diplomó en Antropología Social y en Fotoperiodismo en
la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente vive en Barcelona.
© Jimena Fernández.