Leo libros de autoayuda, y no porque me sienta mal; para eso tengo a una psicóloga cuya consulta me cuesta lo mismo que otros analgésicos. Los leo porque estoy escribiendo la tercera parte de mi Trilogía Madrileña y la autoayuda es casi un personaje en la novela. He leído a Rhonda Byrne, la de El Secreto, que además acaba de publicar El Poder. A Eckarht Tolle, Eric Pearl, Paul Young, Louise L. Hay, y me faltan muchos más. Reconozco que uno de estos autores me ha impactado. Dale Carnegie. Sí, el de Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida. La primera página es como el inicio de una novela de John Fante. No lo podía creer, y tampoco creo que me vaya a encontrar con otro caso similar. Me atrevo a recomendarlo como novela pese a que no lo he terminado aún. La bibliografía de autoayuda crece a una velocidad que me impide leer todo. Aparte, y también para mi novela, leo libros de divulgación científica, siempre que no sean los de Punset; prefiero ir al origen de las cosas. Por eso en literatura he vuelto a Johnatan Swift, Lewis Carroll, J. M. Barrie. Pero me permito excepciones, como Curso de Librería, de Fernando San Basilio, y El futuro de mi cuerpo, de Luis Hernán Castañeda, ambos amigos míos y escritores de raza, porque un mal escritor nunca podrá ser mi amigo; necesito respetar a la gente que tengo cerca para quererla.
Como el universo de Internet es una parte importante de mi novela, paso mucho tiempo en chats y navegando por páginas a las cuales nunca antes me había atrevido a entrar. Y a veces me gusta. Es entonces cuando cojo La palabra del mudo, de Julio Ramón Ribeyro, y bajo al parque a leer. Allí, sentado en una banca, me siento más seguro.
Sergio Galarza (Lima, 1976) es licenciado en Derecho por la Universidad de Lima. Nunca ha ejercido como abogado. Ha publicado los libros de relatos Matacabros (1996), El infierno es un buen lugar (1997), Todas las mujeres son galgos (1999) y La soledad de los aviones (Estruendomudo, 2005). También es coautor con Cucho Peñaloza del reportaje Los Rolling Stones en Perú (2004), reeditado en España por la editorial Periférica, en 2007. Vive desde el 2005 en Madrid. Su primera novela es Paseador de perros (Candaya, 2009), con la que fue elegido Nuevo Talento Fnac. La segunda está pendiente de publicación y trabaja en la tercera. Juega al fútbol en una liga municipal, escucha a Neil Young por lo menos una vez al día y es el responsable de los libros de psicología en una librería. Hace poco aplaudió al final de La soledad del corredor de fondo en la Filmoteca, y el resto del público hizo lo mismo, así que lo considera un homenaje al fallecido Alan Sillitoe.