Pintor, escultor, cartelista, escenógrafo... Arroyo tiene hoy la misma vitalidad que cuando dejó España perseguido por su pintura comprometida. Aclamado por la crítica, es uno de los grandes nombres de su generación. En su último libro, Un día sí y otro también (Turner, 2004), texto y pintura se funden en un discurso ágil y sugerente.