Fue un escritor festivo. Su firma —o la de su seudónimo Artagnán— no faltaba cuando había un tema que se prestara para el humor, y en su extensa producción literaria se cuentan novelas, artículos, juguetes cómicos, zarzuelas y poesía cómica, que publicaba en diarios y revistas de su época. Interesado en vagar por otros mundos, sus Viajes morrocotudos se han seguido editando hasta décadas recientes, aunque estudiosos de su obra como Álvaro Ceballos Viro esperan «una restitución completa de su figura en la historia literaria española (historia ciega a muchas de las manifestaciones más relevantes de la cultura popular urbana de principios del siglo xx)».