A pesar de escribir literatura juvenil, el autor argentino prefiere no
terminar de definir nunca a sus lectores, confiado en que la capacidad
de los textos para desbordar los horizontes primeros para los que fue
creado. En 1997 la novela La traducción (Destino, 1999) le
proporcionó el puesto de finalista en el Premio Planeta Argentina y en
2007 ha obtenido el Premio Planeta-Casa de América con El enigma de París (Planeta, 2007).