Sexualidad solar Lugo, Italia, 28 de agosto de 2000
Yaciendo junto a una mujer desconocida, podía presentir sus pensamientos. Me deseaba bien. Era bella y sus ojos claros. Yo la ansiaba.
Oliendo esa necesidad, los dos comenzamos a hacer el amor. Pero no era como generalmente lo hago en otros sueños; era una unión en la cual las dos partes estábamos atentas a realizar y desear el bien al otro. A conceder éste o aquel placer. Muy pendientes respectivamente, queriendo el verdadero bien para el otro. Todo lo hacíamos con mucha naturalidad y amor. Recuerdo su rostro, lo contenta que estaba. Sus ojos brillaban como dos diamantes. Había mucha ternura y afecto en este encuentro. Me encontraba atrapado por la felicidad y el placer.
La escena tenía una cosa curiosa, parecía una broma y era así: su clítoris, en vez de ser una pequeña bolita de carne, era una joya cristalina que brillaba con intensidad. Yo jugaba con ella.
Bailando con la sombra del nono Lugo, Italia, 28 de agosto de 2000
Me veía caminando por el apartamento de mi abuelo y mi padre, en Buenos Aires. Camino por el pasillo de mi antigua casa y me encuentro con una figura que no se distingue bien. Parece una sombra con forma humana; sé que es mi abuelo difunto. Isofacto, lo cojo por los brazos y comienzo a bailar con el espectro. Girábamos por el pasillo con fuerza, bailando violentamente, pero a un cierto punto comienzo a darme cuenta de que la sombra es una entidad descarnada, que desea chuparme la energía para disfrutar y gozar de ella. Al instante lo suelto y, cayendo al suelo, siento que desde el fondo de la tierra me intentan absorber. Voy a salir de mi cuerpo, la sensación es muy real e intensa, pero hago un gran esfuerzo para levantarme y no dejarme arrastrar.
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