Ganar una buena mano, una suculenta y disputada mano en una partida de póquer, es una de las sensaciones más intensas, excitantes y embriagadoras que uno puede experimentar para distraerse de esta pesada broma que es la vida.
La tensión y la descarga de adrenalina se incrementarán progresivamente cuanto más numerosos sean los envites, y por tanto las subidas de apuesta, en el momento final de la mano, entre los jugadores supervivientes de la misma. Es entonces cuando el póquer adquiere su mejor carta ænunca mejor dichoæ de naturaleza y se convierte en un juego oral, de palabras y silencios, y sobre todo psicológico, de conocimiento o al menos intuición del coraje o pusilanimidad del contrario, del grado de confianza en sí mismo y de cómo amedrentarlo con una pulsión tan esencial y sencilla como efectiva, con impetuosos incrementos de dinero en liza. Lo que podría traducirse en lenguaje castizo por: «Así que ves mis doscientos y subes cien. Pues yo veo tus cien y te meto… ¿Cuánto tienes de resto? ¿Trescientos cincuenta? Pues trescientos cincuenta euros. Si quieres verme las cartas, ya sabes lo que tienes que hacer…».
El placer de ganar la mano será orgásmico si se consigue con una jugada justita. Es decir, con la que cabalmente consideras que es la mayor de la mesa –por eso te has metido en ella y has subido las apuestas–, pero que por la forma de descartarse de los otros y sus envites posteriores alguien podría superar con inquietante probabilidad. Por ejemplo, en una mano de póquer cerrado entre cinco jugadores y con toda la baraja en danza, sin quitar ni los doses, lo cual ocasiona que las jugadas muy altas sean harto difíciles. En esas circunstancias tienes un trío de damas y los dos supervivientes de la mano que se enfrentan a ti se descartaron, uno de tres cartas y el otro de una. El primero habrá ligado también un trío, es asumible que no sea ni de reyes ni de ases; más peligroso es el segundo, que tenía de mano unas dobles parejas o un proyecto de escalera o de color. Es plausible que haya conseguido formar un full o cualquiera de las otras dos jugadas.
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