Severity: Notice
Message: Undefined index: name
Filename: revista/parrafo_show.php
Line Number: 16
Severity: Notice
Message: Undefined index: surname
Filename: revista/parrafo_show.php
Line Number: 16
La biografía de un escritor está tan estrechamente vinculada a los libros que ha escrito como a los que ha leído. Tampoco es que comparta aquella afirmación excesiva de Borges a propósito de que él se enorgullecía de los libros que había leído mientras otros se jactaban de los que habían escrito. Yo no llego a tanto, no soy tan imaginativo, pero los libros que he ido leyendo desde mi ya remota infancia constituyen como una especie de espejo múltiple donde me veo frecuentemente reflejado, y donde a veces no consigo reconocerme del todo. Sea como fuere, en esos libros se alojan no pocos de mis descubrimientos de la vida, precisamente porque también en esos libros descubrí otras vidas. El espacio que ocupan viene a ser como el espacio natural de mi biografía de escritor.
Yo fui un lector bastante precoz. Quizá por eso no oficié demasiado pronto como aprendiz de poeta. O quizá leía porque aún no sabía o no podía escribir. Recuerdo muy bien aquellas primeras lecturas de la adolescencia. El simple hecho de elegir un libro y aislarme con él para compartir no sabía qué emociones, ya tenía algo de ceremonia particularmente placentera. Aún me reconozco en aquel incipiente lector, un poco desconcertado, crecido en la hostilidad ambiental y en las amenazadoras privaciones de un tiempo inclemente, buscando quizá en un libro lo que aquel infortunio histórico de la guerra –y más que nada de la inmediata posguerra– le impedía alcanzar.
En la pequeña biblioteca de mi casa paterna había algunas novelas decimonónicas de escaso relieve y algunos ejemplos parciales de la poesía romántica y realista. Yo iba espigando a ciegas entre esos libros que sólo hojeaba o leía muy por encima, pero en los que de pronto descubría como un raro atractivo, una especie de sensación de que algo había allí que me ofrecía la posibilidad de acceder a un mundo ignorado y excitante. En el colegio, en aquellos primeros años de bachillerato, nos habían hecho aprender de memoria algunas conocidas poesías del Siglo de Oro y algunas otras más o menos ocasionales, aparte de fragmentos narrativos de muy varia procedencia. Pero nada de aquello me suscitó ningún especial interés, no sé si porque eran lecturas obligadas o porque los textos seleccionados me resultaban poco llamativos.
[...]