PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Número 15. Otoño 2008
El fin
José Ordiz Llaneza

-Voy a salir.

Los ojos zarcos de mi esposa me miran con temor, y yo no conozco el antídoto ni remedio alguno para ese miedo insondable, el mismo que habita en mí, no por compartido menos intenso.

-Tengo que salir.

Acaricio el vientre donde están mis hijos, los gemelos que ya deberían haber nacido, las dos criaturas que inmovilizan a mi mujer, tendida en la cama, sudorosa. Como si yo fuera uno de sus antiguos ayudantes y ella la cirujana aún en ejercicio en alguno de los quirófanos del mayor hospital de la ciudad, le seco el sudor de la frente y afirmo con una seguridad repentina que no será el fin para nosotros ni para nuestros hijos, sin duda tan inteligentes como la madre pues esperan tiempos mejores para nacer. Ella sonríe fugazmente y su efímera sonrisa me impulsa a seguir hablando: si los males cerebrales no nos han afectado hasta ahora, ya no enfermaremos, ya no. El fin de tantos sólo será el principio para quienes, como nosotros, hayan permanecido lúcidos hasta hoy. Mi esposa me recuerda que nadie, psiquiatra o no, sabía el origen, la duración ni el tratamiento de los trastornos mentales extendidos por todo el mundo cuando buscamos refugio en esta casa, pero yo le replico de inmediato que han pasado casi dos meses desde que abandonamos la ciudad, que ya estaríamos desquiciados, seguramente muertos, si la epidemia no hubiera remitido fechas atrás, quizá ya sólo existente en nuestro temor; un miedo, me callo, que en mis adentros rebate cada una de las palabras que pronuncio apenas salen de mi boca.

Tenemos comida enlatada suficiente, y jamón, queso y embutidos, pero apenas nos queda medio litro de agua. Saldré. Debo salir.

-Regresaré lo antes que pueda, en unas horas como mucho. Ya estaré aquí para el mediodía con los bidones llenos de agua.

Añado que no se preocupe: habrá algún manantial o algún riachuelo por estos montes, que yo buscaré sin acercarme a nadie, y volveré a tiempo de ayudarla en el parto aunque a nuestros hijos les dé por empezar a nacer en mi ausencia, ella aún sin los síntomas previos.

[...]
¿Quieres leer el texto completo? Hazte suscriptor de Eñe aquí.
Serigrafía
Ángel Mateo Charris
Con cada número de Eñe se realiza una serie de 50 serigrafías de la obra que el autor ha creado para la portada de la revista. Ángel Mateo Charris puso imagen a nuestra Cosecha eñe 2008 con esta serigrafía en papel Zerkall-Büttem de 250 gramos.

comprar
PUBLICIDAD
suscríbete a nuestros boletines
¿Quieres estar informado de todo lo que sucede en la web de Eñe? Relatos, información de eventos, noticias y mucho más...

PRENSA .   QUIÉNES SOMOS .   CONTACTA .   AVISO LEGAL

Eñe recomienda:
Un proyecto de