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Número 16. Invierno 2008
El orfebre
Rey Emmanuel Andújar

Los dolores comenzaron un jueves. El pulgar se puso azulnegrovioláceo inmediatamente y me comenzó a palpitar como si el corazón se hubiese trasladado a ese dedo y toda la sangre que se bombeaba al cuerpo fuese de ese color, de ese dolor. El estruendo del martillo quedó en mis oídos, así como todas las malas palabras que dije en menos de dos minutos. Vivo de las casualidades, pero éste no fue el caso, estuve pensando, mientras me decía que tuve suerte, la herramienta no me cayó en el dedo del pie, eso ya hubiera sido demasiado. Entonces como por arte de magia, en lo que miraba el maldito clavo en la pared, suena el timbre y el teléfono al mismo tiempo. Decido abrir el portón; la contestadora que se encargue de aquello, los teléfonos nunca me han gustado.

Josian, llegaste temprano, dije, con la cara estrujada por una mueca. Él se mostró más preocupado de lo normal y eso estaba bien. Preguntó qué pasó y le expliqué que estaba tratando de colgar los malditos cuadros. Lachan, mi amiga con la que comparto esta casa nueva, estaba de viaje, pero había dejado un mensaje bastante claro: deja de hacerte la paja y ponte a arreglar la casa, vacía las maletas, coloca los libros en los libreros, cambia las bombillas y cuelga los cuadros antes de que yo llegue para no matarte, te quiero y adiós. Me tiré en un mueble y actué un poco más adolorido de lo que en realidad estaba. Josian rebuscó en la habitación hasta encontrar un poco de mentol. A ver esa mano, me dijo con toda su ternura y empezó a acariciarme el dedo que se hinchaba. No deja de sorprenderme este muchacho que no llega a los veinte años y es tan grande, tiene una belleza de energúmeno… Quien lo viera ahora, tratando de curar mis golpes con sus manos de gigante y cancioncitas de sana sana culito de rana, no creería que es boxeador invicto campeón centroamericano de las 140 libras, todas por knockout.

[...]
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Serigrafía
César Paternostro
Con cada número, se realiza una serie de 50 serigrafías de la obra creada para la portada de la revista. Alfredo Alcaín puso imagen a nuestra Cocina con esta serigrafía de 400 x 250 mm, impresión a seis tintas y papel Somerset 250 gr.

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