Antes que nada, comprar el ABC. Incluso a riesgo de perder el autobús. No era lectora de ABC, más bien todo lo contrario, pero el ABC le parecía el diario donde la gente bien haría sus ofertas inmobiliarias. Y la gente bien claramente busca pisos bien en zonas bien. Justo lo que le convenía a sus veintitrés años. En el autobús examinaba los anuncios por palabras y al llegar a la oficina, llamaba corriendo a los números. Visitó varios pisos, pero, o el precio no se ajustaba a su sueldo, o alguien se le había adelantado, o el piso era demasiado tétrico incluso para ella que estaba deseando emanciparse. Una mañana, al ver un anuncio por palabras muy escueto, sintió el nerviosismo apoderarse de su estómago. Era un nerviosismo que no le dejaba pensar en ninguna cosa sino en dotar a sus cinco sentidos del máximo de eficacia para alcanzar, a la carrera, un teléfono. Escaló corriendo la boca de metro, soltó el bolso en la primera cabina, introdujo algunas monedas en la ranura y marcó. Era una época pre-móviles, lo cual tendría sus inconvenientes, pero también daba algunas ventajas. Una secretaria atendió y le dijo que el señor Bobo (así se llamaba quien ofrecía el piso, no es broma) todavía no había llegado al despacho. Eso era bueno y era malo. ¿Quizá estuviera enseñando el piso a otros clientes? No, no, no. Es usted la primera que llama, si no me ha dado tiempo ni a quitarme el abrigo, le aseguró la señorita. Dígale que tengo mucho interés, mucho interés, recalcó ella.
En la oficina no tomó café ni pudo escuchar la retahíla de chascarrillos que sus compañeros compartían cada mañana antes de entrar en faena. Sólo miraba las agujas del reloj. ¿Eh…? Que vaya lo de Fuentes. ¿Fuentes…? Sí, la que ha liado en el departamento de altas y bajas. No sólo le importaba un carajo en este momento el tal Fuentes y los problemas que hubiera generado a la empresa, es que además no podía perder una gota de energía en buscar una contestación cortés que disimulara su agitado estado de ánimo, así que volvió a mirar el reloj. ¿Qué te pasa? Preguntó su jefa. Que me duele un poco la cabeza, estoy como medio… ¿Te importa si salgo un momento a la farmacia? [...]