Los donativos que coinciden con el nuevo solsticio de otoño son los que menos soporto. El frío me coge siempre por sorpresa. No me acostumbro a esta repartición de las ropas. El gobierno de mi barrio se pasa de listo. Cómo pretenden que aguante tantos meses con esta caperuza de plástico horrorosa, apenas tiene forro para aliviar los días con viento. Es cierto que las calles de mi zona son estrechas y casi nunca dobla el viento en ellas, pero yo paseo a menudo por otros barrios. Siempre puedo mudarme, es verdad. Pero me gustan las ventanas altas de mi casa. Casimiro lleva una gabardina preciosa este año, se la vi ayer cuando tomamos café, aunque la tuvo doblada todo el tiempo en el respaldo de la silla. Esta sala de espera es horrible. También es muy estrecha, para que no se acumule la gente, lo pone bien claro en los carteles. Si tienes muchos números por delante, vete a dar una vuelta o haz tus recados. Todo queda cerca de aquí. Me pregunto qué va a donar esa señora tan escuchimizada, ni siquiera puede mantenerse en pie, no creo que tenga nada para nadie, aparte de minutos. Donativos. Me hace gracia el nombre que le han puesto. ¿Por qué no nos desembarazamos de los eufemismos de una vez por todas? ¿Por qué hay que embadurnarlo todo de esa connotación de sacrificio y compasión? No. Donativos no. Nadie dona nada por obligación. Ya va a ser mi turno. Acaba de salir mi vecino con cara de estreñimiento. Qué trabajo le cuesta, pobre.
Me pesan los pies. Es el otoño. Dios, cómo huele este cubículo. Nunca estuve en una, pero esto me ha recordado desde el principio a esas máquinas de rayos uva que se pusieron de moda hace años. Respiro hondo. Me relajo. Esto no es tan horrible, incluso hay dos horas menos de trabajo en las semanas de donativos. Sólo que hoy no me siento preparada. El otoño me acecha, me duele por dentro. Estoy harta. Cuando pasaba los veranos con mi familia, otoño significaba regresar a la libertad. Ahora todo lo que significa es malo.
[...]
Con cada número de Eñe se realiza una serie de 50 serigrafías de la
obra que el autor ha creado para la portada de la revista. Elena Blasco puso imagen a nuestra Ciencia ficción con esta serigrafía en papel Zerkall-Butten de 250 gramos, a 10 colores.