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Número 18. Verano 2009
Seis días fuera del mundo
Juan Pérez Zúñiga

El propósito que abrigábamos era salir a pasear por la Luna.

Y así como en nuestro planeta se sale a tomar el sol, alrededor del cual giramos, una vez en la Luna quisimos salir a tomar la tierra, que es allí el sol de los lunáticos.

Empezamos, pues, por abrir la puerta después de salvar las dificultades que se ofrecieron para ello, pues la vegetación, que por cierto es muy rara, nos impedía abrir.

Una vez fuera del mueble, yo, con el fin de hacerme la toilette, me puse a rascar con la dentadura postiza que Marrón se había dejado en el armario la capa de hielo que se había acumulado en la luna del mismo, mientras D. Pompeyo, retirándose de allí a toda prisa, guarecíase bajo una gigantesca seta que no lejos de allí se encontraba.

¿A qué fue? Misterio es este en el cual no quise penetrar, y aconsejaría a ustedes que hicieran lo propio.

No fue breve aquella situación. Ya había yo terminado el arreglo de mi corbata y el peinado de mis cabellos, que a falta de peine tuve que alisar con la corteza del jamón (que me sirvió a la vez de cosmético y de cepillo), cuando todavía el ilustre don Pompeyo continuaba debajo de la seta misteriosa, leyendo la prensa del día anterior.

Esta tregua me proporcionó ocasión de fijarme en el extraño paisaje.

Estoy conforme con Wells en que hay allí volcanes apagados, desiertos de lava, inmensos ventisqueros de ácido carbónico sólido o de aire congelado, barrancos, precipicios, grietas y montañas enormes, tan alumbradas en sus cúspides como oscuras en sus bases, pues pude observar que de todo esto había en la Luna con más abundancia que en la Alcarria.

También estuvo acertado Wells al consignar que en nuestro apreciable y pálido satélite hay plantas de hojas agudas y carnosas que apenas son sembradas crecen rápidamente, haciéndose gigantescas a los pocos minutos. En algunas se advertía un abrir y cerrar de hojas en un abrir y cerrar de ojos.

[...]
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Serigrafía
Elena Blasco

Con cada número de Eñe se realiza una serie de 50 serigrafías de la obra que el autor ha creado para la portada de la revista. Elena Blasco puso imagen a nuestra Ciencia ficción con esta serigrafía en papel Zerkall-Butten de 250 gramos, a 10 colores.



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