1
Grabar una misma canción por los dos lados de un casete es el primer síntoma apreciable de la conversión en musicófagos de los camioneros que cruzan por las vías del tren en Shoshone. Al Jefe de Héctor el Misterioso, a quien la música entusiasmaba tanto como levantarse un domingo por la mañana, lo desquiciaban los musicófagos. Para él, la única melodía que podía permitirse un camionero era golpear el claxon del buque sobre ruedas a bordo del cual recorría ciudades, desiertos, y cruzaba las vías del tren en Shoshone.
Por ello, cuando encontró en el buque de Héctor el Misterioso aquella cinta titulada Sad Songs from Idaho, y comprobó que la misma canción se repetía en ambos lados, supo que su mejor empleado había emprendido un viaje sin retorno.
2
Sad Songs from Idaho es la única evidencia de la genialidad de Micah Denver, nombre artístico de Stefan Dumitrache, un crooner de Europa del Este que voló hacia el exilio en Norteamérica. Después de vagar por Manhattan y recibir una golpiza en Harlem, Micah huyó de la tentación del éxito en las grandes ciudades, para asimilarse al anonimato de los pueblos minúsculos que arman el rompecabezas de la clase media norteamericana. Así fue como se estableció en Ketchum, un centro de reposo invernal para celebridades, cuyos habitantes comunes tienen prohibido por ley dirigirles la palabra a la galería de famosos que incluye desde actrices de Hollywood hasta baluartes del mal llamado cine independiente.
Micah dedicó ocho horas diarias a servir comida en un supermercado, y por las noches compuso los diez temas que contiene Sad Songs from Idaho. El tema homónimo del título de su disco relata las peripecias de un exiliado que busca a un compatriota en territorio extranjero para entonar el himno de su tierra. Se trata de una metáfora de la afirmación nostálgica, de la necesidad de compartir ese sentimiento patriotero al que tarde o temprano sucumben los inmigrantes.
[...]