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Número 20. Invierno 2009
La noche de Sarah Palin
Agustín Fdez. Mallo

1

Fue un domingo por la tarde, a la hora de la siesta: vibró el teléfono móvil en mi bolsillo. «¿Es usted Agustín Fernández Mallo?» «Sí, ¿con quién hablo?» «Departamento de Loterías y Sorteos del Partido Republicano, Washington DC, es para comunicarle que le ha tocado.» «¿Que me ha tocado?, no he jugado ni apostado nada.» «¿No es usted Agustín Fernández Mallo, español, residente en la ciudad de Chicago?» Sé que tenía que haberle dicho la verdad a aquella voz femenina con acento puertorriqueño, sé que tenía que haberle dicho que ese Agustín era otro, que no me encontraba de vacaciones en España, que no trabajaba de cajero en la oficina nº 5 del Bank of America de la ciudad de Chicago, que no tenía treinta y cuatro años, en efecto, tenía que haber dicho muchas cosas que no dije, porque tras mi respuesta afirmativa, la puertorriqueña me comunicó que me había tocado un viaje para acompañar a la candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin, en su campaña electoral. No es que tenga nada en contra de acompañar a una posible vicepresidenta de los Estados Unidos, pero es que estaría obligado a pedir de golpe mi mes de vacaciones. Me hallaba enfrascado en la redacción de un minucioso ensayo sobre la Gran Bretaña de los años setenta, centrado en los inicios del punk y las teleseries, y había reservado ese mes para ver de un tirón las seis temporadas de Los Roper [las venden en El Corte Inglés, ahora mismo de oferta].

Conclusión: siete días más tarde me vi metiendo mi maleta en un Citroën C5 negro que me esperaba delante del portal.

2

A las 8 de la mañana de un viernes me depositaron en la puerta del Hilton de San Francisco, hotel que ya conocía por la serie de televisión Las calles de San Francisco [1972, Michael Douglas y Karl Malden], aventura semanal que alimentó mis fantasías pistoleras de infancia.

La entrada al Hilton era una especie de anfiteatro al que se accedía por las gradas de arriba, y abajo, una colección de quince ventanillas se destinaba al check-in. El acabado de las puertas en pan de ángel, los pasamanos de cobre teñido, las falsas alfombras persas y, precisamente, esa peculiar forma de anfiteatro, parecían ocultar que hacía poco tiempo aquello había sido un estadio de baseball tamaño escolar. Pero, si así fuera, ¿cómo era posible mi recuerdo de infancia de ese hotel en Las calles de San Francisco? Pensé entonces que en América hasta lo más antiguo siempre recuerda a algo moderno, y no a la inversa. Por ejemplo, a derecha y a izquierda, cartelones de tela satinada exhibían el rostro de Palin de medio perfil sobre las barras y estrellas; estaba muy claro que Palin era una mujer antigua que recordaba a algo muy actual: los diseños de Sexo en Nueva York copiados por Zara. Dos conserjes, ambos negros, me condujeron a la ventanilla nº 10. [...]
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Serigrafía
Carlos García-Alix
Con cada número de Eñe se realiza una serie de 50 serigrafías de la obra que el autor ha creado para la portada de la revista. Carlos García-Alix puso imagen a nuestra Cosecha Eñe 2009 con esta serigrafía firmada y numerada.

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