Partió hacia el Grand National con 300 libras en el bolsillo y una amalgama de culpa y fanfarronería en el alma.
Austin Dartmouth Glenn recordó su promesa de no poner en circulación billetes antes de tiempo. Al menos durante cinco años, se le advirtió con dureza. Para entonces, las aguas habrían vuelto a su cauce y el multimillonario robo sería historia antigua. La policía estaría entregada a la persecución de villanos de nuevo cuño y los comprometedores números de serie se habrían difuminado en la oscuridad infecta de algún listado ya obsoleto. En cinco años podría gastar sin preocupaciones las 15.000 libras que había recibido por haber ayudado al cabecilla del robo a dejar para siempre una desagradable prisión.
«Todo eso está muy bien», se decía Austin a sí mismo consternado, mirando por la ventana del tren. «Pero ¿qué hay de la inflación?» Pudiera ser que en cinco años esas 15.000 libras no valieran ni el papel en que iban impresas. O quizá el color o la forma de los billetes de cinco libras hubiesen cambiado. Había oído la historia de un entusiasta ladrón de cajas fuertes que, tras doce años de condena, volvió a casa al encuentro de un escondrijo lleno de antiguos billetes de cinco, de aquellos blancos. Todo ese tiempo para terminar con un montón de papel moneda fuera de circulación, billetes sin valor alguno. Austin Glenn torció la boca, divertido por la idea. A él no le ocurriría eso, ni hablar.
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Serigrafía de
Carmen Calvo correspondiente a la ilustración de portada de Eñe 22 | Serie
Negra.
Seis tintas sobre papel Vellín de Arches de 250 gramos. Tamaño: 33
x 48 cm.