Unos añitos antes de Cristo, ardió la biblioteca de
Alejandría.
Dos mil años después de Cristo, el fuego de los
conquistadores quemó la biblioteca de Bagdad.
El fuego de otros conquistadores había devorado, en
el siglo dieciséis, los libros musulmanes en Andalucía y los libros mayas en
Yucatán.
Para poner sus libros a salvo de las quemazones, un
visir de Persia inventó, hace mil años, la biblioteca móvil, que viajaba con él
en una larga caravana de camellos.
Ahora, en nuestros días, la tecnología cibernética
nos permite guardar toda la literatura universal dentro de una cajita
minúscula.
Dicen que ésa es la biblioteca más segura y más
práctica. Éste parece ser el mejor remedio contra las desventuras del fuego y
la falta de espacio. Pero, lamentablemente, a mí no me sirve.
Prehistórico de mí, me confieso completamente
incapaz de leer libros en pantalla.
Serigrafía de
Carmen Calvo correspondiente a la ilustración de portada de Eñe 22 | Serie
Negra.
Seis tintas sobre papel Vellín de Arches de 250 gramos. Tamaño: 33
x 48 cm.