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Número 24. Invierno 2010
Verano del 82
Marcelo Luján

I.
El bebé se mete arena en la boca: hace como si masticara moviendo apenas las encías, lentamente, frunciendo la redondez de su carita de bebé escondida bajo una gorra de visera. Nunca pronunció palabra en sus ocho meses de vida pero esta tarde se estrenará. Mientras tanto, tiene la mirada entretenida en algo que un adulto ha olvidado para siempre y el almidón de los pañales le limita los movimientos, que son rudimentarios y hasta mecánicos. Es blanco y muy rubio pero de mayor perderá fulgor y terminará asemejándose al padre. Por lo pronto, no puede reconocer su destino. No. Y tal vez cuando lo haga no podrá cambiarlo. Sí: está sentado bajo la sombrilla, casi pegado a la tumbona de la madre. El sol aún no alcanza a darle de lleno aunque medio brazo y media piernita estén fuera del círculo de sombra.

II.
Sonia toma el sol boca abajo, cocinándose sobre la tumbona de lona que es verde y de alquiler. Tiene el pelo recogido y de tanto en tanto cambia de posición la cabeza o mueve los brazos o se rasca con la uña del pulgar las gotitas de sudor que le bajan por la espalda. Aunque lo parezca, no está dormida: juega a reconocer las voces que pasan como moscas por sus oídos. Cuando abre los ojos y mira para acá, ve al bebé: cerca, el palo de la sombrilla: cerca, Lucio en la otra tumbona, sentado y leyendo el periódico y escrutando también a las señoritas que regresan mojadas y saladas y con la parte inferior del bañador metido hasta no se sabe dónde. Entonces Sonia mira para allá: es un segundo, tal vez menos, y sus ojos se van apagando y en las retinas sobrevive el recuerdo del gentío y de los colores alborotados: del horizonte cayendo en aquel lejano acantilado, mucho más allá de la cancha de voleibol, de los cuerpos y sus músculos y las voces, de la caseta de los helados, del vendedor de collares que recorre la playa en vano, del espigón y su eterno olor a pescado.

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Alberto Corazón

La casa de fuego, obra de Alberto Corazón para la portada de Eñe 24 | Cosecha Eñe 2010. Serigrafía: edición impresa a ocho tintas y en papel traslúcido siliconado —de 50 gramos y 33 x 48 cm— en el Taller Manuel Gordillo.



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