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Me compré un coche
que siempre aparco en la calle. Gano lo suficiente para pagar la hipoteca,
comprar discos en la Fnac y no en el top manta, hablar por móvil sin
restricciones y abonar el parquímetro cada dos horas. Saldría más barato
alquilar una plaza de garage, pero prefiero estacionar fuera. Cada dos horas
suena la alarma de mi reloj para avisarme de que debo bajar a meter un euro a
la máquina. Y lo agradezco. Trabajo ocho horas diarias en la sección virtual de
Interpol. Me dedico a rastrear pedófilos en Internet. Ocho horas saltando de un
hipervínculo a otro en la pornografía más dura, hasta encontrar nuevos sitesdonde divulgan abusos a niños. No se trata sólo del horror de los impúberes,
sino de la complacencia de los sometedores. Cada dos horas salgo a la calle y
demoro algunos minutos en calmar mi pulso lo suficiente para acertar la ranura
por la que debo introducir la moneda. Hasta esta imagen renueva las escenas
atroces que me asaltan incluso al tratar de dormir. No lo comento con el
psicólogo. Me obligaría a dejar el trabajo y quién pagaría las cuotas de
Banesto, de Telefónica, del Mazda. No creo que tenga hijos jamás, cómo
acariciarlos sin pensar en la lascivia de las parejas que ofertan a los suyos.
Con cada número de Eñe se realiza una serie de 50 serigrafías de la obra que el autor ha creado para la portada de la revista. Fernando Bellver puso imagen a nuestra Cosecha Eñe 2006 con esta serigrafía de 32 x 25 cm, numerada y firmada.