Te me fuiste con la inundación. En realidad, con el retiro de las aguas. Yo quedé mirando la tele, los noticieros: no sé cuántos miles perdieron los comerciantes del barrio, tantos árboles se vinieron abajo, tal calle de tal calle a tal otra se quedó sin luz. Pero nadie repara en las mujeres que siempre se lleva la inundación, o en las que se van cuando baja el agua, como vos. La verdad es que no llovió un poco, llovió más que bastante: dos días sin parar. Yo saqué mi pluviómetro de juguete al balcón pero la perra –Loba, no vos, Muriel– lo tiró a la calle y también se lo llevó la inundación. No se podía entrar ni salir del edificio sin empaparse. Llegar a la avenida era hacer turismo aventura.
Te fuiste de noche, desde el balcón, y en el tiempo breve de un cigarrillo, vi tu espera nerviosa al borde de la vereda, vi la mano que para el taxi, vi las dos valijas tragadas por el baúl. Y vos sin darte vuelta ni mirar hacia arriba te metiste en el auto; y el auto arrancó. Tiré el pucho a la calle todavía mojada. Lloré. Como a las cinco de la mañana salí a caminar, iba mirando las alcantarillas y las bocas de tormenta, como echándoles la culpa. Yo –ciego espectador de la función del espiante– todo el santo domingo viendo fútbol y vos haciendo las valijas. Pedí un café con medialunas en un bar que recién abría y después volví al departamento, lentamente calle arriba fumando lentamente.
Me pegué un baño como para sacarme de arriba el domingo a quemarropa. Después, todavía envuelto en la toalla, empecé a escrutar morosamente –morosa, no amorosamente– lo que habías dejado: demasiadas cosas. [...]Con cada número de Eñe se realiza una serie de 50 serigrafías de la obra que el autor ha creado para la portada de la revista. Fernando Bellver puso imagen a nuestra Cosecha Eñe 2006 con esta serigrafía de 32 x 25 cm, numerada y firmada.